Momentos con Víctor Jara ( + Video)

Momentos con Víctor Jara ( + Video)
Fecha de publicación: 
10 Julio 2024
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Tenía mucha vida en los ojos y un rostro pálido sin abismos. Tocamos y apareció en la puerta al poco rato. Me dijo que se sentía afiebrado: “Tal vez, gripe”. El fotógrafo Rafael Calvo, le dio su receta para estos males: “Lo mejor es un buen trago de ron cubano”. Todos reímos.

Después llegaron sus palabras vehementes, quemantes como el fuego, premonitorias: “Algún día habrá que cambiar la guitarra por el fusil”. Víctor hablaba del proceso revolucionario, que en aquel tiempo se enardecía. Lo entrevisté en 1972 durante el Encuentro de Música Latinoamericana, organizado por Casa de las Américas.

-La canción política siempre estuvo presente en Chile, junto al campesino, junto al minero, junto a los desposeídos. Canción que expresaba sus sufrimientos, sus tristezas, su condición de explotados.

El cantante y compositor ponía como ejemplo el Canto de la Pampa, que narra la masacre de Santa María de Iquique, que costó la vida a tres mil obreros. La tradición de rebeldía, de lucha social ha estado arraigada en el pueblo. Durante la charla, se refirió a Violeta Parra, “la Viola” como acostumbraba a llamarla.

-Recorrió durante veinte años el campo, las minas, los pueblos del Sur, convivió con los mapuches, con artesanos y pescadores. Era ese quehacer de años el que le da a su música una motivación histórica muy fuerte. “La Viola” con su conocimiento profundo del pueblo y su folclor, creó una nueva canción, muy musical, muy poética y, sobre todo, auténticamente popular. Ella mostró el camino y su canto fue definitivo para los jóvenes. Durante la campaña de la Unidad Popular esta canción se manifestó en plena madurez.

Víctor había nacido en Chillán Viejo, en 1932, y desde niño tomó contacto con la música de su tierra, pues su madre era una campesina que amaba la poesía de los amaneceres y la música de los pajarillos silvestres. En 1955, Víctor se incorporó a la compañía de mimos Noisvander. Al año siguiente, ingresa en la Universidad, conoce a Violeta Parra y aprende sus trovadas ingenuas, sencillas, dolientes. Con el grupo Cuncumén inicia apasionado una profunda indagación  de la música tradicional.

Como la escena lo había ganado, estudia dirección, a él se deben los montajes de Parecido a la felicidad y La Mandrágora. La crítica especializada lo aplaude en Ánimas de día claro. A partir de 1963, Víctor ofrece recitales que lo llevan a fábricas, sindicatos, minas, peñas, teatros. Andan voz y guitarra los caminos numerosos que lo llevan al corazón del pueblo.

En 1965, recibiría premios por la dirección teatral de La maña y La remolienda. También participa en el montaje de Marat-Sade, obra de Peter Weiss.

Aunque se destacó en la escena, su canto fue vocación, refugio, emoción, esperanza, grito y denuncia.

En Plegaria a un labrador, expresa:
Levántate y mira la montaña
de donde viene
el viento, el sol y  el agua
Tú que manejas el curso de los ríos
tú que sembraste el vuelo de tu alma
Levántate  y mira la montaña
para crecer estréchalas a tu hermano
juntos iremos
unidos en la sangre
hoy es el tiempo que puede ser mañana.

En cintas grabadas, entrevistas, programas, intervenciones, en festivales y encuentros, el artista chileno proyectó su pensamiento, su código estético y político: “...el canto es como el agua que limpia las piedras, el viento que nos limpia, el fuego que nos une, y que queda ahí en el fondo de nosotros para mejorarnos". Definía la canción protesta como un “hecho, una realidad, y una necesidad del hombre de nuestros días. Perseguida y censurada vuela más allá de las barreras y se transforma en lenguaje común de la juventud del mundo”.

Criticaba el movimiento llamado neofolckor inducido por la industria del disco y la reacción con objetivos, comerciales y políticos; frente a este surgiría la Nueva Canción, que sustenta posiciones revolucionarias y, lógicamente, fue acusada por la derecha de subversiva.

Para echar a caminar el movimiento fue importante el Primer Festival de La Nueva Canción Chilena y luego la Discoteca del Cantor Popular, que integró a los autores que seguían esa tendencia al rescate de la identidad cultural del pueblo. Florecieron figuras y grupos como Isabel y Ángel Parra, Inti Illimani, Quilapayún, que Víctor dirigió por algunos años.
 

Por casi dos horas charlamos con Víctor, y Calvo tomó numerosas fotos del artista, lejos estábamos de pensar que éste sería su último viaje a Cuba, que lo acogió con los brazos abiertos.

En su recitales Casa de las Américas subrayaba emocionado: “Estoy contento de estar aquí. Quisiera encontrar palabras hermosas, pero es que los sentimientos no encuentran ni siquiera una palabra para decir exactamente lo que siento”.

Ahora, Una palabra solamente:
Una palabra solamente, cubano
déjame que interrumpa tu trabajo
yo sé que tu machete está muy alto
más allá que el futuro de tus manos
más allá que la puerta del destino
más allá que el odio del tirano
y tan cerca del amor cubano
tan cerca del amor americano.

La obra de Víctor como compositor abarca numerosas temáticas y fundamentalmente, la política y social. Entre las piezas más populares figuran Te recuerdo Amanda, Plegaria a un labrador, Con el alma llena de banderas, Las casitas del Barrio Alto, Canción del minero y Ni chicha ni limoná.
 

Igualmente musicalizó textos de Pablo Neruda y Miguel Hernández y otros autores usaron los de Víctor en sus canciones. Compuso música incidental para la TV, el teatro y ballet. Dejó varias obras inconclusas como Ranquil y un instrumental sobre distintas regiones del país austral.

El cantante y compositor comprometido con la lucha de su pueblo viajó intensamente: Estados Unidos, Gran Bretaña, RDA, Argentina, Uruguay, México, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Perú, URSS, Cuba...

Su último poema se tituló Estadio Chile:

¡Canto que mal me sales
Cuando tengo que cantar espanto
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi
Lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento…!

Fue apresado el 11 de septiembre de 1973 durante la asonada militar contra el presidente Salvador Allende. Durante los duros días de encierro en el Estadio Nacional, antes escenario de sus triunfos, continuó cantando a la vida. Luego fue golpeado brutalmente y le quebraron las manos hasta que fue asesinado. Víctor Jara como  el labrador de la plegaria sembró el vuelo de su alma en las más hermosas canciones de amor y esperanza.

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