El Club Antiglobalista: ¿De qué color es la próxima revolución?

El Club Antiglobalista: ¿De qué color es la próxima revolución?
Fecha de publicación: 
18 Diciembre 2020
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En una entrevista acerca de la ideología globalista de la sociedad abierta, Vladimir Putin decía, acertadamente, que es peligroso para cualquier nación estar en una lucha constante, en revueltas de diversos colores e ideas. El presidente, de seguro, no se negaba a aceptar el papel del progreso y las metas, sino a cierto seudo progresismo que se está construyendo desde hace décadas y que hoy se impregna a través de las redes sociales, en una operación de ingeniería en masa con los milenials. ¿Cuáles son las bases y finalidades verdaderas de tal “movimiento”? Desde que se creara la Open Society y mucho antes, con el Proyecto de Control Mental MK Ultra, se sabía que el próximo golpe a la libertad no vendrá desde un discurso derechista, sino apelando al cosmopolitismo, a lo que se conoce como New Age o ideología de la Era de Acuario, muy popular entre los hippies, y que ha venido a sustituir la conciencia de clase real en el mundo.

¿En qué consiste esta idea nuevaerista?, en un traspaso civilizatorio, cuya codificación en el programa de los integrantes del Foro Económico Mundial de Davos es el Gran Reseteo de la Economía y la Sociedad Mundiales, en aras de un nuevo orden basado no en la convención moderna de los Estados soberanos, sino de una agenda globalista o gobierno único dictatorial que, “por el bien de la humanidad”, legislará estatutos de “desarrollo”. Este lema se presenta ante la opinión pública como un soft power “revolucionario” y progre, cuando en verdad esconde las más oscuras necesidades de supervivencia de la élite, aterrada ante el desastre económico que ella misma ha creado. Burbuja bancaria tras otra, el financismo no puede dar un paso más, ya que no cuenta con una economía real que lo sustente; por ende, es necesario introducir cambios drásticos en la masa de las personas, ya que no se harán modificaciones en el reparto de las riquezas.

La llamada Era de Acuario tiene, como idea central según todos los manifiestos hippies, movimientos sociales progres, canciones, tendencias culturales, la renuncia a la trascendencia religiosa. Con ello, se nos plantea un nuevo orden fundado en la abdicación a la dignidad que le confiere a la persona la posesión de un alma.

Resulta que, como se sabe, en la base del derecho tradicional, y sobre todo en Occidente, está el cristianismo, que le confiere a la persona, en teoría al menos y solo por nacer, un carácter ideológico de inviolabilidad. Esto se conoce como la doctrina del derecho natural. Pero, en un  mundo donde al humano se le tratará como desecho, no es conveniente a la élite que existan ideas ni promesas de que una persona es mucho más que su cuerpo o que vale más allá de su mano de obra.

Para derribar los muros de la vieja idea y erigir la nueva, surgen corrientes en las academias vinculadas al posmodernismo, como la deconstrucción, los análisis estructuralistas y todos los enfoques que segmentan la realidad y la opacan en lugar de esclarecerla. A los milenials los han hecho a la medida de un entendimiento donde no prima la razón, ni lo argumentativo, sino las emociones, el “sentirse bien o mal”, “aceptado u oprimido”. Las nuevas políticas están orientadas a avivar ese nuevaerismo en las futuras generaciones, donde la persona crea constantemente que por sí misma nada vale y que deberá hallar sentido grupal en un poder supra que la controla, le dice lo correcto y, sobre todo, la protege de las “opresiones”.

En esa noción se basa el seudo progresismo que hoy hace o intenta las revueltas de colores. Podremos ver, entre las enseñas de quienes se lanzan, a Trotsky por ejemplo y ello tiene una explicación desde el nuevaerismo y la ideología de la sociedad abierta: como el teórico marxista ruso habló, en su momento, de la revolución permanente, ello se aviene a la perfección con el uso de este término en el derribo de gobiernos por parte de los gerifaltes de la Open Society vía movilización de color. A la vez, utilizan a Trotsky como contrapartida al marxismo que ellos llaman “duro” o de “sociedades cerradas”, en realidad países socialistas que no convienen al sistema neoliberal que financia esta ola de Acuario y su forma progre de accionar. La dicotomía Trotsky/Stalin esconde las nociones, enarboladas por George Soros, de lo que es abierto/cerrado.

La Era de Acuario critica el cristianismo, pero no al sistema, desvía las causas sociales hacia segmentaciones que no son determinantes en la caída o la existencia de estamentos que sí oprimen. El trabajo cultural de zapa nos trae de regreso a una etapa del pensar humano, donde perdemos las brújulas y cualquier cosa vale y es verdad, mientras uno se sienta “cool”. El colmo de tales ideas sería la recreación de una realidad virtual que vendría, en un futuro, a sustituir la tangible, donde se abolirá todo aquello que “nos oprime” ya venga determinado por el sexo, el color de la piel, una discapacidad o lo que sea. Y con ello no se niega el valor de la ciencia para mejorar la condición humana, sino hasta dónde llega el progresismo real de esta Era de Acuario y cuándo comienza a alienarnos, convirtiéndonos en futuros zombis. La ideología de la sociedad abierta, de Popper y Soros, es precisamente, “abrir” todo aquello que esté “oprimiéndonos” “cerrándonos” y bajo esa excusa de que no se puede ser tolerante con el intolerante es que se lanzan las bulas y las revueltas de colores allende el mundo.

Ante este panorama, las derechas tradicionales, nacionalistas y conservadores de la vieja guardia, han recogido el batón de la resistencia antiglobalista. Por otro lado, los proyectos sociales realmente revolucionarios, la llamada vieja izquierda, deberán desarrollar criterios de superación y contener el falso halo progre de las revueltas de colores. La respuesta está en que las banderas de la libertad no sean secuestradas ni por la derecha dura y conservadora ni por la otra soft power que representa el traspaso dentro del sistema hacia una dictadura que abolirá el ya endeble liberalismo moderno.

La cultura de la fragilidad, también llamada de la cancelación, no es otra cosa que el uso de la industria del ocio y de las ingenierías sociales para acallar las voces críticas que, desde el marxismo real o desde la derecha dura, pudieran ser un freno a la agenda globalista. El poder corporativo ha copado los espacios de reflexión, llevándolos más bien a seudo iglesias sin Dios, donde se le rinde culto a la alienación y el divertirse. Ejemplos cercanos, en el panorama de la Cuba de hoy, ya son harto conocidos. Este paradigma bonsái y rastrero, esa falsa conciencia de clase o de raza o género, son las armas, los caballos de Troya que esconden un nuevo panorama de dominación/hegemonía.

En este trastoque de las verdades, en ese perderse laberíntico, está la sombra interesada del caos que sirve de pretexto y antecede a las revoluciones de colores y la imposición de un nuevo orden, en el cual se llegará “al fin” al progresismo. La apuesta de Soros es a generar el caos del cual él es el único beneficiario (y los de su clase) y para eso destruye instituciones como la familia nuclear, las relaciones de procreación heterosexuales, las identidades genéricas, los particularismos nacionalistas y las leyes soberanas. En ese infierno ardiente que es ya buena parte de mundo se basa el reinado de la sociedad abierta,  o sea globalista, cuyas metas están definidas para el 2030: un mundo sin propiedad privada (en realidad con la mayor concentración jamás vista en poquísimas manos, dado el hundimiento al que se sometería al pequeño y mediano empresario), dependencia absoluta de las ayudas y subsidios de los organismos internacionales y de las ONG tipo Open Society en materia humanitaria y de salvamento, aplicaciones psicológicas y de convergencia para el control mental y, por último, abolir la condición humana.

El reseteo no se hará con un interés progresista, aunque así lo prediquen algunos movimientos, sino para generar el puente entre el hoy y el mañana y hacerlo lo más rápido posible. Quien haya leído lo suficiente sobre Davos y su gente, sabe que lo que allí se trama, está lejos de ser humanismo y bondad. Los tontos útiles, los hoy llamados “la nueva izquierda”, seguirán jugando al trotskismo en las calles, mientras Soros y compañía se afilan los dientes a la sombra.

 

 

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