Rumbo a Tokio: Preselección cubana, seguridad versus incertidumbre

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Rumbo a Tokio: Preselección cubana, seguridad versus incertidumbre
Fecha de publicación: 
12 Agosto 2020
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Esperemos que el gris del Coronavirus no pueda más que la luz de la llama olímpica.

La alerta está sobre todos con ribetes rojos. De hecho, en casi cinco meses desde que el Coronavirus dijo presente en cuba, nunca habíamos tenido una jornada de 93 casos. Eso sucedió este lunes, con La Habana adueñándose de 76 de ellos.

Toca ser un tanto más precisos. Habana del Este con 21, además de tres eventos de transmisión abiertos, y tres de Boyeros.

Muchos se preguntarán el porqué de esta introducción pandémica si en definitiva nuestras líneas van de deportes.

Bien sencillo. Imaginen que durante todo este tiempo nuestra preselección olímpica, la cual ronda los 250 efectivos ha tenido que trasladar, con todas las dificultades en materia de infraestructura y recursos que esto conlleva, su escenario habitual de entrenamiento a casa.

Con semejantes limitaciones mantener o no distanciarse mucho de la forma deportiva se antoja harto difícil. Pero lo esencial, y en consonancia más sensato con la situación que vive el país en este retroceso, y fundamentalmente la capital, es preservar al máximo la salud de nuestros atletas.

Por eso las máximas autoridades del Inder se pronucciaron rápidamente respecto al retorno de los preseleccionados olímpicos a sus respectivos centros de entrenamiento de Alto Rendimiento, el cual estaba previsto para el próximo sábado 15 de agosto:

“El regreso de La Habana a la fase de transmisión autóctona limitada, a partir de la situación provocada por la COVID-19, hace necesaria la posposición”, explicó José Antonio Miranda, director general de alto rendimiento de ese organismo.

“Lo aprobado hasta ahora como alternativa es que los miembros de las preselecciones élites que radican en las otras provincias utilicen las instalaciones disponibles para dar continuidad a la preparación que mantuvieron en casa”, precisó.

El experto recordó que la pretensión inicial era concentrar a los atletas clasificados o fuertemente comprometidos con los Juegos Olímpicos de Tokio, a quienes ahora los técnicos asignarán tareas ajustadas a las condiciones que propician las etapas aprobadas para sus territorios.

“Se valoran otros pasos, cuya implementación dependerá de cómo se comporte la situación en La Habana”, concluyó.

Así se pronunciaron las máximas autoridades del deporte en nuestra nación, decisión sabia, sensata y consecuente con otra arremetida contra el virus que todas las autoridades y el sistema de salud cubano emprenden en este minuto.

Y créanme que la situación amerita medidas de contingencia. Imagine usted que los Centros de Entrenamiento de Alto Rendimiento se concentran precisamente en los municipios de Habana del Este y Boyeros, en La Habana, y Caimito en Artemisa, este municipio limítrofe con Bauta y el Mariel en la propia provincia, los de situación más compleja con respecto a la Covid-19.

Hablamos no únicamente de mover a esos atletas de un entorno seguro en sus hogares y provincias hacia uno más vulnerable, el que por demás debe ser debida y estrictamente preparado con todos los protocolos pertinentes para cumplimentar su preparación sin pensar en riesgos de contagio, o en los más mínimos posibles.

De ahí que igualmente haya sido una sabia decisión, de conjunto con las autoridades deportivas de cada territorio darles la posibilidad a estos atletas involucrados en el proceso de clasificación olímpica y otros de perspectiva inmediata, de entrenar en las instalaciones deportivas con que cuentan en sus respectivas provincias.

Algo que, si bien no es lo ideal, de seguro contribuirá a elevar en buena medida los niveles que intentaron mantener todos a domicilio.

Tokio se tambalea, ¿los Juegos penden de un hilo?

Ciertamente la situación de incertidumbre que ronda la preparación de nuestros preseleccionados olímpicos no es un fenómeno exclusivo nuestro. Si bien ya incluso en el mundo se comenzó a competir, un velo tambaleante ronda sobre Tokio, y la posibilidad de un nuevo postergamiento de la fecha de las olimpiadas.

Si analizamos el comportamiento de la pandemia del Coronavirus vemos cómo muchas de las principales potencias deportivas del orbe han sido de las más afectadas por la enfermedad.

Al momento de redactar estas líneas Estados unidos superaba los cinco millones de casos, Brasil los tres millones, Reino Unido los 310 mil, Rusia se acercaba a los 900 mil, Alemania a los 220 mil.

China presentaba casi 89 positivos al Sarf Cov-2, y Japón, la sede, superaba los 48 mil, con aparición de casos en ligero aumento en la última semana.

Pero no se trata solo de una cuestión meramente asociada a la Covid-19.

Hay otras que por lógica se desprenden cuando se habla del mayor evento deportivo mundial:

  1. Aseguramiento por parte del Comité Organizador de la cita de conjunto con el COI.
  2. Presupuesto destinado a la organización de los Juegos.
  3. Atracciones y cantidad de espectadores en las sedes de cada competencia, y lo que resulta medular por la magnitud de los espectáculos, en las ceremonias de inauguración y clausura.
  4. Derechos de transmisión televisiva de los Juegos.
  5. Presencia y fidelidad de los patrocinadores en su acompañamiento a la cita.

Todas, en mayor o menor medida, con alguna relación directa a la variable Don Dinero, que en definitiva mueve y moverá buena parte de los hilos.

En el siguiente artículo publicado en nippon.com el periodista Takigushi Takashi esgrime algunos argumentos:

… Aunque Tokio 2020 se perfiló originalmente como unas “olimpiadas compactas”, al final no se logró reducir su escala y se prevé que serán las más completas de la historia, con un total de 33 disciplinas y 339 competiciones.

A finales de junio, el Comité Organizador de Tokio 2020 y el Comité Olímpico Internacional (COI) presentaron a las federaciones deportivas internacionales una propuesta para reducir gastos. Aunque aún no se han publicado los detalles, se presume que los recortes se efectuarán con las siguientes medidas: acortar el calendario del relevo de la antorcha olímpica, reducir el número de atracciones y participantes de las ceremonias de apertura y clausura, limitar la estancia de los deportistas en la Villa Olímpica y restringir la asistencia del público espectador.

El plan, sin embargo, se está topando con numerosos inconvenientes. El 6 de julio, el presidente del Comité Organizador de Tokio 2020 Mori Yoshirō admitió ante la prensa que reducir la escala y la duración de la ceremonia de apertura resultaba difícil a causa de los derechos de transmisión televisiva. Simplificar el acto dejaría un vacío en la franja de emisión acordada y conllevaría una multa por incumplimiento de contrato con las cadenas, que pagan sumas estratosféricas por los derechos de transmisión. La responsabilidad de cubrir el coste de la sanción recaería sobre el Comité Organizador.

Las plazas para los espectadores deberían reducirse para evitar la concentración como medida preventiva contra el contagio. Aunque un buen número de patrocinadores y agentes asistieran a las pruebas, limitar o eliminar el público general de las competiciones mermaría la exposición mediática y perjudicaría los resultados publicitarios para las empresas. El relevo de la antorcha olímpica también implica la colaboración financiera de conocidas firmas de dentro y fuera de Japón, por lo que el Comité Organizador no puede acortar el calendario y la ruta como se le antoje.

La mayoría de los contratos de patrocinadores que ahora están en vigor expiran a finales de diciembre de 2020. Puesto que en breve habrá que empezar a negociar para extenderlos, no es un buen momento para plantear nuevas condiciones que perjudiquen a los patrocinadores.

Mientras no se determine el número de plazas para los espectadores, no pueden decidirse otros aspectos de la gestión de los Juegos, como la construcción de las instalaciones provisionales para las competiciones, la asignación de personal de vigilancia y voluntario, el plan de desplazamiento del público, el control de ingreso en Japón o las medidas antiterrorismo. Cualquier cambio en esos factores repercutirá, lógicamente, en el presupuesto. Es evidente que las restricciones que imponen las colosales “olimpiadas comerciales” están lastrando los preparativos…

Siguiendo en esta cuerda de profundización, si analizamos los números tenemos que:

… El gasto total invertido en las olimpiadas a finales de 2019 ascendía a 1.35 billones de yenes: 603.000 millones de yenes del Comité Organizador (sin incluir el fondo de reserva de 27.000 millones de yenes), 597.000 millones de yenes del Gobierno de Tokio y 150.000 millones de yenes del Gobierno central. A las partidas mencionadas se suman los costes añadidos de la posposición del evento, que se estiman en otros cientos de miles de millones de yenes.

Los ingresos que recaudará el Comité Organizador por la venta de entradas sumarán 90.000 millones de yenes, pero la cifra se verá diezmada en el caso de que se opte por reducir el público o prescindir de él. Está previsto que el Gobierno de Tokio cubra las pérdidas en las que pueda incurrir el Comité Organizador y, si no pudiera asumirlas en su totalidad, el Gobierno central financiaría el resto.

Sin embargo, más del 90 % de los fondos de reserva de ajuste de financiación pública —los “ahorros” de Tokio— ya se han gastado en las medidas contra el coronavirus, por lo que solo quedan 80.700 millones de yenes. El Gobierno central, por su lado, también ha invertido cantidades ingentes para hacer frente a la pandemia.

Las finanzas olímpicas se hallarán en la cuerda floja a menos que se logre recortar los gastos de organización. Si eso sucede, es posible que los ciudadanos japoneses deban pasar muchos años subsanando la “deuda” de los juegos con sus impuestos…

Al decir de Yoshiro Mori, presidente del Comité organizador de los Juegos, Japón confía en que la cita pueda desarrollarse entre el 23 de julio y el 8 de agosto, confianza que también apoya el máximo organismo deportivo universal.

Solo que se destaca una Caja de pandora de interrogantes, de las cuales muchas aún carecen de respuesta puntual, pues derivarían del comportamiento del Virus en los próximos meses.

"Sería demasiado para nosotros responder a cada una de estas preguntas hipotéticas. No creo que esta situación dure un año más, espero que la humanidad pueda vencer al coronavirus y para ello es necesario encontrar una vacuna", expresó Mori en una entrevista.

El COI adelantó que una de las medidas preventivas será simplificar los Juegos para ayudar a reducir los altos costos, pero no aclaró si habrá espectadores en las competencias, que incluirán a 11.000 atletas olímpicos y 4.400 paralímpicos distribuidos en 42 sedes.

De vuelta a Cuba, con 41 clasificados hasta este minuto, se estima que acuda a Tokio con una delegación cercana a los 80 atletas. Cifra que, en caso de clasificarse el béisbol, pudiera superar el centenar.

La idea está clara. Con todo lo incierto que se presenta el panorama actual, cuando el Coronavirus azota al mundo con más de 20 millones de casos, y el contexto deportivo no ha estado exento de su poder de fuego, hay algo que siempre será una premisa o máxima en el proceder del movimiento deportivo cubano:

La salud de los atletas por encima de cualquier otro contrario, sea incertidumbre, inestabilidad, o en este caso pandemia.

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