JOVEN Y ARTISTA: Rafa y el saxo

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JOVEN Y ARTISTA: Rafa y el saxo
Fecha de publicación: 
26 Noviembre 2025
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Rafa, como le llaman los amigos, nació en Guantánamo y allá comenzó su historia de amor con la música y, bueno, como casi todos los amores verdaderos, al principio le dio su poco de guerra: se presentó en segundo grado a la Escuela Elemental, pero no alcanzó plaza para ninguno de los instrumentos de las llamadas «carreras largas» (piano, violín, viola y cello). 

En cuarto grado, se cambió de dirección, una odisea bastante recurrente en las provincias, para poder optar por determinados instrumentos para los que tienes condiciones físicas o vocación, simplemente no están disponibles para el municipio en el que realmente vives, en fin… así comenzó la historia y nuestra conversación con Rafael Ramírez Martínez, quien actualmente forma parte de la agrupación Arnaldo Rodríguez y Talismán. 

—¿Por qué escogiste el saxofón? Cuando entraste al nivel elemental, ¿ya te llamaba la atención este instrumento o fue —digamos— «el que te tocó»?

—El saxofón realmente me lo dieron, no fue que lo pedí ni nada por el estilo, ni siquiera sabía en ese momento qué era el saxofón. En la escuela fue que lo conocí como tal, supe qué era, cómo sonaba y quiénes eran saxofonistas. 

—Es que los músicos escogen su carrera desde muy pequeños, con nueve años deben tomar una decisión que el resto podemos extender como hasta los 18. ¿En qué punto de esa larga etapa de estudios dirías que te enamoraste definitivamente del saxo?

—Estando en quinto grado, en mi primer año con el saxofón. Al principio estaba un poco renuente por el hecho de que no lo conocía. No le había visto una importancia relevante, decía: bueno, ¿y esto qué puedo hacer con él? Hasta que empecé a escuchar música y a detenerme en «oye, claro, eso es el saxofón». Empecé a reconocerlo en la música, escuchando orquestas, viendo la televisión… Mi mamá me decía: ¡mira un saxofón! Ahí fue que empecé a ver y reconocer cómo era el saxofón, cómo funcionaba, y me enamoré de lo precioso que es tocarlo y la cantidad de cosas que se pueden hacer con un saxofón.

—¿Cuáles son los mayores atractivos que le ves?

—La capacidad enorme que tiene de poderse mezclar en cualquier música; en cualquier lugar tú puedes poner el saxofón y va a lucir. En cualquier espacio, en cualquier tipo de música, donde quiera va a acoplarse a la perfección, al punto de que yo he tocado incluso hasta en mariachis con el saxofón. Tuve un tiempo que tocaba en Guantánamo con un mariachi, éramos muchachos todos, y por falta de trompeta, un día les dije a los socios: mira, podemos intentar con el saxofón, y me dijeron: dale, vamos a ver qué pasa; y cuando tocamos con el saxofón, bueno... hasta este momento, ese mariachi sigue trabajando con el saxo, nunca más utilizaron la trompeta. El saxofón cabe donde quiera, donde sea; y bien tocado, bonito, enamora a cualquier corazón.

—¿Qué retos te impuso el estudio del instrumento?

—El mayor reto fue lograr el compromiso. Uno entra muy pequeño, con 10 años uno no logra entender que ya tiene una carrera en las manos, que ya tiene responsabilidades con esa carrera. Y entonces, mi mayor trabajo fue ese, el hecho de poderle poner la responsabilidad y el empeño que llevaba y decir: lo voy a conseguir, puedo conseguir mejores cosas, puedo crecer cada vez más.

«Eso me costó. La realidad es que se lo agradezco eternamente a mi mamá y a mi profesor René, porque era muy complicado: tenía las distracciones de los socios jugando, la computadora, el atari, y ya más grandecito, quiero salir, quiero hacer, y tenía que sentarme a estudiar el saxofón». 

—Me dices que tocaste en un mariachi. ¿Cuánto has podido experimentar con el saxo en diferentes géneros y formatos?

—Yo con el saxofón he tocado rock, mariachi, timba, boleros, mambo; he tocado en formatos muy diversos, incluso en formatos improvisados. He experimentado mucho con el instrumento porque ya te digo, yo brindado pa' todo, donde quiera que dijeran: hace falta un músico, yo soy un saxofonista, pero no queremos un saxofón, no importa, pero prueba por si acaso, a ver si te gusta. Con ese concepto, me he colado en casi todos los lugares.

—¿Qué más sueñas hacer con el saxofón?

—Mi sueño real con el saxofón es lograr pisar cada lugar que pueda existir donde se pueda hacer música sin el aquello de decir: «aquí no se puede tocar el saxofón porque esto es un tablao flamenco»; ok, no importa, yo quiero tocar flamenco también con el saxofón. Mi sueño real, mi sueño ambicioso con el saxo es lograr eso, poder tocar en cualquier lugar donde me permitan tocar el saxofón, y que las personas que a lo mejor no lo conocen se den cuenta de lo grandioso que es ese instrumento.

—¿Quiénes han sido tus paradigmas como instrumentistas?

—El primer saxofonista que escuché fue Kenny G. En ese momento en el que estaba buscando qué es el saxofón, quién lo toca, dónde puedo verlo, me sentaron y me dijeron: mira, no te enredes tanto buscando dónde escuchar el saxofón, siéntate y mira las teleclases; toda la música que se utiliza en teleclases tiene saxofón, casi toda es de Kenny G. Entonces escuchaba y decía: wow, pero sí, desde que tengo uso de razón estoy escuchándolo, y no me había ni siquiera dado cuenta. Un amigo que estudiaba conmigo me copió prácticamente toda la discografía de Kenny G y lo escuchaba todo el tiempo, porque además, me encanta cómo toca. Ya después, fui creciendo y descubriendo que había otros estilos, otras personas, otras maneras de tocarlo, y entonces fue que empecé a encontrar que existió un señor como Charlie Parker, como Coltrane, más enfocados al jazz. Después, descubrí que en Cuba existía César López, que es un «monstruo»; vi a Paquito de Rivera, que es otro «bestia» más; entonces, más o menos por ahí fueron los saxofonistas que realmente escuché con detenimiento, que estudié.

—Estudias saxo popular en el ISA. ¿Qué te conectó con esa carrera?

—Primero, le encontré mucho valor al hecho de que, por primera vez, en el ISA y en la educación artística en general, le ponen cierto interés particular a la música popular, tanto cubana como extranjera, y eso me valió mucho para entrar. Dije: yo tengo que estar ahí, quiero ser uno de los primeros graduados. De hecho, si me gradúo, voy a ser el primer graduado en el país de música popular, el primer licenciado en Música popular. Entonces, realmente ahí fue donde le vi la importancia a la carrera, al hecho de que por primera vez se hacía, y me interesó mucho ser parte de esa primera vez. 

—También ejerces como profesor. ¿Disfrutas enseñar?

—Cuando me ofrecieron la posibilidad de dar clases de banda en la Guillermo Tomás, trabajar con la jazz band, al principio le tuve cierto miedo, porque realmente yo para enseñar, para dar clases, soy muy malo, pues tengo una paciencia muy limitada en ese aspecto. Mi mamá era la que me decía: oye, sí, dale, inténtalo; y yo que no, que no puedo sentarme en un aula llena de muchachos; entonces una amiga mía profesora, que es como una madre para mí, me dice: «inténtalo, y yo que te conozco, sé que el día que lo pruebes, te va a encantar», y por ahí me fui, le hice caso, pensé: «dos madres mías no pueden estar equivocadas», acepté y te juro que fue grandioso, o sea, mi primera clase con los muchachos fue un nervio abismal, pero al mismo tiempo lo disfruté mucho, porque la mayoría me conocían, me habían visto tocando, y me di cuenta de que yo era como un ejemplo, me admiraban… Luego, cuando empecé a conocerlos, a escuchar sus historias, cómo viven, cómo estudian, cómo se preparan, lo que piensan, eso me encantó, me encanta cada vez que llego a la escuela y me están esperando, y me llaman, profe, profe, y empieza el tumulto de preguntas, y cada cual me quiere preguntar lo que quiere saber, qué cómo hago esto o aquello, que cuándo me va a llevar a un concierto suyo, yo quiero tocar con usted, y me vuelven loco, pero realmente me encantó, porque, además, me sentí muy identificado con muchos que desde chiquitos se están interesando por aprender, por crecer, y me recordó mucho cuando yo era niño, que era igual, era hiperquinético, y le caía arriba a todos los adultos para que me enseñaran. Realmente disfruto muchísimo enseñar.

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