El Club Antiglobalista: ¿Están tumbando las estatuas del osito Misha?

El Club Antiglobalista: ¿Están tumbando las estatuas del osito Misha?
Fecha de publicación: 
4 Diciembre 2020
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Los últimos escenarios evidencian una dinámica inédita en el marco comunicacional de la práctica política, que deberán anotarse como parte de un entendimiento de hacia dónde van determinadas agendas.

La actividad esencial de la guerra es la destrucción, no necesariamente de las vidas humanas, sino del producto del esfuerzo humano.

George Orwell (1984)

He leído, como parte de mi preparación personal, el libro de Vaclav Havel sobre la revolución de terciopelo en República Checa, también consulté los diferentes autores que abordaron el fenómeno de la caída de Nicolae Ceaucescu en Rumanía y en otros escenarios de Europa del Este. Para quienes ignoren la naturaleza de las revueltas de colores y el manejo de ciertas ideas por parte de una élite planetaria, estos procesos pudieran parecer “espontáneos”, o quizás hasta “propios de la identidad cultural particular de esos pueblos”. Curioso que el mismo sistema que internacionaliza una sola forma de ver la cultura y la política, realice ingenierías sociales y propicie revoluciones basadas en tales colores de la diversidad.

Como ciudadano respetuoso de la libertad de expresión, creo que el diálogo, el entendimiento y la coexistencia pacífica de las ideas son las bases del progreso verdadero. Jamás el totalitarismo, ni la implantación de una bandera única. Sin embargo, frente al uso interesado y tendencioso de las nociones de lo inclusivo y lo diverso, en pos de una agenda global, hay que generar la conciencia de una identidad nacional resistente que reúna a todos los factores del patriotismo, del alma de la nación. Los que han impulsado los traspasos de poder, pasan de inmediato a financiar un conjunto de políticas impopulares que tienden a rebajar la soberanía individual y colectiva, al colocar los recursos de tales territorios al servicio de las empresas que están detrás de las finanzas de las revueltas, conmociones, dizque populares.

Esta vez no están tumbando las estatuas del osito Misha, sino que, incluso, podremos encontrar, entre quienes se dicen revolucionarios, a la hoz y el martillo, a la imagen de Trotsky, a la palabra comunista; pero como la fruta prohibida del Edén, al ser mordidos hallamos que por dentro está Adam Smith (en el mejor de los casos). El apelativo a que el verdadero relato de la izquierda es el que financia Soros, pretende dejarnos huérfanos de militancia, de espacios de participación y confluencia, donde por último acontecería la muerte de la política tal y como la hemos entendido.

Es necesario que la democracia exista, se perfeccione, sea legal mediante mecanismos que garanticen el derecho a la protesta, al disenso, al debate, a la otredad; pero no que se utilicen tales referentes universales para ir en contra de la democracia misma. Porque sin Estado de Derecho, no habrá derecho alguno y acabaremos en la era de la barbarie de la que tanto nos advirtió Hobbes, esa en la cual los hombres están unos contra otros, sin contrato social y que terminaría en baños de sangre y favoreciendo las peores alternancias. En un país que mira hacia adelante, tendrá que haber un diálogo con todos, como lo plantaba Martí desde la génesis de la cubanía, pero teniendo en cuenta que hay cláusulas intangibles en nuestra Ley, como lo son la soberanía, la independencia, la inalienabilidad de los derechos colectivos consagrados en un proyecto que aboga por la seguridad social, el asistencialismo y lo inclusivo de la atención ciudadana. Irnos al neoliberalismo, aunque ahora no se nos diga por parte de la propaganda, traería consigo la reducción drástica, dramática y cruel de determinadas facilidades tangibles, que hoy compartimos.

La cultura del cambio flota entre nosotros, pero como los chamanes en la pradera, tendremos que convocarla para bien y no en forma de caos. Resulta que algunos ven en las drásticas volteretas su ganancia de pescadores, sin que se piense en qué será de lo que llamamos colectivos, grupos vulnerables, futuro, niñez, ancianidad. Para ellos debemos pensar, en primera instancia, si bien resultan cruciales aspectos como la conciencia ciudadana, la libertad artística y cultural, el derecho de los creadores a exponer, escribir, hablar, sin que los estigmatice ninguna conciencia retorcida o paralitica.

Ya no se trata del osito Misha, sino de la lucha contra identidades que han sido resistentes y residen en los intereses nacionales (en el hemisferio estamos presenciando una ola de protestas guiadas a través de las redes sociales, en las que una masa desorientada crea el caos que luego vienen a “ordenar” las ONG del gran capital por encima de la institucionalidad, la soberanía y las leyes particulares del país). El caso cubano, lo saben los ingenieros sociales, pudiera generar un efecto dominó, en tanto la cultura del archipiélago representa una modernidad en el entendimiento de los derechos humanos que aún no ha sido contestada, mucho menos destruida por los adláteres del gran sistema global totalitario. Por ende, los factores nacionales deberán tener conciencia de que no es un simple conflicto local, ni regional, que no se trata de la revitalización del diferendo, sino que el asunto va más allá de la izquierda y la derecha tradicionales, al proponerse la disolución de la soberanía en un nuevo paradigma imperial de dominio, que subsume a las identidades en un solo vacío existencial antihumanista.

El traspaso civilizatorio en América no tendrá en cuenta la felicidad de esos mismos actores sociales que hoy se levantan contra el espejismo de nuevos ositos Mishas. La ceguera política, la ingenuidad, el malsano interés personal, la incoherencia argumental y determinados intereses supra; impiden que se llegue a una confluencia democrática real, en la cual cada uno sea respetado por su esencia, en torno a su entidad y no por quiénes los patrocinan de uno y otro bando. Lo peor sería la ruptura del contrato social y la caída en el caos, en el hombre lobo del hombre, en el darwinismo social o la sección maltusiana del régimen mundial que subrepticiamente se imponen. En momentos de crisis, nos queda apelar a que somos nación y que, con diferencias, debemos sentarnos a una misma mesa de diálogo, con los intereses comunes en una primerísima instancia.

En el libro El poder de los sin poder, de Havel se hace apología a cierto hipercriticismo inconformista que vendría siendo la base de la rebelión hacia una sociedad de mercado, sin embargo, una segunda entrega de dicho volumen, de ser consecuente, debiera abordar cómo ese neoliberalismo sistémico, una vez en el poder, cercena las mentes pensantes de esos mismos, que siguen sin poder. La fórmula no tendería a ser una elección entre varios males posibles, sino entre las mejores opciones. 

Havel murió aclamado por los ricos, por los medios de prensa de la corriente mainstream, se le colocó en el plano de un héroe ciudadano, de un modelo a seguir. Pero la contraparte de las sociedades europeas que aplicaron reformas de choque no se refleja en tales notas encomiásticas, sino que al contrario, se ha diseñado un nuevo telón de acero que, sin que esté regido por el osito Misha, es muchísimo más efectivo y totalitario, en tanto ejerce la tiranía del no pensamiento en el campo de la cultura.

La fórmula se resume en la democracia real y la defensa de la nación, frente a la pretendida muerte de la política y el Estado como garante de orden y derechos. Otra propuesta no solo eliminaría los espacios de confluencia, sino que colocará nuestras vidas en manos de quienes lucran y mercadean con el dolor ajeno.

 

 

 

 

 

Comentarios

La década de los 90 fue difícil para los cubanos, pero lo fue también difícil para el antiguo campo socialista, todos perdimos de un plumazo sierto estatus económico que no se recuperó, y solo debieron cambiar a sus viejos líderes ya obsoletos, pero fue la oportunidad que tubo el capitalismo para imponerse, y lo logró ,ahora miles de ciudadanos de europa del este son vistos como de segunda en los países que no los quieren de inmigrantes, cambiemos pero nosotros mismos que el imperio no meta sus manos porque le desgraciaremos la vida a nuestros nietos.
Amigo claro que hay que cambiar pero en este momento y después de ver la chapuseria que nuestros pensadores pensaron y que les tomo 10 años de análisis te aseguro que el futuro de los nietos esta jodió. Porque se han tomado desiciones q casi nadie entiende que rayan lo antipopular y que Fidel nunca hubiere estado de acuerdo con ellas. Ojala y la historia borre de mi tanta incertidumbre.
resp a pan con pasta

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