Gustavo Sánchez Galarraga, su alma en cada poema

Gustavo Sánchez Galarraga, su alma en cada poema
Fecha de publicación: 
21 Abril 2024
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«He podido complacerme con las promesas de su ingenio, y solazarme con los aciertos de su talento poético en plena madurez… Al considerar su actividad infatigable, al ver cómo su voz se ha ido elevando y afinando, me he cerciorado de que era usted un poeta. Pocos entre nosotros han logrado serlo tan exclusivamente».

A este criterio del maestro Enrique José Varona sobre Gustavo Sánchez Galarraga se unió el de Dulce María Loynaz, quien dijo del bardo: «Milagro de poesía, amigos míos… y milagro de poeta (…) sobre el cual dirán otras generaciones la última palabra».

Esa preferencia también estuvo en el español Francisco Villaespesa, al afirmar: «Gustavo Sánchez Galarraga es el más grande de los poetas jóvenes que conozco».

Bohemio incurable, el habanero Gustavo Sánchez Galarraga escribió obras de diversos géneros que en su tiempo alcanzaron gran popularidad.

Cuando la vida pasa

Su primer poema apareció en el diario Cuba. En 1915 fue laureado en los Juegos Florales (Güines) y en la Academia Nacional de Artes. Uno de sus más sentidos poemas es el titulado A un árbol:

Yo no sé si hay un alma misteriosa
en todo ser, pero la voz arcana
del corazón me grita; cada cosa
pide un poco de amor…
                                  La gota emana
que filtra el muro que manchó la hiedra:
el árbol secular que da al viajero
música, sombra y paz;
                             la tosca piedra
que hizo temblar tu pie sobre el sendero:
el sol, la fiera, el céfiro, la rosa,
el ruiseñor de líricas escalas,
hasta la linda y tenue mariposa
que sacude un crepúsculo en sus alas,
todo demanda amor, y todo sella
una súplica unciosa, eterna y santa,
que desde el polvo oscuro se levanta
hasta el fleco lejano de la estrella.

Como reparte el vencedor su palma,
pon, hermano, con ansia fervorosa,
el alma de tu amor en cada cosa,
y en cada cosa encontrarás un alma.

Concibió el argumento de reconocidas zarzuelas como María la O, Rosa la China, Flor del sitio y El cafetal. Los libretos de La mujer de nadie, El maizal, Julián el gallo, sin olvidar el cuento lírico El recluta del amor, el sainete en un acto La despalilladora, la opereta bufa La guaracha musulmana y la opereta revista Lola Cruz, las que, con música de Ernesto Lecuona, se escenificaron con notable éxito.

Entre las canciones populares creadas por Lecuona, nacidas de obras poéticas de Sánchez Galarraga, están las tituladas Bajo el claro de luna, Por allá se ha ido, Vestal, Ya sé que me olvidaste y Desengaño.

El trovador Graciano Gómez fue otro de los autores que gozó de la amistad de Galarraga y se vinculó artísticamente a él. Le musicalizó los poemas Yo sé de una mujer o Flor de pantano, Lección de piano y En falso.

A mi pecho oscuro
Asoma tu rostro.
¡Oh, mujer que fuiste
Mi lejano amor!,
Para ver curiosa
Si es que está cerrada
La herida que abriste tú
En mi corazón.

Contempla la herida,
Pero no la toques
Con tu mano blanca
Cual lirio de abril,
Mira que hay heridas
Que cierran en falso
Y si alguien las toca
Se vuelven a abrir.

 
El poema musicalizado Yo sé de una mujer tuvo distintos intérpretes, con destaque para Barbarito Diez; muchos años después lo cantaron Pablo Milanés y el tresero Pancho Amat, quien la grabó como La flor en el pantano. Conocimos que el trovador Tony Ávila la toma como motivo para una hermosa obra de su inspiración.

En su interesante libro Literatura y poesía en la trova cubana, Guillermo Rodríguez Rivera planteó: «Creo que la cultura cubana le debe un reconocimiento a este poeta de corte popular que escribió los textos de algunos de los grandes boleros que los cubanos cantamos, casi siempre sin saber que las palabras son suyas».

Entre los poemarios de Galarraga están La fuente matinal, Lámpara votiva, La barca sonora, El jardín de Margarita, Copos de sueño, Motivos sentimentales, Excélsior, Cancionero de la vida, Flores de agua, El remanso de las lágrimas, Oblación, Tríptico heroico, Mirra ardiente, Cancionero español, Humo azul, Tono menor, Senderos de luna, Canto a la mujer cubana, Horas grises, Huerto cerrado, La ciudad maga, Palabras dolientes y La copa amarga.

Hizo comedias y dramas como La verdad de la vida, La vida falsa, El mundo de los muñecos y La sacrificada. También tragedias como Los hijos de Herakles, el drama social Carmen, los juguetes cómicos La máscara de anoche y Compuesta y sin novio. Estuvo entre los fundadores de la Sociedad Pro Teatro Cubano. Años más tarde, con Ernesto Lecuona, dio vida a la Compañía Hispano Cubana de Autores Nacionales.

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