Semáforos cortos y almanaques largos

Semáforos cortos y almanaques largos
Fecha de publicación: 
26 Noviembre 2018
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Viviendo ya el año 500, la capital envejece, y sus habitantes también. Es sabido que la población de Cuba en general, no solo los capitalinos, se apunta entre las más envejecidas de Latinoamérica.

Muchos, muchísimos son los empeños para mejorar la ciudad, anciana y adorada dama, ¿pero qué hay con los semáforos y la llamada señalética?

La pregunta viene al caso porque hay solo que pararse en intersecciones como la de 23 y 26 en el Vedado, o en la de 23 y 12, para enseguida darse cuenta del trabajo que pasan los viejitos, y no tan viejitos, a la hora de cruzar la calle.

Caminan despacio, algunos con bastones o burritos, otros cargando jabas, bultos, y apenas les da tiempo para alcanzar la otra acera antes que el semáforo pase a verde.

Hasta los hay que tienen que dar su carrerita para llegar al contén justo cuando los vehículos ya han arrancado motores.

En este espacio no se va a hablar de los huecos en las aceras, tampoco de dificultades para obtener culeros para adultos ni de otras ausencias que, lastradas por los problemas económicos, por el bloqueo o por ineficiencias y subjetividades varias, conspiran contra la calidad de vida de la tercera edad.

Pero estudiar el tráfico vehicular y peatonal considerando las canas que la ciudad y sus habitantes hoy peinan pudiera ser una contribución que muchos agradecerían.

Otro tanto pudiera decirse de las señales, las indicaciones que le dicen a quienes circulan a pie o en transporte por la ciudad en qué dirección están y hacia dónde enrumbar.

Es cierto que en una buena parte de las vías principales eso está visible, pero basta adentrarse en La Habana profunda para no saber dónde estás parado.

Un equipo de CubaSí en plena faena periodística debió dar vueltas y vueltas para encontrar una dirección en Jaimanitas porque no había una señal, un número legible para orientarse. Incluso, en esa geografía de la ciudad, tampoco estaban claros los números por la transitada 5ta. avenida.

Es verdad que hay quienes borran los números en los indicadores de las esquinas, o pintan sobre ellos; pero, junto a arreciar las sanciones para aquellos que así proceden, también habría que arreciar esfuerzos en ese orden de dejar claros números y nombres de calles.

Así, sabremos bien por dónde andamos, y para cruzar las calles no habrá que correr demasiado de cara a los 500.

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