La otra guerra de mi abuelo

La otra guerra de mi abuelo
Fecha de publicación: 
21 Junio 2017
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Por ratos su mirada se nubla, el azul en sus pupilas se pone borroso. Ha empezado a rememorar aquel episodio de su vida, cuando también él participó en la lucha contra bandidos. Han pasado tantos años que mi padre ya es un hombre pero las memorias se mantienen intactas.

Mi abuela estaba embarazada y él tuvo que partir. Viviendo en las lomas aquello era inminente. Había que derrocar a quienes procuraban sembrar el terror en los campesinos y en la recién nacida Revolución. No lo pensó mucho, no había mucho que meditar. Conocía aquella zona como la palma de su mano, y sus manos callosas empezaron guiando a los milicianos.

Estuvo cerca de Limones de Cantero cuando el asesinato del joven Manuel Ascunce. Vivió de cerca cada crimen atroz. No entiendo, le pregunto por qué cree que aquellos bandidos llegaron a esos extremos de maldad.

Había mucho odio en esa gente, hija. Esa es la única explicación.

A duras penas mi abuelo llegó a cuarto grado. En su cabeza octogenaria todavía no existen porqués de consuelo, mirando la serie LCB: La otra guerra, dirigida por Luberta y que trasmite la televisión cubana, se conmueve y me cuenta que la realidad fue mucho más cruda, crudísima.

Algunos de los que se unieron a Julio Emilio Carretero yo los conocía. Eran campesinos de la zona, éramos como familia hasta que ellos tomaron otro camino.

De a oídas supo que el ahorcamiento del joven brigadista fue cuando estaba casi muerto pero en detalles no conoció de las catorce heridas punzantes y de las contusiones en sus órganos genitales. No reparó, mi abuelo, ni el cabecilla en el dolor sempiterno de la madre, Evelia Domenech y muchos años después tuvo la oportunidad de conocerla personalmente. Allí entendió cabalmente su sufrimiento.

Cuando habla de aquel crimen, las palabras le salen entrecortadas y no puedo sino imaginar su dolor, porque muchos compañeros también cayeron en el intento de derrocar a aquellos nuevos enemigos.

Aquellos eran peores que los otros enemigos. Es muy difícil entender cómo una persona primero es un ser querido y después otra cosa.

Porque la vida se trata de elecciones, abuelo, algunos no escogen el trayecto correcto. Los años se encargan luego de demostrarles cuán bien o mal lo hicieron. La historia no enaltece a los vencidos, se encarga de exaltar a los que militaron en el bando de los buenos.

Como dijera el investigador Eduardo Vázquez: No existe argumento de los vencidos que sea capaz de borrar ni una sola de las puñaladas que le dieron al alfabetizador Manuel Ascunce Domenech, de 16 años. Pero también ahorcaron a Pedrito Blanco, otro alfabetizador de 13. La realidad es muy dura. Tarea muy difícil para quienes no quieren ver.

 

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