Brexit: ¿happy end?

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Brexit: ¿happy end?
Fecha de publicación: 
26 Diciembre 2020
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Boris Johnson y Ursula von der Leyen, durante su encuentro del pasado 9 de diciembre en Bruselas.

Tras cinco años de haberse gestado por la derecha británica y tres y medio de tormentosas negociaciones, en este diciembre finalizó la estadía de Gran Bretaña en la Unión Europea con un acuerdo que ha satisfecho principalmente a la preocupada parte continental y aceptado por Londres.

A sólo minutos del convenio, se levantó el virtual bloqueo en el túnel bajo el mar que comunica a Gran Bretaña con el resto de Europa, y empezaron fluir camiones de gran calado con mercancías importadas y exportadas por Gran Bretaña.

Aunque no de manera oficial se conoce que ambas partes seguirán aunando esfuerzos para combatir a la pandemia del nuevo coronavirus, de la cual ha surgido otra cepa aún por estudiar, en un mal que se agrava por la falta de regularidad en el aislamiento de las zonas afectadas.

El optimismo del Viejo Continente fue enmarcado en la figura de la canciller de Alemania, Ángela Merkel, quien, sin dudas, representa a la nación que encabeza económicamente a la región y que se opuso generalmente a las pretensiones británicas.

El actual primer ministro Boris Johnson siempre ha sido uno de los dirigentes que abogó por el Brexit, desde que era alcalde de Londres y ministro sin cartera en el gabinete del conservador David Cameron. Y su empeño en los últimos tiempos contó con el apoyo del presidente norteamericano, Donald Trump, quien siempre prometió la ayuda de Estados Unidos en las dificultades que se presentaran al respecto.

Johnson, al igual que el ex ministro de Justicia Michael Gove, encabezaron la campaña oficial Vote Leave, que expuso que el organismo europeo imponía muchas reglas sobre los negocios y que la factura anual de contribución por ser miembro era muy elevada, a la vez que Gran Bretaña volviera a tener el control sobre las fronteras del país y redujera el número de inmigrantes que llegan.

Johnson y el resto de los conservadores se impusieron a la agrupación Britain Stronger in Europe, que contaba con el apoyo de Cameron, miembros del Partido Conservador, la mayoría de los laboristas con Jeremy Corbin a la cabeza, los liberaldemócratas, los nacionalistas escoceses (SNP) y los Verdes

Francia, Alemania, China y la India también se mostraron a favor de que el Reino Unido permaneciera en la UE. Sus partidarios alegaron principalmente que formar parte del club favorece a la economía del Reino Unido y también reforzaba la seguridad del país ante la amenaza terrorista.

Estados Unidos también era favorable a la permanencia, pero todo cambió con la asunción de Trump, y, curiosamente, en los momentos que finaliza su mandato, se llega al porfiado y aparente aceptable acuerdo de salida. El presidente estadounidense siempre aseveró que la anterior premier Theresa May era muy débil ante los negociadores del continente, y que Johnson era todo lo contrario.

Hasta la hora de redactar estas líneas se desconocen los detalles finales que permitieron firmar el convenio de salida, en el que una de las cuestiones a debatir era la demanda de Johnson de que Gran Bretaña volviera a controlar sus aguas territoriales y no permitir pesca alguna de naves de otras naciones.

Asimismo, se estudiará la forma de disminuir el impacto del Brexit para el presupuesto comunitario, con un déficit de 5 000 a 17 000 millones de euros anuales.

Reino Unido pasó a formar parte del proyecto europeo en 1973. Cuarenta y tres años después el país británico optó por el Brexit, la palabra que se usa para referirse a la salida de Reino Unido de la UE y resulta de las primeras letras de Britain y exit (salida). También se ha habla de Nexit, en el caso de Holanda, o de Grexit, por Grecia.

David Cameron se comprometió a celebrar la consulta si ganaba las elecciones del 2015 y dar de este modo respuesta a las demandas del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), que en los comicios europeos del 2014 fue la fuerza más votada, y de parte de los conservadores (tories), que estaban divididos ante la cuestión.

El país no se había pronunciado sobre su relación con la UE desde que se realizara un referéndum idéntico en 1975, en el que los papeles estaban intercambiados. Los laboristas abogaban por la salida del ente comunitario y los conservadores por la permanencia.

 

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