De Guatemala a Guatapeor: Y en eso llegó la OEA

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De Guatemala a Guatapeor: Y en eso llegó la OEA
Fecha de publicación: 
1 Diciembre 2020
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Preocupado el proimperialista Luis Almagro y todos los que manejan a la Organización de Estados Americanos (OEA) por lo que está pasando en Guatemala, donde la brutal represión a pacíficas demostraciones antigubernamentales, provocó hasta el asalto e incendio por airados manifestantes de la sede de un Congreso tan espurio como el desprestigiado y corrupto presidente Alejandro Giammattei.

La OEA, que sigue aumentando su desprest6igio ante los ojos latinoamericanos, ha recibido regaños del Imperio por no haber ayudado a evitar la caída de regímenes como Macri en Argentina y el de facto golpista en Bolivia, amén de los que se tambalean en Chile y Ecuador.

En el caso de Guatemala, colaboró en la propaganda contra la socialdemócrata Sandra Torres triunfadora en la primera vuelta de unas elecciones en las que Giammattei apenas obtuvo el 15% de los votos, pero los otros partidos de derecha se unieron para hacerlo triunfar en la segunda sobre una mujer a la que le hicieron una campaña del miedo, acusándola falsamente de tener ideas marxistas. Allí sí estuvo presente la OEA ayudando a fortalecer la alianza criminal que funciona en las cortes, en el sistema electoral y dentro del Ejecutivo, lo cual manipuló la elección e hizo quedar al final la opción que significó una continuación del proyecto de impunidad.

Giammattei es realmente un gallo viejo en política, pegado siempre a donde haya dinero, por lo que apenas se limitó a gobernar para el país, cometiendo errores en el tratamiento a la pandemia de la COVID-19 y entronizando un neoliberalismo con sus secuelas de entrega de las riquezas públicas a manos privadas, el desempleo y hasta el hambre en una nación muy productiva agrícolamente y que tiene uno de los mejores crecimientos económico en la región centroamericana.

Ahora, la OEA, el Imperio y todos los acólitos de la derecha están envueltos en conversaciones para evitar el resquebrajamiento de su poder, e incluso se menciona la renuncia del impopular mandatario para tratar de aplacar a la airada masa. Historia lejana, pero cercana.

En Guatemala, salvo el ya lejano gobierno revolucionario de 1944-54, nunca hubo una propuesta gubernamental de izquierda. El retorno de esta “democracia” en 1986 marcó, en todo caso, la salida de los militares de la primera línea del espectro político. Pero nunca algún gobierno tuvo posiciones de izquierda, ni castrenses, ni civiles. Desde la llegada del anterior presidente, Jimmy Morales –quien también derrotó a Sandra- todo el accionar se volcó hacia la ultraderecha.

Con ese mandatario, al que apellidaron correctamente “Inmorales”, se vio un retroceso a posiciones que parecían ya superadas, aquellas que tuvieron lugar durante los peores años de la guerra contrainsurgente. Todas las administraciones que, luego de interminables años de generalato durante la guerra, continuaron a la iniciada en 1986 con Vinicio Cerezo, fueron de derecha. Impunidad y corrupción siguieron siendo práctica cotidiana, tanto en la forma de hacer política (con la llamada “clase política”), como en el mundo de los negocios. Empresariado, políticos mafiosos y militares –en todos los casos con la venia de la omnipresente embajada de Estados Unidos– continuaron sin variantes su dominación de clase.

El supuesto voto popular no modificó en nada todo este panorama. Y es que Guatemala, más allá de la administración política de turno, continúa siendo un “país bananero”, con un capitalismo periférico agroexportador, con elementos socioculturales aún de cuño semifeudal, casi medieval. Desde “Inmorales” y ahora con Giammattei la situación política se derechizó aún más, porque los sectores que detentan el poder: empresariado –con negocios tradicionales y nuevos negocios “calientes” (narcoactividad, contrabando, crimen organizado)– defendido por la casta militar y asegurada por la legislación de una clase política corrupta, cerraron filas, al verse cuestionados por la protesta popular. Corrupción e iimpununidad están hondamente enraizadas en la cultura histórica de la sociedad.

Los latifundistas, los empresarios, los políticos de profesión, los mandos militares, todos son exponentes de ellas en su accionar. Cambiar todo eso con manifestaciones puede ser una quimera, pero ya el Imperio se moviliza, acude a la OEA y otros entes de “conciliación” para que no se repita victoria popular alguna.

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