Gladiador que orientaba el combate desde la palabra
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Fotos: Internet
A días de la pérdida física del sensei es que logro tomar la pluma y dedicarle algunas palabras, pues aún mi cerebro no logra procesar su partida, el profe veitia como lo llamaban. Un maestro admirado por muchos entre los cuales estaba yo. Muchacho al fin buscaba un deporte para iniciar mis pasos y el judoca me inspiraba a seguirlo; esa dedicación y estrellato a la hora de guiar, educar me hacían querer estar en su equipo e incursioné un tiempo en el judo, luego por azares de la vida probé la esgrima y ahí mis pasos fueron más decididos y encaminados quedando mi amor al judo solo como espectador.
Años más tarde la vida nos reunió nuevamente, yo como fotógrafo y él en una de sus competencias al lado de sus hijas como cariñosamente llamaba a sus alumnas del equipo nacional. Mis neuronas dijeron acércate rápido y hazle algunas instantáneas para la posteridad, de momento escuché una voz de trueno que dice “Camarero”, mi cuerpo creo que se paralizó pues no podía creer que el profe se acordara de mí después de tanto tiempo y tantas personas que deben de haber pasado por su tatami, conversamos un poco y al querer fotografiarlo me pidió no hacerlo pues venía de las prácticas y el sudor bañaba su cuerpo, lo entendí y quedamos que algún otro día sería, ya mis endorfinas estaban más que activadas, mi dopamina estaba a mil y les decía a todos: El maestro Veitía se acordó de mí. Esa alegría de verlo, que me recordara duró años, no fue hasta que otro día en la presentación de uno de los libros de sus pupilas nos reencontramos nuevamente y él cumplió su palabra de posar para la foto, pero fue la cámara quien no ayudó en está ocasión, el destino no quería y no quiso que fuera fotografiado por mí.
Hoy los templos del arte marcial en el mundo guardan silencio. La voz de mando para las judocas cubanas, desde las inmediaciones del tatami, se ha marchado. No hay acciones previsibles, no hay tácticas, todo queda en pausa. Un padre, un sensei, un pedagogo, todo mezclado, causa desconcierto cuando se fuga del planeta. Veitía era un gladiador, un vikingo, un samurái y cualquier nombre de guerrero que se le pueda otorgar creo que hasta superhéroe, que orientaba el combate desde la palabra. Esas enseñanzas, que viajaron desde Kolychkine hasta la actualidad, que llevó a nuestras atletas en muchas ocasiones al podio mundial. El hombre que saltaba al ver a sus pupilas triunfar y que ponía a toda Cuba de pie esperando medallas porque sabíamos que las entrenó el maestro Veitia; y el triunfo era seguro. Tantas emociones vividas, tantos lauros, evocando todos los momentos compartidos junto a su afición. Martí dijo que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida. Estoy seguro que del más allá vas a estar guiando a tus pupilas por el buen camino y las orientarás y les dirás qué hacer y ellas te escucharán y dirán por ti sensei. Fui a su despedida casi de incógnito en la Ciudad Deportiva del Cerro, allí uní las palmas de mis manos, incliné mi frente y sólo pronuncié una palabra: Oss
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Are
José Morales
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