La biblioteca que sueña Omar Valiño

La biblioteca que sueña Omar Valiño
Fecha de publicación: 
30 Marzo 2021
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El crítico, ensayista, editor y profesor cubano Omar Valiño Cedré (Santa Clara, 1968) asumió en diciembre de 2019 la dirección de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí. Este año se cumplen dos importantes aniversarios: el 120 de la fundación de esa biblioteca y los 60 de las célebres Palabras a los Intelectuales que pronunció Fidel en su sede. Sobre los actuales desafíos de esta emblemática institución, sus proyecciones y su rol en el panorama artístico y literario de la nación conversamos. 

—Más allá de su rol en la preservación de un patrimonio concreto, ¿cómo se posiciona la Biblioteca Nacional José Martí como centro cultural, como centro de irradiación de cultura?

—En dos sentidos. El primero sería tener claro qué hacer con el conocimiento, que no es simplemente “conservarlo”. Habría que justipreciarlo. Darlo a conocer. Difundir lo que cada biblioteca posee. Orientar al lector. Facilitar el acceso a ese conocimiento. Esa justipreciación tiene varios niveles. Eso lo saben los investigadores. Una biblioteca es por antonomasia el espacio soñado para “perderse”. Recuerda aquel pasaje de Borges en el que él se imaginaba el paraíso como una biblioteca. Difundir entonces lo que hay dentro de una biblioteca, y hacerlo cultura en el imaginario social, es una de las grandes tareas.

La otra radica en que la biblioteca es un “techo” magnífico para acoger cuantas se quieran de las acciones culturales, y no circunscribiendo la cultura en sus términos artísticos y literarios. La biblioteca (y por suerte ésta cuenta desde su instalación en este edificio, que fue construido para acogerla, con espacios para la realización artística y cultural: galería, teatro, salas polivalentes) tiene un propósito permanente de proyección cultural: literatura, ciencia, música, artes visuales…

—Y habría que sumar a eso el valor simbólico de esta biblioteca, escenario de tantos hitos de la cultura nacional…

—Esta biblioteca (y me refiero ahora a la instalación de la Biblioteca Nacional en este edificio, que implica aproximadamente la mitad del camino de su existencia), con la llegada de la Revolución y de las direcciones femeninas iniciales, se abrió a la gente, a usuarios que jamás habían pisado una institución como esta. Y lo hace no solo para ofrecer los servicios habituales, sino para desarrollar también una extraordinaria labor de extensión cultural. Durante los años sesenta la biblioteca se convirtió en un sitio de tránsito obligatorio de prácticamente toda gran figura de la cultura, en cualquiera de sus manifestaciones, que pasó por Cuba.

En los procesos culturales algunas instituciones devienen, más que otras, centros de irradiación por excelencia. Esta Biblioteca fue uno de esos centros en los primeros años de la Revolución. Los tiempos han cambiado, pero creo que la Biblioteca tiene que recuperar parte de ese accionar.

Este año es muy claro el subrayado, pues se cumplen seis décadas de las Palabras a los Intelectuales de Fidel Castro, que fueron pronunciadas aquí. Fueron tres jornadas de encuentro con escritores y artistas que culminaron con ese discurso. Ese acontecimiento le otorgó un gran simbolismo al rol de la Biblioteca Nacional José Martí, pues esa intervención trazó de alguna manera la política cultural de la Revolución.

Pero hay algo que siempre me gusta resaltar al hablar de los 120 años de la Biblioteca: aquí hay una particular riqueza, un acervo que nos define como cubanos. Pocos lugares cuentan con ese privilegio. Aquí hay un acumulado de conocimiento, creación, complejidad, densidad… que habla profundamente de nuestra identidad, y no de nuestros clichés. Ese el valor de ese largo proceso de atesoramiento, que no termina nunca. Es tan valioso lo que se conserva de siglos pasados como lo que se va agregando todos los días.

Ese es, para seguir con imágenes borgianas, el aleph poderoso que vibra en la Biblioteca Nacional José Martí.

—¿Hasta qué punto el nuevo contexto impone una renovación de las maneras de llevar una biblioteca?

—Es una tarea particularmente compleja. ¿Cómo sentir y trasladar el sentimiento, las visiones y los criterios de tantas personas valiosas en Cuba sobre el devenir de la Biblioteca y sus desafíos para los nuevos tiempos? ¿Y qué hacer para que, sin locuras, tratando de evitar errores, podamos sostener un diálogo que sea más práctico entre esos objetivos permanentes de la Biblioteca y lo que es necesario para responder al espíritu de esta época? Es necesario renovar el papel de la biblioteca para los tiempos actuales, de manera que niños y jóvenes tengan de nuevo en su retina el enorme valor de una institución como esta, que es algo que en alguna medida se ha perdido o ha pasado a un plano menor si lo comparamos con el de otros tiempos.

Es una ecuación compleja, porque hay que sumar las demandas y las posibilidades. Es necesario identificar las prácticas que han quedado atrás, que no volverán por los imperativos de los nuevos tiempos. Pero a la vez no podemos complacernos en la idea de que cualquier mal funcionamiento obedece a los condicionamientos de esos nuevos tiempos. Hay que proyectar viejas funciones de la biblioteca en nuevos soportes, a partir de nuevas ideas y con nuevas propuestas, que pueden parecer incluso atrevidas.

—¿Y cómo resolver esa tensión entre saber lo que se quiere o se debe hacer, y tener los recursos para hacerlo?

—Siempre, como en toda realidad cubana, uno choca con obstáculos de orden material, que aquí significan sobre todo tecnología y materiales, que suelen ser muy específicos, muy escasos y buena parte de ellos no se producen en el país. Los materiales y los insumos de la restauración y conservación, por ejemplo; esa es una actividad muy deprimida en esta Biblioteca y en todo el sistema de bibliotecas públicas.

Pero de todos modos hemos estado trabajando en soluciones que esos obstáculos no van a impedir. Pondré algunos ejemplos:

La sala Eliseo Diego para niños y jóvenes, que se inaugurará en julio, y va a recuperar esa entrada natural de los niños y los adolescentes al universo de la Biblioteca. Va a ser una sala que tendrá los libros de toda la vida, pero también va a estar dotada de nuevas tecnologías. O sea, será una sala como debe ser esa biblioteca que queremos. Ahí se podrán realizar muchas actividades de orientación vocacional y presentaciones artísticas.

Estamos reconstruyendo y dotando de nuevas posibilidades al teatro de la institución. Ahí vamos a celebrar importantes sesiones conmemorativas por el aniversario 60 de las Palabras a los Intelectuales. Ese teatro debe constituir también un punto de referencia cultural para las comunidades cercanas a la Biblioteca.

Y vamos librando —con mucha dificultad, hay que reconocerlo— lo que hemos llamado “la batalla digital”. Ahí queda mucho por hacer. Pero no nos podemos detener porque se precisa de una renovación del diálogo de la biblioteca con su público.

Vamos a contar con la mediateca, con nuevas condiciones. La gente podrá “trasegar” con enormes repositorios de material cultural, podrá incluso copiarlos. Y vamos logrando mejores niveles de acceso al patrimonio de la biblioteca a partir de los catálogos del portal digital, que tiene la tarea de seguir trabajando para que esos catálogos digitales se acerquen más a la cobertura de los catálogos físicos. Es el espejo del que hablaba: la gente tiene que encontrar ahí la primera puerta hacia el interior de la biblioteca.

Estamos renovando el mundo editorial de la biblioteca, en los dos soportes: papel y formato electrónico. Y tenemos muchos planes más, que por supuesto, chocan con esos obstáculos materiales… y a veces también con algunos obstáculos mentales. De todos modos, hay que proyectar una biblioteca inmediata, una mediata y una futura.

—¿En qué momento está el proceso de digitalización de fondos?

—Es un proceso continuo. Esa es su principal virtud. Está ahora concentrado en la digitalización de publicaciones seriadas. Es una de las tareas fundamentales del Programa Nacional de la Memoria Histórica. Muchos de esos fondos físicos están muy deteriorados. Hay mucho material acumulado, y en cierto sentido salvado. La digitalización salva. No es solo la posibilidad de distribuir y multiplicar esa información. El gran desafío es poner ese patrimonio en la red. Ahora está disponible aquí, pero el objetivo es que esté en internet, para que pueda ser consultado gratuitamente y con facilidad desde cualquier lugar de Cuba y el mundo.

—¿Hasta qué punto la biblioteca que ahora dirige se parece a la biblioteca que sueña?

—Alguien me preguntó hace poco, de una manera menos lírica, qué debía mejorar del trabajo de esta biblioteca. De esta y de todas las bibliotecas del país. Y yo le respondí con una sola palabra: todo. Todo debe mejorar. Pero no quiero que parezca una afirmación demagógica. Para cumplir con las funciones que nos corresponden hay que hacer y al mismo tiempo pensar cómo hay que hacer. Sin una serie de conceptos volcados en la práctica no lo vamos a lograr.

Recuerdo con gran beneplácito la Biblioteca Nacional de la que fui usuario. Estamos hablando de más de tres décadas atrás. Era aquella biblioteca que cerraba a las once de la noche. Pero aquel tiempo no se parece a este. La era virtual nos ha cambiado. Estamos ante un cambio casi de un modelo civilizatorio. Hay que pensar cómo la biblioteca puede ganar valor de conocimiento en el imaginario colectivo. Yo sentía que, a diferencia de otras instituciones de la cultura, la biblioteca había perdido cierta visibilidad. La gente tiene que saber qué es, dónde está y qué papel cumple una biblioteca. Y cómo servirse de ella, en el mejor sentido de la palabra. En eso estamos. Entre la pretensión de un futuro y el sueño nostálgico y muchas veces idealizado.

Para evitar los márgenes en la respuesta: estoy parado en esta biblioteca todavía lejos de la biblioteca que sueño.

Comentarios

Ha sido una muy buena decisión que Omar Valiño sea el director de la BNJM. Suerte en su empeño pues inteligecia y dedicación le sobran.
De acuerdo con la elección de seguro también desde nuestro modesto conocimiento pudiéramos socializar algunos conocimientos de nuestro tema de maestría .
onelio.martinez.perez@gmail.com

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