Monsanto: Haciendo de las suyas

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Monsanto: Haciendo de las suyas
Fecha de publicación: 
2 Abril 2021
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Se dice, se afirma, pero no se establece oficialmente que los alimentos modificados genéticamente son dañinos para el ser humano, en tanto sus defensores alegan que son más productivos, por lo cual pueden aliviar la escasez de alimentos en un mundo de tanta hambruna.

Cierto o no, mientras se sigue demorando, o evitando, una respuesta definitiva, la trasnacional Monsanto sigue siendo puntera en la materia, en tanto la propaganda que despliega trata de echar tierra al mal que ha causado a tantos pueblos, y no solamente por los alimentos transgénicos.

De una forma u otra, aprovecharon el golpe fascista, no tan “blando”, en Ucrania para apoderarse de gran parte de las famosas tierras grises, productora del buen aceite de girasol, entre tantos rubros.

Asimismo, la complicidad de los diferentes gobiernos paraguayos le ha permitido apoderarse de tierras arrebatadas a la población autóctona, denunciado en su momento por el entonces presidente boliviano, Evo Morales, quien puso sobre el tapete la contradicción entre la minería a cielo abierto, que afecta al medioambiente, con la necesidad de desarrollo de algunos países.

En lo que respecta a Monsanto, en vez de desaparecer, como algunos ilusos vaticinaban, recibió un fuerte impulso, cuando el hombre de la Microsoft, Bill Gates, adquirió medio millón de sus acciones, y se dio a la tarea de monopolizar y convertir la producción agrícola y alimentaria mundial en un gran experimento genético, totalmente dependiente de sus semillas patentadas.

Y es muy difícil rebatir que, si controlas la agricultura, controlarás las poblaciones del mundo. Los lazos de la Fundación Gates con Monsanto y la agricultura empresarial en general consiste en crear un sistema monopólico de control del mundo en todos los ámbitos de la vida humana.

En un mundo asolado por la pandemia, la Fundación Gates está haciendo grandes esfuerzos para controlar las vacunas, productos farmacéuticos, los organismos genéticamente modificados y hasta la manipulación del clima, alegando la falsedad del calentamiento global.

FINGIR, SIEMPRE FINGIR

Fingiendo ayudar a mejorar el mundo, Gates y compañía han abrazado la promoción de paradigmas corporativamente poseídos y controlados de agricultura y medicina que sólo contribuyen a esclavizar y matar a los más pobres. Es muy evidente que los transgénicos han arrebatado la vida a personas empobrecidas por la destrucción de sus sistemas agrícolas nativos, como se ha visto en la India.

Algunos pueden decir que los esfuerzos de Gates son sobre todo por el dinero, mientras que otros pueden decir que es acerca del poder y el control. Tal vez sea una combinación de ambos, donde se encuentra todavía en el negocio de promover sus propias inversiones comerciales, que incluyó la ya mencionada compra de acciones de Monsanto, mientras que, al mismo tiempo, invierte en programas para promocionarlo,

“Aunque Bill Gates podría tratar de decir que la Fundación no está ligada a su negocio, lo único que demuestra es lo contrario: la mayor parte de sus donaciones terminan favoreciendo las inversiones comerciales del magnate; en realidad, no “dona” nada, en lugar de pagar los impuestos a las arcas del Estado, invierte sus ganancias en donde le es favorable económicamente, incluida la propaganda de sus supuestas buenas intenciones”, escribió Silvia Ribeiro en el periódico mexicano La Jornada.

Cualquiera que sea el caso, simplemente no hay duda de que Gates tiene un interés directo en ver el éxito de Monsanto, al facilitarle el crecimiento en nuevos mercados.

Particularmente fui testigo de los daños genéticos causados por Monsanto en la provincia de Tay Ninh, una de las muchas que envenenó durante la guerra de agresión norteamericana a la nación asiática.

Monsanto envenenó Vietnam con el herbicida conocido como Agente Naranja, que fue usado por las fuerzas militares estadounidenses para defoliar los ecosistemas de selva tropical durante los años 60; era una mezcla de 2,4,5-T y 2,4-D que provenía de varias fuentes, pero el Agente Naranja de Monsanto tenía concentraciones de dioxina muchas veces superiores al de Dow Chemical, el otro gran productor del defoliante.

Esto convirtió a Monsanto en el principal acusado en la demanda interpuesta por veteranos de la guerra de Vietnam, que experimentaron un conjunto de síntomas, debido a la exposición al Agente Naranja.

Cuando en 1984 se alcanzó un acuerdo de indemnización por sólo 180 millones de dólares, la justicia ordenó a Monsanto pagar el 45,5% del total.

 

 

 

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