Cuidar a la familia que nos cuida

Cuidar a la familia que nos cuida
Fecha de publicación: 
15 Mayo 2021
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Imagen principal: 

Foto: tomada de fgr.gob.cu

Tal vez fue en la película Lejos de ella o en El Diario de Noa –dos conmovedoras cintas-, lo que viene ahora al caso es la escena en sí misma: ella, ya con alzhéimer incipiente, es peinada por una cuidadora, y el esposo,  al ver escuchar cómo la mujer, mientras le alisa el pelo blanco, le habla cual si fuera una muñeca, o una tonta, decide de inmediato prescindir de ese servicio, adolorido al ver la dignidad de su esposa arrostrada, aun sin malas intenciones pero sí desde la ignorancia y el desapego.

Obviamente, la ficción que recrea la película no es comparable con la realidad que se construye diariamente hoy en Cuba entre cuidadores y personas cuidadas, pero los sentimientos de tristeza y dolor, o de amor, de real solidaridad y empatía, son, en sus esencias, comunes a todas las artes, los tiempos y las geografías.

Viene al caso la evocación de ese pasaje fílmico porque promover la cultura de los cuidados y del autocuidado en la sociedad es hoy más importante que nunca. 

Y precisamente en esa dirección se enfoca el libro El trabajo de cuidados desde la perspectiva familiar en diálogo con las políticas públicas, presentado ayer en Cuba con motivo del Día Internacional de las Familias que hoy celebramos.

Se trata del valioso resultado de investigación del Grupo de Estudios sobre Familia, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), parte del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

 


Foto: tomada de clacso.org

Desde hace tiempo, el envejecimiento demográfico de Cuba anda subrayando la importancia de los cuidados, en este caso a las personas mayores de 60 años, que ya rebasan el 20,4 % de toda la población en la Isla. 

Las perspectivas son aún más complejas si se tiene en cuenta que para el 2050, nuestro país será el único de Latinoamérica incluido entre los más envejecidos del mundo, según estimaciones de la ONU.

Ahora, un nuevo agregado, la pandemia, ha venido a subrayar todavía más la relevancia de los cuidados, que siempre han tenido como contexto primario el ámbito familiar, aun cuando lo rebasan. A pesar de que ha sido un asunto no poca veces subestimado, incluso desde su perspectiva económica, el tema de los cuidados trasciende el contexto de las familias para incluir al Estado, al mercado y la sociedad con todas sus dinámicas. Es esa precisamente una de las tesis de la indagación científica mencionada. 
 

Cuidados con nombre de mujer

En Cuba, las tres cuartas partes de la población de la tercera edad que se encuentra en situación de cuidado reciben un apoyo de tipo informal, siendo la familia la que más contribuye al mismo. Pero diversas tensiones se acumulan en torno a esta función, no pocas veces va asociada a la necesidad de una mayor corresponsabilidad de los cuidados al interior de los hogares, así como a enfoques de género que cada vez estén más libres de prejuicios y herencias patriarcales.

La investigación sobre el trabajo de cuidados desde la familia, a cargo de un equipo multidisciplinario del CIPS,  dirigido por la prestigiosa investigadora Dra. Rosa Campoalegre Septien, ratifica que esos cuidados son realizados mayormente por mujeres.

 


Foto: Ariel Cecilio Lemus

De esa forma, se “tiende a perpetuar los estereotipos de género en el ámbito familiar y muestra que, si bien las mujeres cubanas han alcanzado grandes avances en el plano  social, continúan siendo consideradas las máximas responsables de las labores vinculadas a la vida familiar, y continúa, junto a otros factores objetivos y subjetivos, reproduciendo la feminización de los cuidados”.

El cuidado familiar se ha definido como “el proceso de ayudar a otra persona que no es capaz de actuar por sí misma de una manera ‘integral’ (física, mental, emocional y social) […] facilitado por ciertos rasgos, emociones, habilidades, conocimientos, tiempo y una conexión emocional con la persona”.

Así precisan y aclaran que la clave del cuidado familiar está en la disponibilidad física y emocional de una persona para dedicarse con regularidad a la atención de un familiar, llegando incluso a renunciar o disminuir sensiblemente sus capacidades productivas o laborables, en función de satisfacer los requerimientos o demanda del destinatario de sus servicios asistenciales. 

Constataron en la muestra estudiada que:
 

  • Fundamentalmente, las cuidadoras son miembros de la familia, no reciben una retribución por el trabajo de cuidados, no han sido capacitadas para esa actividad y poseen un alto vínculo afectivo con la persona cuidada.
     
  • Como tendencia, realizan cuidados sociales a largo plazo de contenido integral: económico, material y en menor medida psicológico, en lo que influye la hiperbolización de la función económica de las familias y la falta de experiencia y capacitación para el trabajo de cuidados. 
     
  • También, determinaron la presencia de cuidadores/as formales, quienes, a pesar de recibir una retribución por cuidar, tampoco han recibido capacitación para ello y poseen un alto grado de compromiso y afectividad con la persona cuidada.

Ser cuidado no es un estigma
 

La investigación, como aporte, propone un replanteo del concepto de persona dependiente  porque implica, afirman, “cierta descalificación debido a su carácter estigmatizador”. La sustituyen por el de personas que requieren cuidados o persona cuidada. 

En esta necesidad de borrar estigmas y estereotipos, y sobre todo, de hacer sentir bien a la persona que requiere cuidados, tiene un papel importante el apoyo emocional que este perciba, la carga afectiva que media en esa relación y que puede ser tanto o más importante que el cuidado asistencial. 

En consecuencia, la investigación propone un Programa para la Atención al Trabajo de Cuidados desde la perspectiva familiar, entendiéndolo como componente de la política pública, que a partir de determinados principios y objetivos moviliza de forma articulada un conjunto de acciones, servicios y actores en función del bienestar de las familias.

No por gusto, la presentación de este valioso material investigativo y el recordatorio de propuestas tan importantes tuvieron lugar en vísperas de este  Día Mundial de la Familia, cuando la comunidad internacional y Cuba en particular, subraya, una vez más, la importancia que se confiere a la familia.

 


Foto: tomada de ACN

En esta geografía antillana sobran ejemplos, cotidianos y anónimos, de cómo la familia en esta etapa de pandemia y carencias ha sido un bastión insustituible en la resistencia de los cubanos, ocupándose de los cuidados en el sentido más usual, y ampliando sus abrazos cuidadores al cumplimiento de las medidas higiénicas, a hacer más llevadero el aislamiento y sumando compromisos en este enfrentamiento a la Covid-19.

Y quizás cuando lleguemos a la etapa post pandemia, tal vez más temprano que tarde, se decida erigir por fin ese justificado monumento, en alguna parte de nuestra geografía, a la familia cubana, que una vez más se inscribe en la historia de este presente también haciendo y cuidando a Cuba.

 

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