Dictado obsoleto: Los tiempos cambian

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Dictado obsoleto: Los tiempos cambian
Fecha de publicación: 
15 Agosto 2020
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Maltrecho económicamente por una epidemia egoístamente manejada y que está costando decenas de miles de vidas, el gobierno de Donald Trump sigue amenazando a tirios y troyanos para mantener un estado de guerra perenne que incremente la ganancia militar a costa de la vida ajena y de sus propios soldados.

Y aunque habla constantemente del retiro de sus tropas en tierras ajenas, no acaba de hacerlo en Afganistán, sigue fortaleciendo sus bases en Iraq, incrementa los enclaves alrededor de Rusia y envía barcos de guerra al Mediterráneo, el Mar del Sur de China y el Caribe, amenazando con una agresión militar a Irán, China y Venezuela.

Pero las cosas no son como antes, y la consecuente política de China y Rusia, así como la decidida acción de países más pequeños coinciden en revelar que ya el mundo no es el mismo de antes. 

A ello se agrega que aumentan las tensiones entre Occidente y un antiguo aliado de Estados Unidos, Paquistán –que es un país nuclear- y, como el régimen afgano se tambalea, a Washington no le ha quedado más remedio que negociar con los talibanes, con el fin de ganar tiempo y lograr salir del atolladero.

Los dirigentes iraníes han indicado que la alianza occidental, en vez de llevar a cabo los planes terroristas de Estados Unidos, debería ayudar a financiar la reconstrucción de la economía afgana, destinando el 25% de sus gastos militares en el país de forma anual durante la próxima década.

Inútiles han sido las sanciones contra Irán, en las que ha tenido protagonismo Israel, que, sin presentar pruebas, ha asegurado que la nación persa está avanzando en la fabricación de una bomba nuclear que cambiaría el equilibrio regional de poder.

ASUNTO COREANO

Y aunque el tema coreano ha estado abandonado por estos tiempos por la prensa occidental, lo cierto es que Estados Unidos sigue influyendo para evitar al acercamiento entre el Sur y Norte de Corea, que, de realizarse, haría obsoleta la presencia de tropas y bases militares norteamericanas en la parte meridional de la península.

Y aunque Trump accedió a entrevistarse con los líderes de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), todo obedece a una propaganda para tratar de hacer ver lo que no es realidad, porque el poder militar norteamericano sigue empeñado en un ataque repentino al Norte.

Ello obedece al espíritu revanchista vigente en una administración que trata de reelegirse, es responsable de la infección y muerte de una gran parte de su pueblo y trata de hacer pagar a Pyongyang la derrota que sufrió hace 67 años en la guerra de Corea.

Los pretextos para el belicismo norteamericano son muchos, ninguno válido, pero forman parte de una acción destinada a llevar su maquinaria de guerra a esa región, basándose en la política que lleva a cabo tras los ataques del 11 de septiembre del 2001 al World Trade Center, en Nueva York, y el Pentágono, con muchos puntos oscuros en la explicación oficial.

Desde entonces atacó Afganistán, asesinó a miles de afganos, destruyó los recursos naturales y desestabilizó al país entero. Desarrolló la doctrina militar del ataque preventivo y ocupó a Iraq, al que definió, junto a Irán y la RPDC, como el "eje del mal". Tachó al gobierno norcoreano de "régimen terrorista" y, según The New York Times, el Pentágono –como señalamos antes- ha desarrollado planes secretos para un posible ataque militar contra territorio norcoreano.

De esto último se ha escrito mucho, aunque ahora habría que añadir que los tiempos cambian, los pueblos se preparan para responder y los halcones del Pentágono no tienen un camino fácil para cumplir un cometido tan abyecto.

 

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