El Club Antiglobalista: Las vacunas anti Covid 19 ¿Tercera Guerra Mundial?

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El Club Antiglobalista: Las vacunas anti Covid 19 ¿Tercera Guerra Mundial?
Fecha de publicación: 
8 Octubre 2020
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El estudioso de la geopolítica Alfredo Jalife destaca como una de sus tesis fundamentales el hecho de que los dueños del sistema tienen plena conciencia de la fecha de caducidad del capitalismo especulativo, también llamado de rapiña o parasitario. La lógica ha sido la misma desde la conquista de América: la extractiva, o sea de robo de recursos basado en la fuerza,
tratados onerosos (como los del mal llamado libre comercio) y a través de los sistemas de préstamos bancarios que generan deuda externa y subordinación. Conscientes de que el crecimiento del mercado alcanzó su tope, los especuladores saben que no habrá mayor respaldo para seguir con el juego de las acciones bursátiles en una economía que comenzaría su recesión global. Este fenómeno tiene su expresión en cuanto a recursos cuando se habla de la crisis de los hidrocarburos, que como el resto de los productos, tienden a agotarse, sin que la causa de ello sea otra cosa que su desigual derroche a manos de unos pocos seres humanos, en demérito de la mayoría.

En el nuevo mundo, con una manera nueva de comercio y un mercado en las mismas manos, no todos entrarían a formar parte de la condición de ciudadanos con derechos, sino que el desarrollo, las oportunidades brindadas por la cuarta revolución industrial, beneficiarían a una mínima élite. Al punto de que se habla de las llamadas Ciudades Estados inteligentes del futuro, unos puntos de civilización en medio de un mundo abandonado a su suerte y a la barbarie. Lo anterior se entiende cuando veamos que, tras la muerte del sistema neoliberal financiero, los poderes tenderán primeramente hacia una regionalización de los recursos, donde seguiría existiendo el liberalismo, a la vez que se someten a la nada a aquellas zonas subdesarrolladas, cuyos gobiernos desaparecerían o devendrán en simples protectorados.

Lo anterior aplica para lo que sucede con las vacunas contra el coronavirus. El eje anglosajón, Estados Unidos y Gran Bretaña, ha bursalilizado las ganancias del producto, en vez de, como dice Putin, colaborar. Los ataques de Bill Gates y de la Agencia GAVI a la iniciativa rusa, implican esa lógica de mercader, que a la vez es geopolítica. Para quienes nos tildan de conspiranoicos a quienes criticamos la agenda globalista, habría que preguntarles si ellos creen que las farmacéuticas estén interesadas en hallar una cura rápida a la Covid 19, teniendo en cuenta que dichas empresas, en su calidad de capital especulativo, ganan más dinero invirtiendo en expectativas de mercado, que con la venta directa del producto médico. Con el tema de la vacuna en el ámbito anglosajón sucede que se está creando una burbuja especulativa, tanto a partir del dinero que los gobiernos inyectan en tales proyectos, como de la propia bursatilización ya antes descrita.

En cuanto a la lógica desglobalizadora, baste decir que la élite firmó contratos multimillonarios para que las primeras dosis de tales medicinas sean exclusivamente para Estados Unidos, Gran Bretaña y Europa, con lo cual se cumple la previsión de que en el futuro habrá un centro civilizatorio aún más concentrado y periferias llenas de plagas, desprovistas de los adelantos de la revolución tecnológica. Se calcula que en 2022 más del 61 por ciento de la humanidad aún no habrá accedido a una vacuna.

A finales de agosto las empresas anglosajonas, sobre todo Bill Gates, del ámbito farmacológico, estaban en un crecimiento sobre los 600 mil millones de dólares, con lo cual se superó la media anual, que era de 13 mil millones en tiempos en los cuales no había pandemia. Ello apunta a una lógica de mercado, en el cual, aun cuando no exista qué vender, se venden la imagen, la expectativa, las acciones. En esta burbuja bursátil, el gobierno norteamericano desembolsó 19 mil 800 millones, lo cual es dinero público que irá a parar a manos privadas que multiplicarán esa cifra, en la medida en que lleven al mundo a un colapso mayor, que genere más expectativa y necesidad. Aunque las vacunas fracasen, como ha venido pasando con la británica AstraZeneca, el conglomerado de farmacéuticas no pagará ningún seguro, con lo cual el negocio es redondo. Una vez más el dinero del contribuyente es robado por la élite.

A la vez, la lógica globalista que en su etapa de regionalización comprende reducir demográficamente el tercer mundo (para poderlo gobernar mejor), prevé que, mientras un británico tendría al menos cinco dosis de la misma vacuna a precio módico en el mercado, en Bangladesh habrá nueve habitantes por cada dosis, con lo cual el precio allí sería superior y tendría un efecto excluyente sobre la población, dejando vivas y/o sanas solo a las élites locales. Con ello el proyecto darwinista del neoliberalismo se estaría cumpliendo a cabalidad y, de hecho, la batalla por la vacuna hoy no es por quién la termina más rápido, sino sobre todo por los mercados. De ahí que al proyecto cubano Soberana 01 se le haga la guerra mediática, a través del desprestigio en plataformas de alcance en las redes sociales y que, incluso, se practique la censura en contra de los mensajes que dan a conocer los avances al respecto. La razón es que Cuba, al no formar parte del mercado, rompería con la lógica especulativa y haría caer el valor de las acciones y eliminaría las oportunidades de explotación de los mercados potenciales.

La tercera guerra mundial o guerra de las vacunas

Resulta lógico que quien inmunice primero y de la manera que lo haga, cambiará el rostro del planeta, obteniendo ventajas en un nuevo reparto de mercado, influencias, prestigio y recursos. Las guerras mundiales fueron eso, grandes conmociones que variaron para siempre los equilibrios de poderes. Muchos se preguntan si, ante la evidencia de que el uso de armas acabaría con todos, los verdaderos instigadores de todas las guerras, el llamado Deep State o Estado Profundo, estaría incitando un nuevo reparto, a partir de las conmociones generadas por la pandemia. A la vez, los globalistas, que planifican el sistema, saben que este ha llegado a su fin y que, para sobrevivir ellos, deberá haber un cambio de paradigma mundial tecnológico, con implicaciones en la vida y la política y que los gobiernos solo aceptarían tales condiciones especiales bajo presión, no en un desenvolvimiento normal. Así sucedió con la creación de la Liga de las Naciones en 1918 y con las Naciones Unidas en 1945, el nuevo orden solo viene de una guerra o algún evento paralelo disruptivo.  

A muchos les llama la atención que el eje globalista por excelencia, el anglosajón en torno a Estados Unidos y Europa, con la OTAN como brazo armado y el Foro de Davos como cerebro dirigente, ha articulado una alianza en torno a una vacuna donde la Fundación Bill y Melinda Gates tendría un papel protagónico. Sobre todo por los antecedentes de este magnate en la bolsa y sus actividades desleales, sus esquivos a las leyes antimonopolios y el abuso contra emprendedores y pequeñas empresas. Estamos hablando de un capital plenamente especulativo y articulado además con los grandes poderes estratégicos del sistema. ¿Cuál es el interés de Davos por la cura de una enfermedad que les está dando el pretexto perfecto para realizar su gran reseteo de la economía mundial, tal como dijo el ideólogo transhumanista Klaus Schwab? Muchos recuerdan entonces la lógica del mercado sobre los virus informáticos, la cual especula que quien mismo te vende la vacuna, creó la enfermedad…

Tripolaridad del mundo

 La competencia se da en tres grandes polos, el globalista de Estados Unidos y Gran Bretaña con la esfera de los trece países blancos anglosajones, China y Rusia. La lucha por los mercados ya comenzó e incluye presiones a través de los organismos internacionales, sistema del cual Bill Gates es hoy el principal financista. La fase tres de las vacunas de estos competidores determinará el reparto del mundo, aunque es previsible que la firma de los tratados de libre comercio, las deudas externas y las presiones políticas, hagan que unos países elijan irse por la opción globalista, aunque sea menos eficaz y competitiva. Una muestra de adónde nos ha llevado el reparto basado en la Conferencia de Yalta y en el neoliberalismo bursátil financiero.

Bajo esta lógica trilateral, donde el poder anglosajón se unifica para lograr un continuismo de las lógicas globalistas, tienen sentido procesos políticos del pasado reciente como el Brexit. El reparto tenderá al gobierno único, con una primera fase en la cual serán grandes regiones y no países, las que se disputan la hegemonía. Una vez más el tercer mundo, dependiente y enfermo, es el campo de batalla a ganar y las alternativas, como Cuba, no son bien vistas por los poderes imperiales y globalistas.

Era previsible que en una geopolítica militar congelada, como la que nos dejó la Guerra Fría, se apostara por otras opciones para llevar adelante los mismos efectos de una conflagración universal. Si analizamos las otras dos primeras, los grandes beneficiados, que le vendieron a uno y a otro bando, fueron las corporaciones que hoy componen el núcleo duro del poder globalista y del sistema financiero y bancario. La geopolítica pudiera cambiar sus colores y estamos a la puerta de presenciarlo, no valen la los viejos modelos de análisis, sino prestarles atención a los acontecimientos y desempolvar las herramientas de Karl Marx sobre la lógica intrínseca del capitalismo.

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