Celia Sánchez, el valor de un corazón de la montaña

Celia Sánchez, el valor de un corazón de la montaña
Fecha de publicación: 
9 Mayo 2021
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Celia Sánchez Manduley (1920-1980) cumple este nueve de mayo 101 años de permanencia entre los cubanos, extendida tras su desaparición física en una memoria que la retiene por su heroísmo de patriota y combatiente, y  por el manantial de una sensibilidad y humanismo exquisitos en el detalle y en la solidaridad.
   
Una celebración de su vida fecunda son sus natales, en homenaje rendido de su pueblo a la primera mujer combatiente del Ejército Rebelde en las montañas de la Sierra Maestra, escenario donde se generó la última carga liberadora contra la tiranía batistiana.
   
A partir del  23 de abril de 1957 fue soldado del ejército popular,  pero antes, era una audaz impulsora y participante de la lucha clandestina en el llano, en los enclaves de la ciudad de Manzanillo  y los poblados costeros de Pilón, Media, Campechuela y Niquero, que conocía como la palma de su mano, pues era natural de esa región que abría paso por el suroeste a la imponente Sierra Maestra.
   
Celia Esther de los Desamparados dio un paso decisivo en su vida y en la de sus coterráneos, cuando transformó la llana  generosidad y sensibilidad que mostraba desde niña ante las injusticias en la decisión de entregarse a la lucha por la libertad y darlo todo por eliminar el origen de la desigualdad y la ignominia.
   
Así fue siempre, valiente, justa e incansable,  hasta su fallecimiento, pocos meses antes de cumplir 60 años, el 11 de enero de 1980, en una edad que hoy muchos cubanos logran sobrepasar bien. Se lo impidió a ella el cáncer. 
   
Y su ejemplo no ha sido en vano porque las actuales mujeres cubanas, las más jóvenes y sus mayores, van por la existencia con la misma impronta natural y combativa  de trabajadora tenaz que tuvo Celia, hoy un verdadero símbolo de lo mejor de sus congéneres. Y más, cuando los tiempos difíciles que se viven, aunque muy distintos a los suyos, demandan de todas un redoblado crecimiento.
   
Las nuevas Celias de hoy, como las Marianas, trabajan como ella sin parar por consolidar la soberanía de la Patria y hacer avanzar las conquistas de la Revolución y el Socialismo. Creando y produciendo, cooperando y siendo solidarias.
   
Vio la luz en el poblado azucarero de Media Luna,  antigua provincia de Oriente, y sus padres fueron el médico rural Manuel Sánchez Silveira y Acacia Manduley, ama de casa, quienes procrearon una familia numerosa y llena de armonía y valores acendrados.
   
Desde muy temprano, Celia era una suerte de ayudante de su padre, en sus recorridos por los campos. Allí vio y se sensibilizó con la pobreza extrema del campesinado cubano, a quien el galeno no cobraba las consultas.
   
La inquieta y sagaz muchacha cumplía, por su propia iniciativa, un incesante trabajo de ayuda y socorro a los más necesitados mediante verbenas y ferias que estimulaba realizar en su entorno. Hasta que su madurez le señaló el modo esencial para combatir eso males, aunque nunca dejó de practicar la ayuda inmediata y personal.
   
Rodeada del entorno de la casi inmediata Sierra Maestra, como  gente de la montaña, creció en ella un corazón puro y fuerte, sin dobleces.
   
El golpe de estado de  Fulgencio Batista, en 1952, marcó a Celia.  En 1953, sube junto a su padre  a la cima más alta de la Sierra Maestra, el Pico Turquino, para colocar un busto de José Martí, en homenaje a su centenario.
   
Se incorporó el Movimiento 26 de Julio en 1955, en Manzanillo. Nunca ocupó cargos directivos, aunque  cumplió acciones arriesgadas.
   
Celia Sánchez, en su terruño natal,  al igual que Frank País, en Santiago de Cuba, fueron los dos pilares fundamentales en el suroriente, de respaldo a las actividades por el desembarco del yate Granma.
   
Sostenidamente, la red de apoyo fomentada por ambos revolucionarios  funcionó de modo eficaz,  a pesar de los múltiples  avatares del desembarco y los bombardeos del Ejército.
   
Más adelante, también en coordinación con Frank País, por entonces jefe nacional de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, Celia Sánchez nutrió las filas de combatientes reclutados por el desde varios pueblos de Oriente. Un alijo de armas también iba con ellos.
   
Con el nombre de Norma –el más usado por ella-, pero también el de Carmen, Liliana,  Caridad y Aly,  trabajó incansablemente en la preparación de importantes envíos y ayuda a los rebeldes.
   
En plena Sierra Maestra, su bautizo de fuego ocurrió en la batalla de El Uvero, el 28 de mayo de 1957. Sin embargo fue imperativo reforzar el trabajo de apoyo clandestino en la ciudad y pasó de nuevo a la brega, en la base de soporte a la lucha en los dominios manzanilleros.
   
Tras el  asesinato de Frank País, en julio de 1957,  se ordenó el retorno de Celia al estado mayor en la Sierra Maestra.
   
Allí contribuyó a la creación del pelotón de combatientes Las Marianas, una idea totalmente apoyada por Fidel Castro.
   
Cuando se produjo el  triunfo de la Revolución,  se había ganado un lugar como persona de total confianza del máximo líder. Además de haber probado sus evidentes cualidades como combatiente de primera fila y patriota.
   
No descansó nunca un minuto, empero. Cumplió responsabilidades como Secretaria del Consejo de Estado y diputada a la Asamblea Nacional por Manzanillo. Fue la creadora de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado y miembro del Comité Central del Partido.
   
Eligió la sencillez, la modestia y la humildad como modo de ser y vivir, sin sentir el menor apego por los brillos o la connotación. Y sin embargo brilló, y lo hace aún, con una luz intensa y serena, la de los seres elegidos por la justicia y la bondad.

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