Perú: Izquierda sin asumir

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Perú: Izquierda sin asumir
Fecha de publicación: 
17 Noviembre 2020
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En el caso de Perú, el papel de las fuerzas progresistas, esas que debieran estar al frente de las demandas populares, suena como un remedo de este canto español:

―De la izquierda, ¿qué?

―De la izquierda, ná.

―Pues no dicen qué…

―Dicen, pero cá.

Y es que no estamos en los tiempos de Mariátegui, ni en los momentos de la asonada militar de vanguardia que llevó a una oficialidad de avanzada al poder.

La gente que ha estado en las calles de varias ciudades, desafiando la violencia policial, principalmente en Lima y Cajamarca, no es, en su mayoría, partidaria del sustituido presidente, Martín Vizcarra, sino una oposición a que se rompa el orden constitucional, a solo cinco meses de las elecciones presidenciales, con tal efectividad, que logró que el propio Congreso sustituyera a su impopular jefe, Manuel Merino, y al gabinete que había nombrado con figuras indeseables, como un primer ministro con antecedentes fascistas.

En las actuales manifestaciones contra el mayoritario poder de la derecha congresional que hizo caer por presunta corrupción a Vizcarra, lo más notorio de esa izquierda fue la oposición de sus 19 integrantes a una medida aprobada por 105 legisladores ―unos 60 con causas pendientes con la justicia― por el apuro de algunas corporaciones locales y extranjeras de eliminar cualquier obstáculo a sus ansias de explotación.

Sin dudas, es el momento propicio para que las diversas facciones de la izquierda actúen de conjunto y hagan un papel responsable y de no limitarse a apoyar al «menos malo», como cuando apoyó al millonario Pedro Pablo Kucynski (conocido como PPK) para lograr la derrota de Keiko Fujimori, cuya mayoría parlamentaria fue eliminada posteriormente por comprobados delitos de soborno.

Esto fue develado en los casos respecto a una empresa brasileña, conocidos como Lava Jato (Lava la Cara), que también fueron aprovechados por la reacción internacional para implicar a personas inocentes y eliminarlas del escenario político, como a Lula.

La izquierda se sumó a las manifestaciones de las masas indignadas, encabezadas por la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) y demás organizaciones sociales y populares, con la participación de muchos jóvenes.

Así se expresó la condena y repudio a la administración neoliberal de PPK y al fujimorismo liderado por Keiko, para exigir que el presidente mentiroso y corrupto renunciara y que el indulto a Alberto Fujimori fuera anulado. Se constituyó el Comando Nacional Unitario de Lucha (CNUL), como un paso importante para impulsar y centralizar las acciones de las masas, pero este no era un frente político ni tenía programa alguno.

Luego, la izquierda apoyó al vicepresidente Martín Vizcarra, cuando este tuvo que dejar su placentero puesto de embajador en Canadá para sustituir a PPK, su compañero de partido.

Ahora bien, frente a la crisis generalizada de la clase social que detenta el poder y el gobierno, como la que determinó la caída de Kuczynski y su reemplazo Vizcarra, la política de este tuvo rasgos populistas y lo acercó algo a las masas, pero en realidad era la continuación de su antecesor. Con la pandemia de la COVID, se agravó aún más la crisis, en detrimento de los trabajadores y de las grandes mayorías.

Y es que falta una respuesta política, con un frente integrado por todos los partidos que dicen ser de izquierda que levante la causa de las clases desposeídas, con un programa de gobierno alternativo al modelo neoliberal, para ofrecer al pueblo un proyecto de verdaderos cambios y una gran transformación que la situación actual requiere.

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