Deuda odiosa: Impagable

Deuda odiosa: Impagable
Fecha de publicación: 
23 Febrero 2021
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Por estos días, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, maniobra para buscar financiamiento al programa de gobierno que pudiera nuevamente estabilizar al país, luego de que su antecesor, Mauricio Macri, endeudara hasta el tuétano a la nación, mediante su entrega al Fondo Monetario Internacional (FMI), agravado con los dispendios económicos a conocidos y familiares.

Ello ha llevado a un endeudamiento enorme de la nación suramericana, posiblemente por un siglo, que trata de ser compensado con negociaciones con el propio FMI para que este lo reconsidere, además de intentar en lo interno elevar los impuestos a quienes más tienen y evitar que los exportadores de bienes, principalmente los alimentarios, desaten una ola inflacionaria que tendría como principal víctima al pueblo argentino.

Algo similar ocurrirá con quien resulte electo a la presidencia de Ecuador el 11 de abril, luego del endeudamiento de la nación mediante un préstamo multimillonario del FMI y la impolítica, por así decirlo, del saliente mandatario, Lenín Moreno.

El odio visceral a Rafael Correa, a quien le debió la presidencia, y su traición a los postulados de la Revolución Ciudadana, hicieron que Moreno diera marcha atrás a todas las conquistas del anterior mandatario, quien había expulsado a todos los delegados del FMI y el Banco Mundial, por exigir al país que los recursos del petróleo ecuatoriano se destinaran al servicio de la deuda.

Curiosamente, uno de esos delegados del Banco Mundial viajó a Atenas para exigirle al entonces gobierno de Tsipras la aceptación del plan de restricciones con el fin de acceder al «rescate» de la troika que, lejos de inyectar dinero a la economía griega, fue para salvar a los grandes bancos de Alemania y Francia.

Algunas naciones desarrolladas han «perdonado» en más de una ocasión las deudas de países africanos, pero ello ha sido en vano, porque vuelven a reproducirse, al no contar con los mecanismos necesarios para su estabilización económica.

La solución

En 1985, el Comandante de la Revolución Cubana, Fidel Castro, advirtió que, a menos que los gobiernos actuaran conjuntamente y atacaran el problema en sus causas de fondo, la deuda externa que las naciones latinoamericanas habían contraído con instituciones financieras norteamericanas se convertiría en una hipoteca eterna, impagable e incobrable:

«Nosotros decimos: es impagable. Pero impagable por razones matemáticas, económicas, no implica un juicio moral del problema, o legal, o político del problema. Pero nosotros decimos también: es un imposible político. Los gobiernos no están en condiciones, en ningún país de América Latina, de aplicar esas medidas de alto costo social del Fondo Monetario Internacional, en ninguno; ni a sangre y fuego pueden hacerlo».

El líder revolucionario planteó la necesidad de estudiar la estructura y el funcionamiento del capitalismo a nivel mundial, y su impacto sobre las economías de los países de la región, ya que el intercambio comercial desigual, las restricciones, la fuga de capitales el estancamiento económico y la profunda dependencia, tornaban imposible el pago de la deuda:

«El problema es que los hechos demuestran que no es fácil pagar eso, ya que se requiere mercado, ¿y dónde están los mercados? El Fondo Monetario Internacional dice: “Todo el mundo a exportar”, pero ¿qué es lo que van a exportar? ¡Ah!, ¿más café, más cacao, más azúcar, más carne? No, si les van a estar pagando menos cada vez por eso. ¿Y exportar a dónde?, si el proteccionismo se multiplica todos los días con medidas arancelarias y no arancelarias».

Tras definir a la deuda externa como un cáncer, Fidel llamó a extirparla quirúrgicamente, totalmente, y concluyó: «No le veo otra solución».

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