No basta cantar y bailar (+ FOTOS)

No basta cantar y bailar (+ FOTOS)
Fecha de publicación: 
27 Septiembre 2012
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Mefisto Teatro, la compañía que dirige Tony Díaz, está apostando desde hace un buen tiempo por la escenificación de célebres musicales norteamericanos. Ya lo hicieron con Cabaret y Chicago, con atendibles resultados artísticos.

De esas puestas hay que destacar sus interesantes concepciones escénicas, que de alguna manera minimizaban un mal que no es menor: las deficiencias del elenco a la hora de asumir un género particularmente difícil.

Y no es que los actores de Mefisto lo hicieran mal, al menos desde el punto de vista histriónico. Es que casi nunca podían bailar y cantar con toda la suficiencia que necesita el musical.

Ahora la compañía presenta otro título emblemático, Vaselina, a partir del famoso Grease (1972), creado por Jim Jacobs y Warren Casey, que a su vez inspiró la película homónima de 1977, dirigida por Randal Kleiser y protagonizada por John Travolta y Olivia Newton-John.

El escenario ahora no es la habitual sala Tito Junco, sino el café-teatro del Centro Brecht, y esa circunstancia de alguna manera influye en la calidad del espectáculo, pero no la define.

Esta Vaselina tiene serios problemas de estructura dramática y una puesta en escena bastante arbitraria, poco diáfana y confusa. Los creadores deberían tener bien en cuenta que para hacer un musical no basta con cantar y bailar. (Tampoco es que se cante y se baile particularmente bien, pero de eso hablaremos al final).

La versión de Alejandro Milián mutila tramas importantes de la historia, simplifica conflictos casi hasta el absurdo, desdibuja personajes… y pretende convoyarlo todo en una sucesión vertiginosa de escenas corales.

El montaje resulta alocado, poco centrado en las peripecias importantes, sucio en su diseño espacial.

Pero lo más polémico es la actualización a ultranza de la historia. Milián quiso traerla a la Cuba más contemporánea, olvidando algo: Vaselina es la recreación casi por antonomasia del espíritu de una época y un lugar: los años 50 en los Estados Unidos. Todo el entramado tributa a ese contexto, no hay manera posible de cambiarle sus circunstancias, a no ser que se quiera reescribir o desvirtuar.

¿Cómo van a ser adolescentes cubanos de ahora mismo esos estudiantes de secundaria amantes del rock and roll?

Esperábamos, por lo menos, una propuesta digna. Pero para colmo las actuaciones en sentido general tampoco están a la altura. Parece más bien una representación de aficionados o de un taller de actuación.

Algunos de los intérpretes bailan bien (muchos son bailarines profesionales), otros cantan aceptablemente, los hay que no están mal en sus caracterizaciones… pero nada cuaja. Los desempeños son muy desiguales.

Esta Vaselina, francamente, tiene muy poca consistencia.

Se presenta los fines de semana, en los horarios habituales.

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