Haití, aún más caos

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Haití, aún más caos
Fecha de publicación: 
17 Junio 2021
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En los últimos meses, Haití se enfrenta a un dramático aumento de la violencia de las bandas armadas. | Foto: EFE

Mientras el mal gobierno contempla tranquilamente el caos que se extiende de Puerto Príncipe, la capital, a otras regiones del país, bandas armadas pululan por doquier en busca de botín y la obtención de mayor territorio para sus acciones ilícitas, hecho que tienen sus principales víctimas en una población civil que huye de barrios enteros y a mujeres y niñas, objetos de continuados abusos sexuales.

En los últimos meses, Haití se enfrenta a un dramático aumento de la violencia de las bandas, caracterizado por un importante incremento de los ataques armados contra civiles, guerras entre pandillas, asesinatos, robos, violaciones y secuestros en todo el país.

Inútiles han sido los llamados de Naciones Unidas para que las partes involucradas en la violencia dejen llegar la ayuda humanitaria, desconociéndose hasta ahora el número de personas muertas o heridas a causa de la violencia.

Ello no ha impedido que la oposición hable sobre la necesidad de unirse para luchar contra un gobierno que se mantiene ilegalmente en el poder, acusado de prácticas corruptas y cuyas cabezas más visibles constituyen parte de la élite millonaria que reina sobre la paupérrima nación.

Una responsable de la ayuda humanitaria, Jocelyne Colas Noel, se encontraba este martes 15 junto a los refugiados de Martissant, un barrio pobre en la entrada sur de la capital, quienes están desprovistos de todo lo esencial y precisan la mayor ayuda posible.

Allí, cerca de 2 500 personas tuvieron que huir de sus casas en medio de los enfrentamientos entre grupos armados por el control de Martissant, que une a Puerto Príncipe con los departamentos del sur.

En el bulevar Toussaint Louverture, que conduce al Aeropuerto de Puerto Príncipe, una banda armada atacó un concesionario de automóviles.

Los enfrentamientos, ocurridos en las zonas de Fontamara y Martissant, también resultaron en el incendio de numerosas casas y negocios y obligaron a miles de personas a refugiarse en otros lugares. Este tipo de acciones se han extendido a otras zomas del país.

CADA VEZ MÁS VULNERABLE

El país más pobre de América, castigado durante décadas por la inestabilidad política, social y económica, así como por los desastres naturales que cíclicamente golpean la isla, vive estos días una compleja crisis que hace más vulnerable a la población y le impide cubrir con dignidad sus necesidades más básicas. 

Además de las consecuencias generadas por la Covid-19, Haití está haciendo frente en las últimas semanas a un pico de tensión y violencia que está causando enormes sufrimientos y desbarata los poquísimos esfuerzos que se vienen haciendo por recuperar un tejido social y económico que dé respuesta a las necesidades de los tres millones y medio de personas que se encuentran en situación de crisis alimentaria.

Como explica un dirigente de una organización no gubernamental, Xavier Adsarà, “la caótica situación actual es consecuencia del descontento social generalizado a causa del hambre en el país, la falta de empleo y de ingresos mínimos para poder cubrir la alimentación, la educación y gastos de salud de las familias, así como por unas condiciones de vida extremadamente precarias, lo que contrasta con una riqueza concentrada en unos pocos en Haití. La clase política está siendo incapaz de empatizar con los verdaderos problemas de su gente, que principalmente sufre hambre, miseria y hartazgo por los problemas históricos que Haití arrastra desde hace décadas”.  

Y mientras el caos crece y se expande, siguen desencadenadas las tensiones políticas, donde la oposición reclama la dimisión en Haití del presidente del país, Jovenel Moïse, debido a que ya finalizó su mandato oficial, pero éste se niega a dejar el cargo. El giro autoritario del gobierno y su controvertida reforma constitucional para perpetuarse en el poder han producido un estallido entre la población.

“Las autoridades del gobierno y su policía son incapaces de cortar este creciente clima de inseguridad social –continúa Xavier Adsarà–, ante bandas organizadas que controlan los suburbios de la capital y están mejor armadas que la propia policía local”.

Las comunidades religiosas y las mujeres y niñas son víctimas fáciles de los secuestros, que los sufren con mayor frecuencia que los hombres… Y los asaltos sexuales están aumentando por momento.

 

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