Del teatro al audiovisual: la cuarta pared

Del teatro al audiovisual: la cuarta pared
Fecha de publicación: 
22 Septiembre 2021
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El término cuarta pared tiene su origen en el teatro. Donde generalmente se desarrolla la obra, tiene cuatro paredes: la del fondo, las dos laterales y la cuarta pared, una pared imaginaria que separa a los personajes del público, quienes a su vez se encuentran atrapados en su propia realidad. El simple hecho de que un personaje hable a alguien de otra realidad, por ejemplo, los espectadores, implica que ha roto esta pared imaginaria. 

El personaje comprende que no está solo, que alguien lo observa. Los espectadores y lectores están en una realidad y los personajes en otra. Para el espectador la realidad del personaje es ficticia, pero para ellos es muy real.  La cuarta pared constituye un recurso narrativo al servicio del narrador, no necesariamente positivo ni negativo para la narración. Muchos autores respetables afirman que la cuarta pared no se rompe realmente, sino que se «dobla». Si se rompiese estaría el actor en la situación de haber perdido a su personaje. 

La fecha sobre los inicios de la cuarta pared es imprecisa. Algunos dramaturgos opinan que comenzó desde los monólogos de Shakespeare, otros textos aseguran que el filósofo y escritor Denis Diderot en el Siglo XVIII, en su discurso sobre la poesía dramática había formulado la idea de que un muro ficticio debía separar el escenario y el público. Esta separación mostraría la relación entre el espectador y el autor, algo esencial para una obra.  

Al dramaturgo André Antoine se le considera el primer director de escena moderno que incorporó el concepto de cuarta pared. Sus puestas en escena, revolucionarias  para la época, denotaban una incesante búsqueda en la creación por parte de Antoine. Le pedía a cada miembro del reparto actuar en función de los requerimientos de su personaje y de la obra; los actores debían comportarse con naturalidad, no decir su discurso de cara al público sino actuar como si éste no existiese, moverse con libertad, sin importar que en algún momento saliesen de su campo visual o hablar de espaldas a este, comportarse como lo harían en la vida real.  

Film still Brecht - Tom Schilling

Pero llega Bertolt Brecht y propone esa famosa ruptura de la cuarta pared, o sea, de la ilusión. Y muchos otros directores y renovadores vinieron luego e hicieron cosas tan interesantes y creativas como esas. Pero, ya para siempre, los nombres de Stanislavski y Brecht quedaron asociados a la creación de la cuarta pared el primero y a su ruptura el segundo.

Brecht, utilizó el recurso de romper la cuarta pared como una manera de subvertir el orden tradicional de representación y obligar al público a tomar una distancia crítica de la acción.  
En las obras de Brecht los actores a menudo interpelaban directamente al público sin estar interpretando su personaje, rompían la cuarta pared, e interpretaban múltiples papeles. Para Brecht era importante que las opciones de los personajes fueran evidentes e intentó desarrollar un estilo de actuación en el cual los personajes elegían una opción en lugar de otra.  

En el audiovisual, la película “Asalto y robo de un tren”, estrenada el 1 de diciembre de 1903 en Estados Unidos, es considerada como la primera en que se utilizó el rompimiento de la cuarta pared. En la escena final un pistolero dispara a cámara rompiendo la barrera existente entre él y el espectador.  
Generalmente, el objetivo de esta ruptura es crear lazos con el público, que este se sienta cómplice de la historia ya que se dirigen directamente a él. En las distintas películas de “El gordo y el flaco”, Oliver Hardy dirige su mirada al espectador cada vez que sufre algún percance fruto de la torpeza de su amigo, esta mirada es su forma de interactuar con el público, haciéndolo partícipe de su rabia o desesperación.  

En la televisión, la cuarta pared está delimitada por la línea imaginaria que existe entre las cámaras y el set de filmación.  

Según el criterio del dramaturgo, guionista y profesor de actuación cubano Eduardo Eimil: “Es cierto que cuando se muestran las cámaras se devela esa “cuarta pared” o realidad real que entra en contradicción con la ficción que se trata de contar en la obra, pero resulta que lo importante es el objetivo, y muy especialmente la intencionalidad. Es decir: ¿por qué se utiliza?”. 

Muchos dibujos animados para niños se caracterizan por romper la cuarta pared al hablar con los niños para que les ayuden a resolver pequeños acertijos. Algunos ejemplos son: “Dora, la exploradora”; “¡Go, Diego, Go!” y “Las pistas de Blue”, entre otros. 
El director estadounidense, Woddy Allen, usa mucho este recurso en sus películas.

La serie norteamericana “Los Simpson”, en varios capítulos, rompe la cuarta pared televisiva. Algunos de sus personajes hablan a cámara y hasta dedicaron un capítulo solamente a develar como es un set de filmación sin afectar la narración habitual de la serie. 
Uno de los ejemplos más famosos es la serie estadounidense “House of Cards”. En ella, podemos ver cómo los personajes rompen constantemente la cuarta pared para dialogar con la audiencia, haciéndola cómplice de sus particulares puntos de vista. 
Otra muestra la encontramos en la película Kill Bill 2. En ella el personaje interpretado por Uma Thurman nos resume, hablando a cámara, los hechos más importantes ocurridos en la primera parte, justo antes de comenzar la segunda. 

Mockumentary, o lo que se conoce como falso documental, utiliza mucho el rompimiento de la cuarta pared. Se dice que el género comedia, algo que en muchas ocasiones acompaña también al falso documental, se apropia mucho de romper la cuarta pared. Es un fenómeno que ocurre a diario con el uso de la tecnología. 
En los videojuegos y en todos los programas que incluyan actividades interactivas, donde personajes de la realidad virtual interactúan con los usuarios de la vida real estamos en presencia de un rompimiento de la cuarta pared. Se podría considerar que hay dos formas de romper la cuarta pared en televisión. Por un lado, tenemos las series y, por otro lado, están las ficciones que de forma esporádica y sin perder del todo la estructura ilusionista, hablan directamente con la audiencia.  

Como ejemplo del rompimiento de la cuarta pared en el cine cubano están las películas “Plaff o Demasiado miedo a la vida” (1988) y “Dolly Back” (ambas de Juan Carlos Tabío, 1986). Los dos materiales utilizan la ruptura de la cuarta pared como recursos estructurales, que generan sentido e intenciones marcadas. En el caso de "Plaff o Demasiado miedo a la vida", aun sin develar las cámaras, pero si muestra en varios momentos a los actores interactuando con el equipo de realización, en ocasiones reclamándole por algún elemento de ambientación que debía estar en el set o en momentos mostrando a parte del equipo de realización reflejados en cristales de algunas locaciones. Se escucha una voz constantemente anunciando que este rollo de la película o aquel se perdieron y, al final de la misma pone el primer rollo, que había llegado tarde. El sentido de la realidad se rompe una vez, y otra y otra, casi interminablemente. 

Las reflexiones que se generan con la ruptura de la cuarta pared sirven para dialogar de modo directo y rápido con el espectador, que se percata enseguida que no está viendo un fragmento de realidad, sino una obra de ficción que tiene una intención, un objetivo. 
En “Plaff…” se habla sobre la culpabilidad, la soledad y el miedo, su subtítulo, de hecho, es “Demasiado miedo a la vida.” 

Y en “Dolly Back” se interroga el valor del cine, y por ende de la obra de arte, para al final aludir a lo que es real y lo que no, incluso desde una postura filosófica.

Lo primero que genera la ruptura de la cuarta pared es: sentido de irrealidad (lo que estamos viendo no es real: es una obra audiovisual). Lo segundo que genera la ruptura de la cuarta pared es: reflexión y cuestionamiento de la obra. 

Lo aristotélico apela a la identificación y a la emoción en tanto que lo brechtiano apela a la razón y al intelecto. 

El hecho de que los presentadores/conductores miren a cámara no constituye rompimiento de la cuarta pared, puesto que para que la ilusión de la ficción sea rota, que es justo lo que significa cuarta pared, debe crearse previamente una ilusión. En las entrevistas esta ilusión no existe, ni en el noticiero, ni en los programas de participación. 

Sin embargo, hay un ejemplo que, sin ser un recurso del distanciamiento empleado para develar esencias profundas de la obra, sí ha quedado en el imaginario cubano con mucha fuerza. Me refiero a: “Detrás de la fachada”. En el caso de este programa, cuando uno de los presentadores, la destacada locutora, presentadora y actriz Consuelo Vidal le decía al no menos destacado locutor Cepero Brito: “mira para allá” y hablaban a cámara, puede ser considerado un recurso de ruptura de la cuarta pared, puesto que ellos empleaban esto todo el tiempo.  Los presentadores estaban integrados a la trama de una manera poco usual, casi como personajes, aunque seguían siendo narradores siempre, pero a veces incluso comentaban la acción mientras esta se desarrollaba o interactuaban con los personajes. 

En la actualidad, para el joven realizador Mauricio Figueiral, egresado de la FAMCA, al preguntarle por qué utiliza el rompimiento de la cuarta pared televisiva en su programa “Sesiones vagabundas”que se trasmite por Canal Habana y Telesur, comentó: “porque quiero que el espectador note la sencillez técnica de la realización del programa, que pueda constatar que es un programa de carretera, portátil, que se puede adaptar a casi cualquier entorno  y sobre todo que todo lo que ocurre tiene el valor del aquí y ahora, que los invitados están cantando en vivo, que los transeúntes se pueden acercar y participar como espectadores activos o pasivos y que lo imperfecto, el error humano es parte de la narrativa del programa. Es también una defensa muy personal al criterio que tantas veces he repetido de que para generar contenido artístico-cultural no hay que esperar a tener las condiciones ideales. Se puede hacer con lo que se tiene a mano y con el presupuesto de la imaginación que es el único inagotable”. (Figueiral, 2020). 

Mi experiencia más reciente con el uso del rompimiento de la cuarta pared televisiva fue dirigiendo el making of del Motor de arranque (noviembre 2020). Como todo making of su puesta en escena en sí conlleva romper la cuarta pared, por eso decidí desde el inicio asumir otras maneras de incorporar este recurso. Por ejemplo: la conductora, Noelia Bermellón, interpretada por Andrea Doimeadios, mantenía diálogos conmigo en plena grabación. Ella también le hablaba a los camarógrafos mediante apodos en medio de su irreverencia para guiarlos en sus encuadres o dirigir en qué dirección debían acompañarla para realizar sus entrevistas. Por momentos, si era necesario alcanzarle algo a Noelia, no era problema que saliera en cámara la mano que lo alcanzaba. Todo esto dio toques frescos en la edición. Tenía total libertad para cortar. No era necesario que una escena llegara a su fin. Las expresiones, situaciones y disparates de Noelia, previamente marcados por guión o en la grabación, permitían que estos cortes ocurrieran orgánicamente.  

Como es obvio, las obras que no emplean el distanciamiento y la ruptura de la cuarta pared también provocan una reflexión, pero es distinta por parte de lo emotivo. En las obras brechtianas se apela más bien a la razón. 
Emoción y razón son entonces dos caras de un fenómeno asociado a la percepción de la obra de arte por parte del espectador. Luego, la ruptura de la cuarta pared se convierte en recurso expresivo, pero también en cualidad que identifica estas obras, pues su empleo está justificado y plenamente integrado a las mismas. 

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