Vocablos: Zangolotino
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Es una palabra llena de vida y movimiento que indica energía e inquietud. No es de uso común, por eso y por lo musical que tiene, me llama la atención.
De acuerdo con el Diccionario de la Lengua Española disponible en Internet, se trata de un adjetivo coloquial, también usado como sustantivo, que hace referencia a una persona joven, aniñada o infantil en su comportamiento y en su mentalidad, pero no dicho con desdén, sino con cariño, con la ternura de la abuelita que mira a su nieto siendo feliz con su ajetreo incansable.
Este término muy expresivo proviene del verbo “zangolotear”: Moverse (objeto o persona) de un lado a otro de manera continua y sin un fin determinado. Y según leí por la web, se deriva de la onomatopeya “zangl”, que, dicen, imita el sonido de un balanceo o movimiento persistente y violento del cencerro, de campanas, cascabeles, cualquier repiqueteo.
Su origen etimológico, que data de varios siglos, radica en “zangala”, una voz antigua que imitaba el retumbo metálico del ganado o el traqueteo de objetos sueltos. Su historia es casi musical, nacido del sonido que era interpretado algo así como “zan-gan”, y luego se le unió sufijo y demás para caracterizar.
La lengua española posee una riqueza tremenda. Académicos definen esta palabra como ideal para indicar que rezuma bullicio, travesura y que posee la energía imparable de la juventud. Un zangolotino (o zangolotina) es, por tanto, una persona joven, infante, que se identifica por su algarabía. No es simplemente un individuo, sino uno que a su corta edad demuestra una dosis extra de vivacidad. Por ejemplo, el niño que no deja de moverse en su silla, el grupo de adolescentes revoltosos que camina por el medio de la calle entre risas y juegos.
Esta palabra, zangolotino, me recordó una muy usada comúnmente con un poco de desaire: zangaletón. No hizo falta nada más compararlas para encontrar que cuentan con la misma raíz onomatopéyica. El idioma es asombroso porque nos deja maravillas como estas, dos términos que comparten familia léxica y poseen matices de significado distintos pero conectados.
Mientras zangolotino es inquietud juguetona, caos y energía vista con optimismo y afecto; zangaletón es pereza, desgana, una persona con actitud holgazana que emite ruido no tan estruendoso sino lento, o sea, es su contrario. Lo usamos con frecuencia para calificar a un “grandulón” desubicado que se cree niño, alguien que está demasiado crecidito para su comportamiento. Este ejemplo demuestra la riqueza de la lengua española y su flexibilidad porque una sola imagen acústica originó expresiones tan vívidas y contrapuestas.












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