Empleos informales, un desafío para el mercado laboral en Latinoamérica
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Foto: Marcello Casal Jr /Agência Brasil
En América Latina y el Caribe, la informalidad laboral no es una anomalía coyuntural, sino una realidad estructural que atraviesa economías, identidades nacionales y políticas públicas.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el 54,1% de las personas ocupadas trabaja en condiciones de informalidad, sin estabilidad ni protección social, cifra que apenas ha retrocedido tras la recuperación pospandemia.

Foto: EFE
Este fenómeno no es homogéneo. Mientras en países como Chile y Uruguay las tasas de trabajo informal son las más bajas de la región, rondando el 22%, en naciones como Perú es del 70%, mientras que en Ecuador se sitúa en torno al 54%.
La heterogeneidad de estos datos revela mucho más que estadísticas, remite a estructuras productivas y sociales profundamente arraigadas que influyen en quién puede acceder a empleos decentes, con contrato, seguridad social y derechos laborales completos.
La OIT subraya que estos déficits laborales no solo perjudican a los trabajadores, carentes de redes de protección ante enfermedad, desempleo o vejez, sino que afectan la estabilidad fiscal de los Estados y la productividad nacional, dado que gran parte de la fuerza laboral opera fuera de sistemas contributivos, según comentaba Telesur.

Foto: tomada de cis-bienestar.org
La persistencia de esa informalidad laboral está ligada a múltiples factores económicos y sociales. El Panorama Laboral 2025 para América Latina y el Caribe, de la OIT, señala que, aunque la participación laboral y las tasas de empleo se han estabilizado o incluso mejorado en algunos países durante el último año, la informalidad solo ha disminuido de modo marginal, evidenciando que los ciclos de crecimiento económico, si existen, no son suficientes por sí solos para revertir la precarización que afecta a amplios sectores de la población.
Un ámbito donde la informalidad se concentra con fuerza es el sector agropecuario. Un informe conjunto de la OIT y la FAO muestra que el 86% de los empleos agrícolas en la región carecen de protección laboral formal.
Se trata así de un sector que, aunque esencial para la seguridad alimentaria, sigue marginado de los sistemas formales de empleo y protección social, como indica la propia OIT .

Foto: tomada de agrolatam.com
Los efectos de la informalidad se extienden más allá de los números: generan desigualdad salarial, persistencia de la pobreza, exclusión de prestaciones básicas y brechas de género.
Las mujeres y los jóvenes representan una proporción significativa de la fuerza de trabajo informal, acentuando vulnerabilidades ya documentadas sobre condiciones laborales en economías emergentes.

Foto: Marcel Crozet /OIT
Estrategias para un trabajo formal
Ante esta realidad, organismos como la OIT han establecido estrategias regionales de formalización que apuestan por políticas integrales entre 2024 y 2030, con el objetivo de articular marcos normativos, incentivos económicos, educación técnica y estrategias de protección social que permitan transitar hacia economías más robustas y equitativas.
Sin embargo, los desafíos son múltiples porque los esfuerzos de formalización requieren una reconfiguración profunda del modelo de empleo y de seguridad social, más allá de reformas aisladas.

Foto: tomada de rimaypampa.org
Y es que la informalidad laboral en América Latina emerge hoy no solo como un indicador económico, sino como síntoma de profundas inequidades estructurales.
Su persistencia limita el desarrollo productivo, perpetúa la vulnerabilidad social y exige una conjunción de políticas que incluyan crecimiento económico inclusivo, educación laboral, protección social universal y marcos legales efectivos para transformar las condiciones de vida y trabajo de millones de latinoamericanos.












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