VOCABLOS: Serendipia
especiales

Imagen tomada del perfil de Facebook @serendipiazgz
Esta es una palabra muy curiosa. Posee significado singular, y, para mí, también una extraña composición, un tanto musical, como si fuera una jerigonza de un niño pequeño.
¿A qué se refiere? Serendipia es cuando, de una manera inesperada, casual, hacemos un descubrimiento, pero no uno cualquiera, sino uno importante. O sea, cuando estamos realizando alguna actividad y de repente encontramos “algo” de valor, no relacionado con la tarea que le precede.
Se da mucho en la ciencia, ejemplo de ello es el hallazgo de la penicilina, del efecto del sildenafilo (Viagra) para la disfunción eréctil, o de la existencia del cometa Shoemaker-Levy 9, así como de la estructura del átomo, e, incluso, de una de las drogas alucinógenas más poderosas que existe, el LSD (ácido lisérgico dietilamida).
De igual forma ocurrió con el principio de Arquímedes, y cuando Cristóbal Colón encontró América en su camino a India, entre muchísimos casos más que cambiaron el curso no solo de las investigaciones o acciones de las que se derivaron, sino de la historia de la humanidad.
De acuerdo con información etimológica recopilada en esta enciclopedia llamada Internet, este término proviene del inglés serendipity, un neologismo del siglo XVIII extraído de un cuento tradicional persa llamado “Los tres príncipes de Serendip”. Allí sus personajes encontraban en el azar soluciones a sus problemas.
Sin embargo, aunque no es una palabra de reciente creación, con el tiempo quedó un poco olvidada, hasta finales de la década de los 80, del siglo pasado, cuando el químico Royston M. Roberts publicó el libro “Serendipia. Descubrimientos accidentales en la ciencia”. También ha estado presente en el cine y la literatura, pero no es hasta ahora que se divulga el concepto con más insistencia.
Serendipia puede ser sinónimo de suerte, casualidad, carambola, coincidencia —o chiripa, en lenguaje un tanto coloquial y local. No obstante, ninguno de estos términos tiene la exacta connotación, pues no denotan el significado de hallazgo valioso sin ser buscado, sino, el encuentro fortuito, quizás intrascendente, y ya, sin calificativo.
En la literatura abundan las serendipias. La imaginación hace que los escritores inventen contenidos y algunos luego han resultado reales. Tal sucedió con los dos satélites de Marte, descritos en el lejano siglo XVIII por el escritor irlandés Jonathan Swift en su libro Los viajes de Gulliver. Evidentemente fue una invención porque para aquel entonces no existía tecnología capaz de visualizar cuerpos tan distantes, y no fue hasta más de 150 años después cuando fue demostrada su existencia.
Aunque suene un poco místico, muchos hablan también de serendipia en el terreno del amor. Sí, digamos que este sustantivo aplica perfectamente a cuando encontramos a una persona que no buscamos. O sea, cuando encontramos en un sujeto la sorpresa del ser amado y que, sin imaginarlo antes, nos parece real, verdadero, hasta definitivo.
Serendipia en el plano de los afectos es un asunto cuestionable. Se refiere al hallazgo repentino, mutuo, cuando es fruto total del azar y el caos. Es cuando no pasa inadvertido, nos paraliza, enajena, y hace olvidar lo desordenado de este mundo para querer construir una historia.
Imagen tomada de https://niu.com.ni
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