Tai Ma Campos: las cucarachas de su armario

Tai Ma Campos: las cucarachas de su armario
Fecha de publicación: 
3 Octubre 2011
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La lista de números en la calle Santa Catalina se salta un par, o más bien lo esconde entre dos casas de la república muy al estilo de la clase media baja de Diez de Octubre. En ese número ausente está su estudio, su hogar: hay que atravesar un pasillo angosto para encontrarse con los dos Tai, con el joven (casi niño) de 19 años y el pintor de temas adultos.

¿Sabe Tai Ma Campos de la palabra agreste que esconden sus retratos: caricaturas de color vivo, plano? Lo sabe. Puede explicarse el fenómeno siempre propio del arte, logra desdoblarse en crítico de sus obras sin fingir grandes esfuerzos. Y mientras habla, va dejando caer sobre un discurso casi académico frases del barrio, del piquete adolescente con que celebra en las noches. Lo hace además sin las afectaciones del teórico que se pretende populachero, o viceversa. Lo hace porque sí, quizás, a pesar suyo. Ofrece, sin proponérselo, a mitad de un comentario sagaz, la risa con que todos nos contagiábamos en la escuela, risa chistosa de alumno.

¿No es como él su pintura? Ya decía un crítico que lo conoce bien que sus figuras adquieren «cierto aire de violencia y desgarramiento; lo cual contrasta a su vez con los guiños al mundo de la infancia que se advierten en algunas de sus obras (contraste que, lejos de atentar contra la eficacia de las piezas, enriquece notablemente su potencial discursivo)».

Al explicar ese punto de la geografía humana que se deforma en sus retratos, esa oreja, ese labio interior que se estira, que se pronuncia hasta romper la superficie y dotarse de volumen... mientras lleva a palabras ese instante de su obra, Tai baja la voz. Donde su pintura grita, Tai Ma Campos casi susurra, alude.


-¿Cómo fue que te hiciste pintor?

-Desde pequeño pintaba. Mi mamá siempre vio eso en mí y mi papá también, pero cuando quise entrar en noveno grado en la Academia de San Alejandro, mi mamá se opuso: me dijo que los pintores se morían de hambre, que cogían fama después de muertos. Y guardé ese sueño en el armario pensando que podía ser solo un hobby.

Después conocí a Píter Ortega [crítico de arte cubano] y me fui adentrando un poco más en el mundo de la plástica, ya no desde la perspectiva de una persona que no conoce. Creí que podría pintar de nuevo. Al principio hice algunas cosas neorrealistas, experimenté copiando a otros artistas.


-¿Qué artistas?

-Por ejemplo, al Pollo (Michel Pérez). Me gustaban mucho los colores de Takashi Murakami. Me interesé por las temáticas de Robert Mapplethorph: la fotografía me encantaba, pero quedé con la pintura.


-¿Y esa decisión de ser pintor la ves como un proceso, o existe algún hecho puntual que te hizo decidirte?

-Lo pensé bastante. Renuncié a posibilidades ventajosas, menos arriesgadas. Por ejemplo, pude estudiar Medicina en Vietnam y decidí no tomar ese camino. Y me guié más por lo que me gustaba: una profesión que pudiera disfrutar y a la vez me permitiera vivir de ella (luego me di cuenta de que sí se puede).


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-¿Cuán difícil es para un pintor joven de 19 años como tú insertarse dentro de la plástica cubana, no solo comercial, sino estéticamente?

-Es bastante difícil. Cuando tienes un nombre, una imagen, todo el mundo te persigue, no debes luchar tan fuerte para que un proyecto se logre, para que acepten tu obra en el panorama artístico. A la hora de exponer, prefieren a Fabelo, claro, antes de elegir a un pintor joven, porque ese joven no tiene una obra definida (definitiva, definible), no tiene además un currículo de 20 páginas, no menciona en ese currículo ferias de renombre. Conozco personas con mucho talento, que tratan de abrirse un camino dentro del arte, pero se hace complejo exponer y hacer proyectos globales para que el público pueda conocer tu trabajo, conocerte mejor a ti. Pero se va tirando...


-Si tuviéramos que hablar de inspiración, de la influencia que ha tenido algún artista sobre tu trabajo...

-Diría que hay influencias en mi obra, me lo dicen bastante, del neoexpresionismo alemán, por la desproporción de las figuras, lo grotesco, las deformaciones, los colores...


-¿Cómo trabajas, tienes formas de hacer ya pautadas?

-Generalmente utilizo fotos que me llaman la atención, de amistades, de fiestas... nada artísticas. No son necesariamente fotos que tiro yo. Las trabajo en un inicio con programas digitales y voy buscando los colores, transformando las figuras, y al final queda un boceto digital. De ahí ya parto para realizar la pieza.

Me gusta trabajar cada vez que tengo un tiempo libre, no tengo hora fija en el día, espero a tener ganas, aprovecho los momentos de inspiración para que la obra quede como deseo.

Y de cierto modo ahora, resalta en mi trabajo la violencia de las personas. Las caricaturizo, a veces choteo, juego con ellas. Trato de que se pierda el referente de lo que eran inicialmente. En muchas piezas parto de fotos del mismo modelo. Sin embargo, si pones una pintura al lado de la otra, se ve que existe cierto parecido, pero no es el mismo resultado. En una pieza el personaje puede aparecer amarillo, con una oreja grande; y en otra, aunque el modelo es el mismo, su rostro puede ser rojo. Todo depende...


-¿De qué?

-De lo que quieras expresar en cada pieza. Por ejemplo, esta se llama Mommy loves me, hablo entonces de la violencia doméstica. En otra el mismo modelo está un poco más triste. Tiene el rostro un poco más desproporcionado. Tengo una que se llama Heterofobia, que expresa asco.


-¿Cuáles son los temas que te inspiran?

-No creo que tenga una temática definida aún. Solo quiero encerrar problemáticas del hombre actual, de la sociedad. Muchas de las piezas mías tienen un referente personal, historias que me han pasado, que me han contado personas cercanas.

Las piezas que integraron «Las cucarachas de mi armario» (exposición personal de 2010 en el hotel Ambos Mundos), anteriores también a esas y muchas de las que estoy haciendo ahora tienen mucha crítica social. La imagen del cuadro no te da esa idea, pero cuando lees el título te encauza. Por ejemplo, Hazañas de un chulo se refiere a la prostitución, Narcolegislativo se refiere a las drogas.


-¿Sientes que tu obra le debe a otras artes?

-Sí, al mundo de la gráfica principalmente. El arte pop tiene que ver mucho con el arte gráfico, con las pancartas publicitarias, los colores planos...


-Eres un pintor que sabe explicar muy bien lo que hace. ¿Eres de los que presta atención a la crítica? Las relaciones de los pintores con la crítica suele ser en ocasiones de amor-odio, ¿cómo lo ves tú?

-Me interesa la crítica. Si no logro entrar al ISA, tengo pensado estudiar Historia del Arte, creo que la carrera me dará herramientas para ser un mejor artista.


-La Fundación Ludwin (13 entre D y E, Vedado) expondrá una muestra de tu trabajo el próximo 5 de octubre. ¿En qué consiste el llamado Inventario de esta institución?

-Es un proyecto que permite a los artistas plásticos exponer durante un día una selección de su obra, y además impartir una conferencia, que generalmente es a las 2 de la tarde.


-¿Estás listo para la conferencia?

-Sí. Además, voy a aprovecharla para mostrar otras piezas que no puedo incluir en la exposición, para que el público sepa de ellas también.

 

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-Como el camino para ti recién comienza, creo que vale este tipo de preguntas: ¿cuáles son en tu opinión los puntos en que tu obra podría fortalecerse y cómo te ves de aquí a unos años estéticamente hablando?

-Ahora mismo me he dado cuenta de que he dado un giro un poco evidente en las piezas: ya tengo más factura con los colores, he cambiado la perspectiva. Utilizo la tridimensionalidad, que es lo que me caracteriza por ahora aquí en el contexto artístico cubano; pero si mañana tengo ganas de hacer un performance y lo puedo hacer bien, no voy a quedarme solo en la pintura. El artista debe a veces experimentar para descubrirse a sí mismo. En dos años miro para atrás y veo bases forjándose. Ya mi obra se va haciendo notar, eso me tiene contento. Claro, el ser humano no se conforma con lo que tiene: quisiera más, pero bueno, poco a poco.

Comentarios

Realmente no he podido ver su obra completa, pero lo veo a él y el chiquito está para comérselo todito, felicidades, papi, si tus obras son tan lindas como tú, estás completo.

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