Trump, siempre racista

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Trump, siempre racista
Fecha de publicación: 
17 Febrero 2025
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Sí, es lógico que alguien vea con simpatía que con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, se pudiera ofrecer un programa más consecuente que la política guerrerista preconizada por la anterior administración, provocadora de la operación militar de Rusia en Ucrania.

Pero lo malo, malo es, y siempre sale por mucho que se disfrace, aunque en el caso de Trump no tiene que cubrirse tanto, abogando por una limpieza étnica en la Franja de Gaza, presionando de un lado y otro para evitar que los palestinos tengan su Estado, prosiguiendo la política estadounidense de siempre de desconocer todas las resoluciones de Naciones Unidas al respecto y mantener el avituallamiento bélico, incluido el nuclear, a su principal punta de lanza en el Medio Oriente.

Racismo conlleva también la política de expulsión a los inmigrantes, y más si no son güeros, tienen la piel menos blanca, cobriza, mulata o negra.

Por supuesto que no llevará ayuda alguna al pueblo haitiano ni colaborará honestamente para que salga del círculo letal en que se encuentra, pero sí tiende la mano a los blancos sudafricanos, ofreciéndole puestos y otras comodidades si viajan a territorio norteamericano.

PIFIA CON SUDÁFRICA

Habla de presuntos abusos de la mayoría negra contra la minoría blanca de Sudáfrica, pero ésta rechazó el plan de Trump de ofrecerles estatus de refugiado y reasentamiento en Estados Unidos, diciendo: “Gracias, pero no”.
El plan fue detallado en una orden ejecutiva que Trump firmó el viernes, que detuvo toda ayuda y asistencia financiera a Sudáfrica como castigo por lo que la administración dijo que eran “violaciones de derechos” de sus ciudadanos blancos.

La administración norteamericana acusó al gobierno sudafricano de permitir ataques violentos contra agricultores afrikáneres blancos e introducir una ley de expropiación de tierras que le permite “apropiarse de la propiedad agrícola de la minoría étnica afrikáner sin compensación”.

El gobierno sudafricano ha negado que haya ataques concertados contra agricultores blancos y ha dicho que la descripción de Trump de la nueva ley de tierras está llena de desinformación y distorsiones.

“Nuestros miembros trabajan aquí, quieren quedarse aquí y se van a quedar aquí”, indicó Dirk Hermann, director ejecutivo del sindicato afrikáner Solidaridad, que dice representar a alrededor de dos millones de personas. “Estamos comprometidos a construir un futuro aquí. No nos vamos a ninguna parte”.

Asimismo, Kallie Kriel, director ejecutivo del grupo afrikáner AfriForum, señaló: “Tenemos que afirmar categóricamente: No queremos mudarnos a otro lugar”.

Los afrikáneres descienden principalmente de colonos holandeses, pero también franceses y alemanes que llegaron a Sudáfrica hace más de 300 años. Hablan afrikáans, un idioma derivado del holandés que se desarrolló en Sudáfrica, y se distinguen de otros sudafricanos blancos que provienen de antecedentes británicos u otros. 

Juntos, los blancos constituyen alrededor del 7% de la población de Sudáfrica de 62 millones.

La medida de Trump de sancionar a Sudáfrica, un importante socio comercial de Estados Unidos en África, llegó después de que él y Elon Musk —nacido en Sudáfrica — acusaran a los negros de Sudáfrica de tener una postura antiblanca. Pero la representación de los afrikáneres como un grupo oprimido que necesitaba ser salvado sorprendería a la mayoría de los sudafricanos.

“Es irónico que la orden ejecutiva haga provisión para el estatus de refugiado en Estados Unidos para un grupo en Sudáfrica que sigue estando entre los más privilegiados económicamente”, sostuvo el Ministerio de Relaciones Exteriores de Sudáfrica. También criticó las propias políticas de la administración Trump, apuntando que el enfoque en los afrikáneres llegó “mientras que personas vulnerables de otras partes del mundo están siendo deportadas en Estados Unidos y se les niega el asilo a pesar de las dificultades reales”.

Hubo “una campaña de desinformación y propaganda” dirigida a Sudáfrica, manifestó el Ministerio.

El vocero del presidente sudafricano Cyril Ramaphosa declaró: “Sudáfrica es una democracia constitucional. Valoramos a todos los sudafricanos, blancos o negros. La aseveración de que los afrikaners sufren privaciones arbitrarias y por lo tanto tienen que huir de su país natal carece de toda veracidad”.

Los blancos en Sudáfrica generalmente tienen un nivel de vida mucho mejor que los negros aun más de 30 años después del fin del sistema de apartheid. A pesar de ser una pequeña minoría, los blancos todavía poseen alrededor del 70% de las tierras agrícolas privadas de Sudáfrica. Un estudio en el 2021 de la Comisión de Derechos Humanos de Sudáfrica muestra que el 1% de los blancos vivía en la pobreza en comparación con el 64% de los negros.

Sithabile Ngidi, una comerciante en Johannesburgo, indicó que no ha visto a personas blancas siendo maltratadas en Sudáfrica.

”Él (Trump) debería haber venido a Sudáfrica para tratar de ver lo que está sucediendo por sí mismo y no solo tomar la palabra de un Elon Musk, que no ha vivido en este país durante mucho tiempo, que ni siquiera se relaciona con los sudafricanos”, declaró Ngidi.

ESTRATEGIA RACISTA

"El racismo de Donald Trump es una estrategia y él no la inventó", expresó Ian Haney López, experto en derecho y divisiones raciales en Estados Unidos, y asegura tener la solución a la pregunta que desvela a muchos de cómo replicar a los escándalos de filo racial azuzados por el presidente.

Según este experto en derecho y raza de la Universidad de California, Berkeley, la respuesta es mostrar a Trump como un timador que busca dividir a la sociedad estadounidense.

"El racismo está siendo utilizado como arma por un presidente que representa los intereses de multimillonarios como él", sostiene Haney López en una entrevista con BBC Mundo.

Su libro Dog Whistle Politics ("Política de silbato de perro") advirtió en el 2014 que políticos conservadores apelaban a códigos raciales disimulados para atraer votantes blancos hacia políticas que favorecen a los más ricos.

Y aunque el lenguaje a veces cambia, lo que sale a la luz es que Estados Unidos está cada vez más dividido en términos de conflicto racial.

Esto es un problema de 400 años que subsiste y que Trump hace revivir cuando dice a sus partidarios que están en peligro, porque no se prohíbe la entrada de los musulmanes al país.

Y empieza la construcción de un muro que ahora  refuerza y envía miles de soldados a la frontera sur para impedir “el peligro de los inmigrantes y refugiados”, en tanto comienza una masiva deportación, alegando que son personas indocumentadas nocivas y criminales, solo por el hecho de estar sin documentos legales.

Al mismo tiempo, hay manifestaciones en algunas ciudades que cantan consignas de supremacía blanca e invocan como inspiración a Donald Trump y sus advertencias de una invasión racial.

Y si nos fijamos en quiénes han sido elegidos en el Partido Republicano, hacen campaña con estilos muy similares a Trump, no tan escandalosos, pero parecidos en el sentido de que descansan en mensajes de que las personas de color son amenazadoras e indignas.

Sin dudas, para él y sus seguidores los latinos no son estadounidenses y por eso se necesita desmantelar los programas gubernamentales que transfieren riqueza de los ricos al resto de la sociedad. Alguien pudiera decir que tiene a un latino como canciller, Marco Rubio, pero el susodicho es un conspicuo odiador que rechaza su ascendencia cubana, de tal forma que inspira a su jefe en las políticas más criminales contra la Mayor de las Antillas.

En fin, se trata de Donald Trump, un estafador. Su juego es causar odio racial y luego dar la vuelta,  mientras la sociedad arde, y saquear los bancos.
 

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