Víctor Manuel: El paisaje en el corazón

Víctor Manuel: El paisaje en el corazón
Fecha de publicación: 
14 Abril 2024
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Su figura delgada se adentraba cada día por las calles de la Habana Vieja, que llegó a conocer palmo a palmo. Caminaba sin prisas y en sus manos llevaba con celo lo que entonces constituía su mayor tesoro: los cartuchos con pomos de pintura; sus pinceles, que dieron vida a famosas obras de nuestra creación artística. Gozoso se dirigía a su estudio a pintar paisajes de serena belleza y, en especial, criollas de mirada nostálgica.


Mestiza

El poeta y escritor Lezama Lima, al evocar a Víctor Manuel, afirmó que era «uno de nuestros misterios, y por eso conocía las misteriosas cien puertas de la ciudad».

Nuestro Nicolás Guillén expresó que en la obra de Víctor Manuel «se aúnan el hallazgo plástico de lo criollo y lo nacional, y su expresión más exigente, en una síntesis de motivaciones y recursos que solo a un poderoso artista le es dable ofrecer».

No falta el juicio de Guy Pérez Cisneros en su libro Estrategias de un crítico:

«Con su concepto algo finisecular de la belleza —arte por arte, pintura pura—, Víctor Manuel cree vivir por el arte, sin sospechar que no se vive verdaderamente por el arte sino cuando se vive por otra cosa. Esto lo conduce a la obra digna y sólida como un teorema; a la obra inmóvil y eterna, nunca vieja, nunca decrépita, pero tampoco nunca joven, nunca excesiva, nunca capaz de morir».


Vista de una calle, 1936

Comienzos de una historia

Se llamaba Manuel García y había nacido en 1897 en un populoso barrio. Desde pequeño sintió atracción por la pintura. En 1913 matricula en la Escuela de San Alejandro. Aprende lo fundamental con el pintor Leopoldo Romañach y realiza su primera exposición personal en Las Galerías.

Viaja a París en 1925 y sus ojos se deslumbran con la capital, donde visita galerías, museos; establece comparaciones, se impregna del ambiente capitalino. Dos años después, a su regreso a la Isla, sería la eclosión, pero también la ruptura con los cánones ya polvorientos, envejecidos de un clasicismo que aún se aferraba a la vida y que, sin embargo, expiraba. Exhibe en la Exposición Arte Nuevo, realizada en La Habana con el auspicio de la Revista Avance.

Desde Europa, el artista traía un aliento vivificador a la plástica cubana del siglo XX. ¿Rebeldía? ¿Reacción contra el oficialismo? ¿Necesidad de expresar lo cubano desde una óptica distinta? Lo cierto es que sus búsquedas cuajan, ¡y de qué manera!

Se ha hablado de la influencia de Gauguin en su pintura, sin embargo, si la asimiló, supo liberarse de ella, porque los rostros ovalados de contenido silencio se alejan del exotismo.


Paisaje con parejas, 1943

Sus criterios

Víctor Manuel opinaba: «El arte moderno tiene muchas cosas buenas, siempre cuando se trata de Braque, Picasso. Si la obra está bien realizada, no importa de qué movimiento sea; si de vanguardia, si moderno. La pintura tiene que definirse buena o mala».

Una de las particularidades de su creación está en su forma de apresar el paisaje. Viaje detenido por sitios y momentos: ríos, atardeceres, flamboyanes, palmas, calles tamizadas por la luz cubana, esa luz que él descubre y entrega, desde una elaboración muy personal.

Decía: «Me gusta imprimirle al paisaje cubano brillantez, pero eso no tiene que ver que pinte un gris, si el día es gris. En blanco y negro se puede también hacer un paisaje maravilloso».

De una Gitana tropical

La Gitana tropical es su cuadro más famoso y celebrado. Mucho se ha hablado de esta mujer que aún mantiene su lozanía. La pintó en 1929, en París. Se trata de una mulata a la que puso ojos rasgados de india de Perú o México. Es sí, en especial, síntesis de razas, de las que pueblan América.


Gitana tropical, 1929

Final

En La Habana, escenario principal de su vida, falleció el pintor el primero de febrero de 1969. Prefiero imaginarlo por La Habana Vieja, con su cartucho lleno de pinceles y pomos de pintura rumbo a su estudio. Su obra crece con el tiempo, plena de resonancias poéticas, en nuestra plástica.

Con motivo del centenario de su nacimiento, en 1997, el Museo Nacional, Palacio de Bellas Artes, organizó una muestra con 25 obras del relevante autor en el Memorial José Martí, en la Plaza de la Revolución, con temáticas de su pintura: paisajes, retratos, figuras de mujer y varias naturalezas muertas.


Autorretrato de Víctor Manuel

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