El país que no soñó Martin Luther King
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Foto: Resumen Latinoamericano
Este lunes es el primer feriado federal de 2026 en Estados Unidos. Con una agenda de desfiles y festivales culturales se celebra cada tercer lunes de enero el Día de Martin Luther King, el líder afrodescendiente que dedicó todas sus energías a defender los derechos civiles y murió asesinado a tiros por una sociedad que, al parecer, percibía como una amenaza su sueño:
«Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales».
El país que no soñó Martin Luther King Jr. tendrá que ponerse espejuelos oscuros para hablar de él sin mencionar a Renee Nicole Good, la mujer a la que un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, mató a disparos en Minneapolis hace poco más de una semana.
Ella era blanca y ciudadana de esa gran nación, donde Luther King soñó «que todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo espiritual negro: “¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres!”»
Sin embargo, su asesino estaba en la calle justamente cazando a los que «valen menos que la bala que los mata» —diría Galeano—, los que no tienen derechos, aunque han construido con su trabajo mal pagado cada milímetro del país que ahora los desprecia: los inmigrantes.
¿Cómo celebrar el Día de Martin Luther King mientras ronda el fantasma de Keith Porter Jr., un hombre negro de 43 años ultimado a tiros por un agente del ICE que estaba fuera de servicio en Los Ángeles, el 31 de diciembre? ¿Cómo hacerlo sin que la justicia haya llegado para él y su familia?
Otra vez, «Estados Unidos ha fallado en su promesa», tal cual expresó Luther King en su más famoso discurso. La patria de Lincoln amaneció este tercer lunes de enero bajo los designios de un psicópata capaz de secuestrar un presidente legítimo, mirar la muerte de seres humanos como si fuera un reality show, afirmar que el cambio climático es la mayor estafa de la historia, expulsar de sus casas a los niños de Gaza, a los que logren escapar de las bombas que él mismo financia, y luego, con total insolencia, reclamar el mismo Premio Nobel de la Paz que Martin Luther King Jr. honró con su vida.












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