Historias de Coronavirus: Solidaridad del cubano en cualquier frente

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Historias de Coronavirus: Solidaridad del cubano en cualquier frente
Fecha de publicación: 
6 Abril 2020
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El módulo destinado a la canasta básica ayudará a millares de familias cubanas. Foto: Del autor.

Día X de la cuarentena. El gobierno socialista cubano despliega estrategias y medidas en todos los frentes posibles para combatir el Coronavirus.

 Me hallo frente al televisor y por esas cosas propias de los domingos monótonos, más aún en las actuales circunstancias de pandemia y es como si en mi muñeca calzara un reloj de arena…

Cuando ya Morfeo se disponía a pactar una alianza contra Cronos, asomó la voz del presidente del CDR:

¡Ronald, Ronald! Me llamó. Ciertamente nunca es capaz de decir mi nombre correctamente, pero como en tantas ocasiones ha tocado nuestra puerta para tender el puente de la solidaridad entre vecinos.

En esta ocasión se trataba de descargar el camión proveniente del MINCIN con los jabones correspondientes al módulo de aseo que se decidió expender a cada núcleo en calidad de productos normados.

Como es lógico y tratándose de un domingo pasadas las cuatro de la tarde, solo la administradora del Minimax se encontraba para recibir la mercancía: nada más y nada menos que 20 cajas de jabones de lavar, y 51 de jabón de tocador o de baño.

Rápidamente di el sí, no sin antes salir de casa forrado hasta los dientes, al más puro estilo de Butch Cassidy and Sundance Kids, o Trinitry y sus compinches. Me refiero a gorra, nasobuco, unos tennis exclusivamente destinados para hacer los mandados y demás, lo mismo que la combinación de short y pullover.

Nada, que como laboriosas abejas establecimos un cordón, junto con los tres trabajadores de Comercio que venían a despacharnos los jabones y conteo minucioso mediante iniciamos la operación.

Y menciono el detalle del conteo porque para nada es despreciable. A tal punto que cada caja de jabón de baño venía con 105 unidades y la operación contempló el conteo de cada una. Igualmente sucedió con las de lavar.

Lo cierto es que de repente, con esa solidaridad y espontaneidad que caracteriza al cubano, habíamos una docena de hombres, vecinos todos, prestos a colaborar, pensando en que a la mañana del lunes ya el resto de nuestro vecindario pudiera comprar los primeros productos, gracias en buena medida a nuestra ayuda.

La operación duró poco más de 45 minutos de conteo, empaque y traslado al almacén.

Anécdotas y testimonios de humanismo hay muchas.

Pienso en la joven de Alamar, y otros tantos que como ella, están ayudando con los mandados y compras de primera necesidad a ancianos de la propia escalera o de su edificio.

Pienso en choferes que aún en el entorno convulso que impera por estos días, transportan a los pocos conciudadanos que por una razón de peso deben salir a la calle… En el personal de la salud y de aseguramiento que a diario, con precauciones pero expuestos al riesgo de un posible contagio encaran su labor a diario para darnos la tranquilidad de estar atendidos ante cualquier padecimiento.

En los que voluntariamente han respondido al llamado de la dirección del país y de Salud para contribuir con su aporte al funcionamiento de los centros de aislamiento, en los miles de estudiantes que pesquisan a diario nuestros barrios en busca de cualquier persona sintomática.

Pienso en el personal de la salud, médicos y enfermeras que se encuentran en otras latitudes, en la delgada línea roja del peligro, pero vistiendo la bata de la solidaridad y junto al nasobuco, los guantes blancos del deber.

Ya el camión es cosa del pasado. En la mañana de lunes fui a la bodega en busca de los preciados jabones. La cola era larga, lo confieso, pero después de casi una hora en ella, sentí la satisfacción de que en ellos, había un pedazo de la solidaridad de mis vecinos. De alguna forma todos la llevaron a sus hogares. Ahora podrán continuar extremando las medidas de higiene y alistarnos como cada noche a las 9:00 p.m. para regalar ese sólido aplauso de retribución que involucra a muchos.

Porque el amor, reitero, en tiempos de Coronavirus, es una adarga poderosa, más si se complementa con el escudo del humanismo y la solidaridad.

Día X de la cuarentena. El teclado me guiña un ojo, o más bien una letra cada vez que en este romance de “encierro” nos ponemos uno frente a otro.

Él, fiel cómplice, me ayuda a deslizar mis dedos para llevarles a ustedes, cada una de estas Historias de Coronavirus.

 

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