Lo que pasa cuando llega la papa

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Lo que pasa cuando llega la papa
Fecha de publicación: 
5 Abril 2016
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La llegada de la papa a los agromercados en Cuba se ha convertido en los últimos años en un gran acontecimiento social. La gente espera esa vianda como algo bendito, divino, como si en ella estuviera la solución a muchos problemas.

 

No es una exageración, bueno, no podría asegurar cómo se comporta la distribución y venta de la papa en todas las provincias cubanas, pero en lo que es La Habana, la capital, ciertamente es un suceso memorable.

 

papas en tierra

 

De hecho, hace un par de semanas, precisamente durante los días de la visita del presidente Obama a Cuba y del concierto de los Rolling Stones en la Ciudad Deportiva- dos noticias que recién nos volvieron centro mediático del mundo- hubo quien le puso mucha más atención a la espera y llegada de la papa al mercado que al impacto internacional de esas personalidades que se encontraban en nuestra isla. Y no fue cuestión de apatía o ignorancia de los cubanos, sino de prioridades domésticas. “Existo, luego pienso”.

 

Enseguida que la papa aparece uno empieza a escuchar a los vecinos que se avisan unos a otros. “¡Oye, fulana, hay papa en el agro, apúrate que todavía no se nota la cola!” Por allá la otra le responde: “Márcame, que voy con mi marido enseguida…” y así, la gente deja lo que esté haciendo y va volando en busca del preciado tubérculo, con la ilusión de regresar antes de la hora de la comida para agregar al menú unas papitas fritas.

 

Las colas en las tarimas son de lo más pintoresco. El cubano saca conversación fácilmente de cualquier tema. Todo el mundo está allí por un objetivo común: la papa, pero mientras transcurre el tiempo para llegar a la pesa la gente habla de los más disimiles tópicos: lo último que llegó a la bodega, que si abrió el rastro de materiales de construcción de nuevo, del cambio climático que nos ha puesto a sudar y todavía apenas comienza abril, del aumento del turismo hacia Cuba, la compra- venta de casas, alguna rebaja en la TRD de la esquina… en fin.

 

Sin embargo, detrás de esta imagen que a muchos les parece exótica, hay bastantes quejas de los clientes, inconformidades que parecen ser eternas, tristezas que salen a relucir cuando mucha gente desea lo mismo y cuando unos pocos se creen con la autoridad de decidir por los demás.

 

papas en pesa

 

Me pregunto de dónde salió la idea de limitar a 10 libras por persona la venta de papas. Ya sé que quieren combatir el acaparamiento de mercancías, pero los revendedores seguirán existiendo mientras el abastecimiento oficial no sea capaz de satisfacer las necesidades de la población. Si hubiera diversidad y cantidad de productos suficiente la gente no tendría que sacrificarse y pagar una bolsita con dos o tres papas en 25 pesos. Yo hasta escuché de quienes la llegaron a pagar en 60 pesos, cuando el precio oficial es 1 peso cubano por libra.

 

Pero el problema es que la mayoría de los que vamos al agro somos trabajadores y no tenemos tiempo de hacer una larga fila varias veces a la semana para conseguir papas para toda la familia. Tiene que haber otra manera de controlar el tráfico de papa o de lo que sea, pero no afectando a los clientes que sí queremos comernos las papas en casa en lugar de revenderlas.

 

Por suerte para mí esta última vez estuve en un agro en Playa donde, no sé si es que estaban locos por liberar las tarimas y salir ya del lío de la papa, pero permitieron comprar varias bolsas, supuestamente de 10 libras cada una.

 

Incluso me alegró saber que en estos días de venta de papas los trabajadores del agro permanecieron con el local abierto hasta después de la jornada laboral. “Qué solidarios”, pensé.

 

Sin embargo, mientras hacía la cola, hubo algo que me molestó bastante y creo que fue debido al calor y a las ganas tremendas de terminar ya aquella odisea que no protesté ni dije nada. Junto a la tablilla de precios había un cartel muy explícito que decía “NO SE ESCOGEN PAPAS”.

 

“Pero ¿y esto que cosa es?”; “Qué falta de respeto, ahora seguro nos tacan una pila de papas podridas o chiquiticas”; “Qué barbaridad”… decían algunos, otros ni cuenta se dieron del cartel ni de su mensaje al público. Qué mala suerte no haber tenido un celular o una cámara en ese momento. Cuando volví un par de días después ya lo habían borrado, supongo que alguien con sentido común se percató de que eso era una violación a los derechos de los consumidores.

 

papas

 

 Puedo comprender el estrés que genera la papa en los trabajadores del agro, pero eso no puede ser un problema para nosotros, los clientes. Si ellos quieren terminar rápido, eso no tiene que ver con nuestro derecho a escoger y requete escoger las papas que queramos. Todos deseamos agilizar ese proceso, pero no tenemos por qué vernos afectados en nuestra compra, que para eso la estamos pagando.

 

Afortunadamente en mis bolsas no cayó ninguna papa mala, pero igual me quedé con ganas de escogerlas. La otra molesta noticia fue cuando llegué a casa y comprobé el peso. Cada bolsa que debía tener 10 libras, marcaba entre 8 y 8 y cuarto. La verdad es que ya me había quedado sin ánimos para regresar y además, ya estaba bastante lejos del agro. El calor y las ganas de escapar a comer mis papas fritas me hicieron obviar la pesa de comprobación. Pero luego recordé que muchas veces en ese y otros agros la pesa ha estado sin funcionar o no hay un responsable que nos compruebe el peso.

 

A algunos les puede parecer insignificante la diferencia de 10 ó 12 pesos cubanos que era más o menos lo que me habían “tumbado” entre todo lo que compré para mí y mi familia. Si sumamos todos los clientes que fueron ese día al agro y probablemente sufrieron el mismo desengaño, cuántos cientos de pesos no habrá absorbido para su  ventaja ese vendedor o vendedora.

 

El asunto ya no es de cantidad de dinero o de libras de papas. Hasta cuándo la gente del agro y demás comerciantes con una pesa delante nos seguirán cobrando por lo que va a sus bolsillos en vez de a nuestra despensa. Y hasta cuándo nosotros, como clientes con derechos, estaremos permitiendo eso.

 

Pero como les decía, hace tanto calor por estos días, que uno prefiere olvidar o creer que olvidamos los problemas y preferimos concedernos algunos momentos de tranquilidad. Es entonces cuando busco en mi viandero, escojo algunas papas, las lavo y me dispongo a preparar alguna receta que combine con esa vianda que siempre ha sido bienvenida en la dieta del cubano: una tortilla de papa, una carne con papa, un picadillo, una ensalada de papa calabaza y huevo, un puré de papa con mantequilla, papa rellena, o las clásicas papitas fritas con kétchup y queso por arriba.

Casi todas estas comidas son bastante calóricas, pero bueno, para una o dos veces al año que viene la papa al agro, creo que vale la pena darse el gusto. Usted, asegúrese de comprar sus papas como debe ser y luego disfrútelas.

 

papas fritas

 

 

 

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