Febrero: La culpa es de los romanos
especiales

Imagen: tomada de infobae.com
Este mes que ya termina es el único del calendario que tiene 28 días y es el único que, cada cuatro años, cuenta con 29 días.
En el antiguo calendario romano, que se atribuye a Rómulo, febrero ni siquiera existía. El año solo tenía diez meses.
Fue con las reformas del segundo rey de Roma, Numa Pompilio, cuando se incorporó febrero, aunque con una duración menor, y también enero. Ello, para alinear el calendario con el año solar de aproximadamente 365 días.
Numa Pompilio, quien fuera considerado un rey pacífico. Foto: tomada de Facebook
Pero como los romanos consideraban los números impares como de buen augurio, mientras que los pares eran de mala suerte, Pompilio ajustó la duración de los meses para que la mayoría tuviera un número impar de días y el resultado fue un año de 355 días.
Fueron esos acomodos los que dejaron a febrero con solo 28 días, quizás también porque entonces ocupaba la posición de último mes del año y se asociaba con rituales fúnebres y de purificación.
En el año 45 a.C., la reforma de Julio César introdujo el llamado calendario juliano, con un año de 365 días dividido en meses de 30 y 31 días, salvo febrero, que siguió con 28 días en los años comunes.
Tal concepción, aunque más precisa, seguía acumulando pequeñas discrepancias con el año solar, lo que indujo a instaurar los años bisiestos y fue el antecedente del conocido como Calendario Gregoriano, introducido en 1582 por el papa Gregorio XIII.
Y aunque algunas supersticiones se asocian con los años bisiestos –esos en que febrero tiene 29 días-, en general, este mes se vincula a cuestiones gratas.
Representación de las fiestas lupercales. Imagen: tomada de sdpnoticias.com
Es así porque en la antigua Roma estaba asociado a la celebración de las Lupercales, del 13 al 15 de febrero, en honor a Lupercus, dios romano de los pastores y los rebaños.
En aquellas festividades, los sacerdotes lupercos realizaban rituales para alejar el mal y promover la fertilidad. En dichas ceremonias usaban como instrumentos de purificación tiras de piel de cabra, que llevaban por nombre “februa”.
Añadir nuevo comentario