Honores cubanos a Bob Marley

Honores cubanos a Bob Marley
Fecha de publicación: 
1 Noviembre 2011
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Este año se recuerda el 30 aniversario de la muerte de Bob Marley, el artista que puso a Jamaica en el mapa y se convirtió en el más importante exponente de la música reggae y profeta de la cultura rasta. Una fecha que se conmemora en las cuatro esquinas del globo, especialmente en su país natal, con grandes conciertos y homenajes que continúan dándole gloria al artista de dreadlocks y la bandera tricolor.

 

Cuba, como debe ser, se sumó recientemente al tributo en honor al autor de Get up, stand up, con un concierto que reunió sobre el escenario del habanero teatro del Museo Nacional de Bellas Artes a intérpretes locales y canadienses, nómina que tuvo a la cabeza al baterista cubano Ruy López Nussa junto a su proyecto La Academia y el cantante canadiense de origen jamaiquino Paul Everton.

 

Desde hace algún tiempo se viene haciendo habitual que algunos autores versionen desde distintos estilos temas de íconos de la cultura popular mundial. Ahí están, por ejemplo, canciones emblemáticas de íconos del rock, el reggae y el pop, facturadas con un menú sonoro a golpe de bossa nova, techno, salsa, funk… un trabajo que a veces ensombrece las obras originales y que, en otras, les inyecta una nueva dosis de vitalidad y vigencia.

 

En el homenaje cubano al autor de Get up, stand up, se dejaron escuchar versiones de varios de sus himnos con un empaque sonoro que tomó como base la música popular insular.

 

Así, llegaron temas clásicos de su repertorio como Could you be loved, No woman no cry, It shot the sheriff, One love, y Three Little Birds, arropados por una fórmula musical que tuvo como principal obstáculo el escaso diálogo que suscitó entre la música popular cubana y la riqueza de los elementos del reggae. Lo anterior atentó contra las expectativas de una buena parte del público y, sin dudas, pasó como uno de los puntos débiles del concierto.

 

Con todo, el espectáculo se convirtió en un inédito tributo de la cultura cubana al líder de The Wailers, una iniciativa que se debería retomar en el futuro para continuar impulsando conciertos en su honor, tanto en teatros como al aire libre, en los que intervengan además embajadores cubanos del reggae. 

 

Es cierto, también, que cualquier tributo a Marley trasciende el plano meramente musical porque se trata de una figura que alcanzó desde antes de su muerte el estatus de símbolo cultural y político. En cualquier caso, cuando se impulsen proyectos como este, se debe echar mano a la proyección de imágenes y documentos históricos que contribuyan a acercar con naturalidad su espíritu, su pensamiento y el alcance mundial de su legado, que sigue proyectando una intensa y resplandeciente luz hacia las cuatro esquinas del orbe.

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