Un sueño en la profundidad del mar

Un sueño en la profundidad del mar
Fecha de publicación: 
7 Junio 2020
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El 5 de diciembre de 2008 la Asamblea General de las Naciones Unidas resolvió en la Resolución 63/111​ que a partir de 2009 el 8 de junio sería el Día Mundial de los Océanos.​ El trabajo de la fotógrafa Marah Góngora se suma a las iniciativas para fomentar una cultura medioambiental.

Marah Góngora es locutora, actriz, presentadora... y también es fotógrafa. Buena parte de su creación en ese ámbito está consagrada al mar. Una de sus más recientes series, Oníricas, recrea un mundo submarino de singular lirismo, un mundo para salvar.

«El océano es el escenario para una historia: un encuentro mágico entre humanos y cetáceos —dice. Cada fotografía es como el fragmento de un sueño. La reconciliación entre una mujer, que representa algo más que la belleza, y… un delfin. El personaje está sumergido en la realidad del cetáceo,  extiende su mano amiga y nos convida a percibir un silencio casi fantasmagórico pero seguro y apacible donde las imágenes  agradecen la luz natural».

Según Marah, «la presencia de Yenia   Expósito Linares, entrenadora del Acuario Nacional de Cuba es esencial. Ella protagoniza junto a sus delfinas Aloha y Zhinana este espectáculo. La serie fotográfica se ha convertido en un llamado a la protección del medio ambiente, la flora y fauna marina desde el arte».             

—¿Cuáles son los retos técnicos para asumir este tipo de fotografías? ¿Cuáles han sido los desafíos personales?

—Más que retos técnicos, hay un nivel de entrega espiritual y una conexión tal, que no encuentro palabras para describirlos. La pasión con la que me entrego para cada pieza, esa lucha constante contra el tiempo, tan escaso que desearía multiplicarlo. 

«Crezco como fotógrafa todos los días estudiando el manejo y especificidades desde la tecnología de este arte, pero lo esencial es tener el poder de transmitir emociones y sentimientos a través de una imagen: ese es el principal reto.

«En la serie me acerqué al mundo de los delfines y sus entrenadores. Deseaba contar una historia mediante peinados, maquillajes y vestuarios confeccionados por mí. 

«Sentía curiosidad por la manera en que los seres humanos pueden "comunicarse" con otras especies sin afectar su hábitat, utilizando el lenguaje corporal».

—¿Hasta qué punto «coreografía» este trabajo fotográfico? ¿Cuánto hay de preparación previa y cuánto de espontaneidad?

—Quiero dibujar con mi cámara una historia que ya está ligada a mi vida y a la de otras personas, cercanas o no. Cuando asumo un nuevo proceso creativo primero diseño mi historia y ubico a los personajes que intervienen. Hago mis bocetos, «trazo» cada situación e imagino olores, veo nuevos colores, siento música en torno a esa imagen... En fin, dejo crecer la inspiración.

«La selección de los actores —en este caso actrices— es la parte más sencilla. Soy actriz y reconozco desde el primer instante quiénes pueden contarme su experiencia sin trabas y no se dejan intimidar por la presencia de una cámara fotográfica. 

«En la mayoría de los casos construyo la escenografía a partir de lo que encuentro a mi alrededor. Me fascina trabajar con la luz natural. Descubro los espacios por azar; trato de no repetirme... pero el mar es casi obligatorio. Aunque nací en la mediterránea Camaguey, desde el 2013 vivo muy próxima al mar.

«En Oníricas, trabajamos en el Acuario Nacional de Cuba, a su colectivo le estaré eternamente agradecida por todo su apoyo. Para que las delfinas Aloha y Zhinana actuaran con fluidez fue imprescindible la labor de la entrenadora Yenia Expósito Linares: ha trabajado por varios años en este centro y asumió este nuevo reto fascinada por el proyecto.

«El desafío era sumergirse con trajes de bolsas de plástico y lograr que las delfinas interactuaran. Ese proceso duró aproximadamente tres meses hasta que por fin las delfinas estuvieron listas.

«Entonces logramos nuestro objetivo, en cinco sesiones fotográficas».

—¿Cuáles son las motivaciones? ¿Por qué ese «diálogo» entre el ser humano y el animal?

—Debo decir que la principal motivación fue la preocupación sobre el futuro de nuestros  hijos. Ellos deben aprender a cuidar el medio ambiente, todo lo que podamos hacer hoy en ese sentido es poco. Es por eso que el llamado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para trabajar juntos en la preservación de los océanos, sin importar nuestras nacionalidades, no pierde vigencia.

«Debemos evitar, por ejemplo, que en el 2050 haya más plástico que peces en el mar. Esto resulta realmente alarmante. Las investigaciones científicas revelan que el 80% de los desechos que arrojamos al mar son plástico, lo que se traduce en un vertimiento incontrolado de este material que llega a superar los trece millones de toneladas al año. Es la causa de que miles de cetáceos mueran en similar período de tiempo por inanición, luego de la falsa sensación de saciedad ocasionada por la obstrucción de su cavidad digestiva. Otros tantos que lo ingieren y logran sobrevivir, se ven seriamente afectados por los componentes tóxicos del material. 

«Con mi trabajo intento fomentar la conciencia medioambiental, tanto en niños como en adultos. Paralelamente, la manera en que esta realidad subacuática ha sido plasmada en instantáneas, aporta un enfoque hasta cierto punto novedoso en el panorama de la fotografía cubana contemporánea, pues trata el tema desde el llamado "Fine Art". La belleza en función de un mensaje».

Comentarios

Precioso el trabajoo de Marah, excelente profesional
mmartinezduliet@gmail.com

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