EN CARTELERA: El conspirador

EN CARTELERA: El conspirador
Fecha de publicación: 
20 Octubre 2011
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El conspirador pasa con agilidad sobre la muerte de Lincoln, no sin reconstruir este momento tal como hoy creemos que sucedió. No podemos imaginar esa escena sin el grabado que Currier and Ives publicaron en la prensa. Ha sido, creemos, uno de aquellos hechos que tiene el hombre de nuestros tiempos bien grabados en cierto rincón de la memoria contagiado de fantasía; y Roberd Redford ha salido airoso de esta prueba, no habrá decepciones.

Pero, ya lo decíamos, dedica unos minutos al acontecimiento y sigue presto al meollo de la película: el juicio a una de las sospechosas: Mary Surratt. Uno se conoce casi de memoria (basta con atender un poco) las estrategias de Hollywood para que una historia avance, para que los personajes anuden y luego desenlacen sus conflictos; sin embargo, en casos como el de El conspirador, da gusto ver cómo se utilizan.

En un inicio, hasta el público se indigna con los asesinos del presidente y sus dos hombres más cercanos, debido sobre todo a la muerte cruda que recibe el secretario de Estado William H. Seward. Está escéptico como el protagonista de la película (encarnado por James McAvoy), neoyorquino, veterano de guerra y ahora abogado defensor, a pesar de sus 27 años.

Él, que en la guerra fue enemigo del Sur y defensor del Norte, y nosotros que vimos las muertes atroces del principio y a sus perpetradores, no podemos confiar en la inocencia de aquella señora, Mary Surratt (interpretada por Robin Wright), que confiesa sin grandes penas ser católica, estar contra el gobierno de Lincoln y haber dado albergue en su hostal a sus asesinos. Su propio hijo se encuentra involucrado en el hecho.

Ante el dolor generalizado del Norte, el gobierno ha decidido hacer un juicio rápido y tajante, una mera formalidad, pues todos ven claro que aquellos hombres y esa mujer son culpables. Sin embargo, McAvoy va descubriendo poco a poco que tales certezas no pueden probarse del todo. Y su defendida, que se mostraba seca y arisca en un principio, va cediendo a las debilidades de madre y mujer de cierta edad frente a los ojos de su abogado.

Robin Wright logra ofrecernos todos estos matices de su personaje sin perder la línea de una actuación que economiza gestos y no pierde cierta orgullosa austeridad. Encuentra la forma de hacernos saber que los nervios se comen a su Mary Surratt a pesar de que no los muestre.

McAvoy, quizás en uno de sus mejores papeles, hace ver todas las habilidades que ha desarrollado interpretando personajes de época: un acento (no muy pronunciado, pero presente), un caminar (estilizado y a la par plebeyo), y por supuesto, la gestualidad que Hollywood nos ha enseñado para ciertos discursos retóricos de tiempos pasados.

Sin embargo, la presencia femenina en el filme, también a cargo de Evan Rachel Wood y Alexis Bledel, fue desigual. Estas dos actrices, que a pesar de sus apariciones en el cine deben mucho de su carrera a la televisión, parecen sobreactuar con los ojos, y de hecho lo hacen cuando ofrecen a planos medios y generales una mímica propia del close up y los primeros planos de la pequeña pantalla. Quizás ahí se encuentre un problema básico; el otro se debe a la ligereza con que asumen los conflictos de sus personajes, que no logran despegar del estereotipo de señorita malcriada o señorita en apuros, según el caso.

El director Robert Redford, aunque fue meticuloso con los elementos formales que componen El conspirador, mantiene sus ojos puestos en otra parte. Esta película debe leerse (está hecha para eso) desde nuestros tiempos, desde el Estados Unidos de hoy. Cuando McAvoy defiende el derecho de su representada a un juicio justo, cuando defiende lo que dicta la Constitución norteamericana, Redford hace lo mismo frente al gobierno de Washington de nuestros días.

Todo lo que cuenta de aquellos tiempos fundacionales, explica de forma drástica el hoy. ¿Ese principio que defienden los padres de la política norteamericana según el cual la ley puede quebrarse si es para complacer el apetito de venganza del pueblo, si es para cumplir un fin mayor: el triunfo del Norte en la guerra, mantener los ánimos arriba… ese principio histórico, es diferente al de hoy? Robert Redford pregunta, su protagonista también lo hace, y cree que cuando un gobierno rompe su propia justicia, cuando es desigual y voluble, no merece existir.

El conspirador está lleno de parlamentos que exponen una postura y la otra. McAvoy, que luchó por la justicia del Norte en la Guerra de Secesión, al final de la película se queda con la boca abierta. Nosotros, como él. ¿Es este el Estados Unidos que tenemos frente?

Comentarios

Con actrices como Robin Wright Penn tienen el éxito asegurado. No he conocida actriz mejor a la hora de actuar porque sabe muy bien como transmitir emociones y hacerlas creíbles. He visto muchas películas de ella pero creo que en Denial (cinta independiente dirigida por Erin Dignam quien comparte créditos con Jason Patric con quien tuvo una relación en ese entonces) a sido una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha. Lástima que esta película no se hubiese estrenado en Europa, habría tenido otro tratamiento y posiblemente mejor acogida que en Estados Unidos.

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