Filipinas: Vivir y morir en la basura
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Una avalancha de basura y escombros colapsó en un vertedero de la ciudad de Cebú, Filipinas, dejando a una persona muerta, 12 heridas y 38 desaparecidas.
El colapso de un vertedero de basura que sepultó a un centenar de trabajadores y derrumbó viviendas a su alrededor, provocando la muerte a 24 personas, mientras medio centenar continúan desaparecidas en el inmenso Relleno Sanitario de Búfalo, en la ciudad de Cebú, vuelve a traer a captación la inmensa pobreza que destaca en el archipiélago de Filipinas, donde cifras oficiales aseguran que cayó de un 18% a un 15%, pero la realidad muestra que más de la mitad de sus cien millones de personas subsisten en esa triste condición.
No basta que en la Gran Manila los ricos sean cada vez más ricos y la entrada de capital estadounidense junto a la llegada “turística” de miles de marines lleven cierta superficial prosperidad, cuando millones de personas se ven obligadas a trabajar y vivir de la basura, y hasta se construyan casas cerca y dentro de los basurales, con regulares accidentes causantes de muerte y brotes de enfermedades de todo tipo, amén de la promiscuidad que produce el hacinamiento forzado.
Me parece que fue ayer, cuando recuerdo las fotos aéreas que mostraban en febrero del 2000 lo que parecían ser múltiples estructuras aplastadas bajo el peso de la basura, que se apilaba formando una montaña y uno de cuyos lados cedió para permitir una "catarata” en el vertedero de Payatas (a 12 kilómetros de Manila) sobre una colonia de chabolas donde malviven 60 000 personas, que tienen en el reciclaje su principal medio de subsistencia.
Más de 200 personas perecieron, un centenar resultaron heridas y otras muchas desaparecidas tras la avalancha. "Ayúdennos, nuestros padres están enterrados bajo la basura", suplicó a los equipos de rescate Robee Pablo, de ocho años, aún cubierto por la porquería. Según un soldado del Ejército filipino, su superior le habría asegurado que "más de mil personas podrían estar aún sepultadas".
RETO NO ENFRENTADO
El manejo de residuos sólidos sigue siendo un reto importante en las Filipinas especialmente en zonas urbanas como la Gran Manila, donde se habla de planes para enfrentar el desecho inadecuado, la recolección ineficiente y la falta de instalaciones para los residuos.
A menos que se aborden estos puntos, los residuos generados por varias fuentes continuarán provocando riesgos a la salud y serios impactos medioambientales como contaminación terrestre, de aire y de aguas superficiales, inundaciones y la propagación de enfermedades. Sólo la Gran Manila genera más de 10 000 toneladas de residuos cada día, y se espera que esta cifra se duplique para el 2030. Una buena porción de los desechos es incinerada al aire libre, empeorando aún más la calidad del aire de la ciudad; también son arrojados en ríos, arroyos o en la bahía de Manila.
Con vistas a un mar plomizo e inundado en plástico, más de 20 000 familias viven en asentamientos irregulares a lo largo de la Bahía de Manila, cuyas aguas son las más contaminadas de Filipinas.
Envoltorios de comida, recipientes de plástico, cables, CDs, neumáticos desgastados o zapatos viejos salpican la bahía y se acumulan en montañas de desechos en asentamientos ilegales de la capital como Baseco, donde viven unas 10 000 familias.
Relata EFE que en el nido de parásitos y bacterias que habitan en la basura, Marieta Visina, de 59 años, recoge algunas latas, que vende para su reciclaje, y busca cables, que quema para extraer el alambre de cobre que le compran por 110 pesos las dos libras (unos dos dólares).
Visina explica que con esa actividad alimenta a los 14 hijos y nietos que viven con ella en su chabola de Baseco, aunque no saben por cuánto tiempo. Desde su precario hogar se ven los rascacielos de las zonas más ricas de Manila.
En ese entorno los niveles de coliformes, una bacteria fecal que refleja la polución del agua, alcanzan los 330 millones por cada 100 mililitros, cuando los parámetros adecuados deberían estar cuando más en mil.
PAGPAG
Se les llama 'pagpag' y consisten en alimentos que son sacados de las sobras que se tiran a la basura, recogidos por personas que ganan unos seis dólares a la semana, utilizados en restaurantes de comida rápida y vendidos a los ubicados en las zonas más pobres.
Allí los cocineros separan la carne de los huesos, la lavan y posteriormente la preparan con varias salsas. Algunos de sus habituales clientes dicen que los 'pagpag' son "muy sabrosos y llenos de sabor, que solo hay que tener un estómago fuerte".
VIVIR ENTRE TUMBAS
Los niños juegan entre tumbas, los adultos recolectan la cera de las velas para reciclarlas; algunos ayudan a limpiar las criptas, así “viven” centenares de personas en el Cementerio Católico de Cebú, pero se replica en otros muchos lugares del archipiélago, reporta Notimex.
Se trata de un fenómeno muy común en Filipinas, donde las tasas de pobreza son muy altas. Sin otro lugar al que ir, miles de personas ocupan sectores enteros de numerosos cementerios de todo el país.
Las actividades laborales que realizan los habitantes del cementerio son tres. La primera es el grabado de inscripciones en las lápidas con cincel y martillo. La segunda es la limpieza de las lápidas a cambio de lo que les dan los familiares que van a visitar a sus seres queridos, y la tercera, es la producción de velas que fabrican reciclando la cera de las que se encuentran entre las distintas tumbas.
Allí, según el periódico mexicano Excelsior, la gente más pobre suele enterrar a sus difuntos en secreto, con la complicidad de los guardianes, en nichos que pertenecen a otras personas.
En realidad, ni se sabe el número de personas que viven en el cementerio. Cambia constantemente. Si alguien de la zona acaba en la calle y no tiene dónde ir, va allí. Es cierto que no pagan impuestos, pero también es cierto que no reciben ningún tipo de asistencia.
"La vida aquí es difícil, pero no es tan diferente de la que tienen los filipinos que están afuera. Hay pobres aquí y pobres afuera. Solo que aquí crecemos y vivimos junto a los muertos”, afirma, un joven, quien agrega: Los respetamos y en la medida de lo posible cuidamos sus tumbas. ¿Sabe lo que decimos nosotros del cementerio bromeando? Los muertos son buenos vecinos, nunca se quejan", provocando las risas de los presentes.












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