Personas mayores: los “daños ocultos” de la COVID-19

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Personas mayores: los “daños ocultos” de la COVID-19
Fecha de publicación: 
30 Septiembre 2020
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Cuando este 1ro. de octubre se celebre el Día Internacional de las Personas Mayores, será oportunidad para repensar cuánto ha impactado la COVID-19 en el bienestar de este segmento poblacional, y las consecuencias físicas y mentales que provoca el aislamiento al que ha debido acogerse para su protección.

“Es un buen momento para reflexionar, como sociedad, la pertinencia de crearles un ambiente amigable, basado en el respeto, sin discriminación por su edad (edaismo), ni paternalismo (recuerden que hay amores que matan). Tengámoslo en cuenta: lo que es bueno para las personas mayores, es bueno para todos”, asevera el doctor Jesús Menéndez Jiménez, Secretario de la Sociedad Cubana de Gerontología y Geriatría.

De los 714 908 hogares de La Habana, el 48,1 % tiene al menos un anciano, mientras que el 23,27 % aloja a entre uno y tres viviendo completamente solos. Ello precisa mirar con más profundidad sus  necesidades, y un enfoque hacia a la plenitud en todos los sentidos, que les asegure autonomía y calidad de vida.

Aunque hasta el pasado 20 de septiembre solo 521 personas mayores de 60 años, -de las 467 463 residentes en la ciudad-, fueron diagnosticadas con la enfermedad (según datos del sitio Covid-19CubaData), el resto pudiera estar expuesto a efectos adversos u “otros daños” del nuevo coronavirus que quizás se manifiesten durante largos periodos de tiempo aún finalizada la pandemia. “La restricción de la movilidad y del contacto social es capaz de generar un altísimo costo en el bienestar de dichas personas”, considera el también especialista del Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud (CITED).

-¿Cuáles son, de manera particular, estos daños?

-El principal es la disminución de la capacidad intrínseca, definida como la combinación de las condiciones físicas y mentales de un individuo, vinculadas con la capacidad funcional (aptitudes particulares para desarrollar actividades), y el entorno (hogar, comunidad y sociedad en general).

“La actual situación sanitaria ha privado a la mayoría de realizar  actividades habituales fuera de casa, ha modificado notablemente sus rutinas, dificultando mantener estilos de vida saludables y conexiones sociales. En el aspecto físico las afectaciones están muy relacionadas a la locomoción; comprenden, por ejemplo, disminución de la masa muscular (tres veces más y en un tercio del tiempo que los más jóvenes); propensión a caídas o miedo a caerse, aumento del riesgo de contraer otras enfermedades y reducción de estímulos visuales y auditivos.

 “Igualmente, la espiral de inactividad deja su huella en el plano mental con manifestaciones de aburrimiento, menor paciencia, baja motivación e irritabilidad; pueden aumentar la frustración, sentimientos de tristeza, ansiedad, angustia y depresión.

“Asimismo, ante el confinamiento, puede aumentar la aparición del llamado declinar mental o cognitivo, debido a la pérdida de estímulos y al comienzo de síntomas depresivos. Personas con un equilibrio precario de su estado mental pueden empeorar y presentar o agravar trastornos de conducta, sin olvidar el potencial incremento de la carga para los cuidadores”.

El Máster en Salud Pública y Envejecimiento señaló que cuando se restablezca la normalidad y las personas mayores logren retomar las rutinas, es probable la aparición de síntomas como aprensión y ansiedad, taquicardia, sudoraciones o hiperventilación. Se sugiere ir a lugares cercanos y conocidos en las primeras salidas, para  ganar poco a poco en seguridad y control, sin descuidar las medidas sanitarias de acuerdo con la fase vigente en ese momento.

Menéndez Jiménez apunta: “Si bien lo principal ahora es salvar vidas, no podemos esperar el fin de la pandemia para incidir sobre lo demás, pues una de las principales características de las personas mayores es la disminución de su reserva, lo cual les dificulta recuperarse tanto de enfermedades, como de situaciones estresantes”.

Comentarios

Muy buen artículo, tengo padres ancianos, 89 y 86 años respectivamente y hemos tenido esta conversación en varias ocasiones, las pocas veces que han salido conmigo, me han dicho que ya no caminan x la calle con la misma seguridad de antes, pues antes de la covid 19 eran personas muy activas y se valían x si solo en todos los sentidos.
boli.gar@nauta.cu

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