«La espeleología no es un hobby»

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«La espeleología no es un hobby»
Fecha de publicación: 
4 Abril 2018
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Una le teme a las ranas; la otra, a los majás de Santa María. Sin embargo, andan y desandan las lomas y, sobre todo, las cuevas, como si fueran nativas de esos lugares. 
 
María del Rosario González Gil y Karla Amador Mora estudian el quinto año de la Licenciatura en Pedagogía, especialidad Biología-Geografía, en la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona (UCPEJV) y, como parte de esta formación, no solo han descubierto la Espeleología, sino se han enamorado de ella. 

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María del Rosario y Karla, dos jóvenes espeleólogas (de izquierda a derecha).

En la actualidad, junto a otros jóvenes de ese centro de estudios superiores, María del Rosario y Karla integran el grupo científico estudiantil Caverna, adscrito al Centro de Estudios de Educación Ambiental-GEA de esta universidad.

«Lo más importante es multiplicar los conocimientos que vamos adquiriendo en las expediciones. Caverna tiene dos líneas de trabajo, una relacionada con el cuidado del medio ambiente y otra con la protección del carso en Cuba. Ello nos ha llevado a coordinar varios círculos de interés en diferentes niveles educativos», explicaron las futuras profesoras.

¿Dónde nació ese amor por las cuevas?

«En el primer año de la universidad recibimos una asignatura optativa de actividades prácticas relacionada con la Geografía, la cual incluía un tema sobre la protección del carso y la espeleología. El profesor era miembro de la Sociedad Espeleológica de Cuba, y cuando se terminó el módulo, realizamos una expedición al Pan de Guajaibón, y a una de sus principales cuevas, que se nombra Canilla. Ese fue el inicio y a partir de ahí, creamos el grupo».

¿No sienten miedo al adentrarse en las profundidades de la tierra?

«A pesar de que muchas veces sentimos temor, ciertamente es lo que nos gusta —señaló Karla—. Al ver a un majá o una rana, pensamos “¿quién nos habrá mandado a meternos aquí?”, pero luego eso se nos olvida y cuando salimos, queremos volver a entrar. Son lugares mágicos.

«Para nosotras, la asignatura trasciende el calificativo de opcional, pues nos encanta. Ya hemos visitado muchas, entre ellas la de Santo Tomás, en el Valle de Viñales. En esa ocasión, nos hospedamos en el Centro Nacional de Entrenamiento Espeleológico de Cuba Doctor Antonio Núñez Jiménez, y también tuvimos la oportunidad de realizar el recorrido turístico por las Cuevas de Bellamar.

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Al bajar siempre se aprende algo nuevo (Karla atrás, vestida con una camiseta de color morado).

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Ultimando detalles antes de bajar a las profundidades de la tierra (María del Rosario, justo al frente).

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Estudiantes y profesores, en una de sus aventuras espeleológicas.

«En el Día del Medio Ambiente nos reunimos varios espeleólogos e hicimos limpiezas en algunas cuevas, donde la población lo mismo echa basura que realiza otras actividades y deja desperdicios», subrayó María del Rosario.

¿Es una actividad peligrosa?

«No estamos en nuestro medio natural y, por tanto, estamos obligados a usar protección. Si hay falta de sentido común o se cometen errores, la acción puede ser peligrosa».

Una disyuntiva: ¿pedagogas o espeleólogas?

«La Espeleología no es un hobby, es una actividad complementaria a nuestros intereses. Muchas veces los estudiantes —ellas imparten clases como parte de la práctica laboral— no conocen esta ciencia, nunca han ido a una cueva y creen, por error, que todo lo que pueden encontrar en su interior son “bichos malos”. No es así; por ejemplo: los murciélagos son transmisores de enfermedades, pero también son polinizadores, se comen los insectos», agregó la muchacha.

«Una de las experiencias más bonitas es que hemos tenido la oportunidad —comentó Karla— de visitar otras instituciones e intercambiar no solo con estudiantes. Tal fue el caso del encuentro que sostuvimos, como grupo Caverna, en el hospital Oncológico de aquí, de la capital, con los niños enfermos.

«Estos pequeños, por su salud delicada, no pueden salir de la sala, y mucho menos ir a las cuevas. Así que hicimos un recorrido virtual por toda Cuba —en ese empeño se sumaron también estudiantes de la facultad de Geografía, de la UH— y les presentamos un material espeleológico interesante. Eso los motivó mucho», subrayó.

Una prioridad del país es la Tarea Vida*, ¿qué importancia tiene entonces esta acción extracurricular que ustedes llevan a cabo?

«La espeleología es una actividad interdisciplinaria. Cualquier especialista —al margen de la rama y sector que sea— puede formar parte de un grupo, y la importancia de esta ciencia radica en conservar el medio ambiente. Más de la mitad del territorio cubano está carsificado y, por lo tanto, puede haber cuevas en los lugares menos esperados. De ahí que sea fundamental conocerlo, para luego utilizarlo de manera sostenible. Nosotras debemos ser agentes multiplicadoras».

¿De cuántas cuevas pudiéramos estar hablando en nuestro país?

«Miles —continuó Karla—. Es imposible saberlo y, posiblemente, queden otras tantas por descubrir».

*Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático sustentado sobre una base científica multidisciplinaria, que da prioridad a 73 de los 168 municipios cubanos, 63 de ellos en zonas costeras y otros 10 en el interior del territorio. Contempla cinco acciones estratégicas y once tareas dirigidas a contrarrestar las afectaciones en las zonas vulnerables; las mismas fueron aprobadas el 25 de abril de 2017 por el Consejo de Ministros y constituyen una prioridad para la política ambientalista del país. El Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente es el encargado de implementar y controlar las tareas del Plan de Estado.

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