DE LA COCINA: Pudín

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DE LA COCINA: Pudín
Fecha de publicación: 
31 Enero 2025
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Imagen tomada de https://www.a24.com

Si un postre nos acompaña desde siempre, es el pudín de pan, fácil de hacer, adaptable y delicioso de cualquier manera, desde la más simple hasta la más rebuscada. El término pudín es empleado en el mundo para varios postres que en Cuba conocemos como natilla muy espesa, también bizcocho o panetela. Para nosotros será el de pan, la clásica preparación de aprovechamiento que como tantas otras nació de la necesidad y hoy es un plato exquisito que no falta en los recetarios por ser muy versátil.

Como el tamal, el arroz frito y tanto más, el pudín surgió a partir de esas “sobras” en la cocina y de la necesidad, el ingenio y el respeto por los ingredientes. No solo con la idea de solucionar un problema, el de evitar el desperdicio, sino de crear nuevas recetas en época de escasez que, en casos como estos, se convirtieron en identidad gastronómica y cultural de regiones, en un postre reconfortante y emblemático al mismo tiempo.

Su historia se remonta a siglos atrás, es tan añeja como el mismo pan. Cuentan que en la Roma antigua ya se mezclaba pan duro y viejo con líquidos como la leche y el vino, además se le ponía miel, especias y frutos secos. Pero los ancestros del pudín también lo ubican en la Europa medieval cuando ya se preparaba un pan remojado que después se freía, la clásica torreja de hoy, prima directa del pudín.

Se hacía de muchas maneras, dulces y saladas. La base era pan humedecido con lo que fuera que se encontrara en la despensa y le diera sabor, y la forma de cocción era también variable, desde envuelto en paño o tripa y hervido o hecho al vapor. Con la creciente disponibilidad del azúcar las versiones dulces ganaron en popularidad. Solo hizo falta un poco de tiempo para que se expandiera y adaptara por todo el mundo gracias a los flujos migratorios.

El pudín se adapta a todos los gustos, los hay humildes y también gourmet. Se puede comer frio y caliente, más o menos húmedo, con sabor afrutado, especiado, con un toque de licor. Se puede hacer con casi cualquier ingrediente y hoy veremos algunas opciones.

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Imagen tomada de https://www.verybestbaking.com

La base del pudín ya la conoce, pan, huevo, azúcar y leche en baño de María al horno o en olla. Hay quien prefiere batir la mezcla y quien corta o desmiga el pan en trozos y lo deja remojado por un rato para que absorba los ingredientes que pueden ser diversos como los clásicos vainilla, chocolate, café, también coco y canela, jengibre, maní, pasas de uva y ron, incluso frutas como mango y pinna o limón.

Una técnica para cuando la mezcla contiene agregos con cuerpo puede ser crear capas alternadas de rodajas de pan enteras y, por ejemplo, maní, o pasas, lascas de pinna o mango, que se puede mojar con ron un poco antes y quedará divino. Entonces, de este modo al cocinar el pudín en capas, quedará mejor repartido y visualmente muy bonito cuando se voltee en un plato. Lo importante es que el pan esté enchumbado en huevo, azúcar y leche para que quede compacto y que la fruta esté cortada muy fina y también húmeda.

El resultado de su elección se dispone en un molde con caramelo para que desmonte perfecto y estará listo cuando cuaje. Si queda firme se puede desmoldar enseguida y si es un poco cremoso necesitará refrigeración para que no se desbarate.

Para las variantes con pinna y mango, si no se tiene suficiente se puede poner rodajas directamente en el caramelo antes de que endurezca y luego agregar la mezcla de pan troceado o batido. Así se conseguirá una corona de fruta caramelizada.

Como con el flan, la clave está en hacer un caramelo claro para que no deje sabor amargo. También es importante que la mezcla no quede muy aguada porque puede desmoronarse después, pero tampoco muy seca porque quedará duro. Todo es cuestión de gustos y de ensayo y error hasta que encuentre la combinación de su preferencia. Pruébelo.

El pudín destaca por su versatilidad porque admite cualquier ingrediente y tiene muchas formas de preparación. Sin dudas, es ícono de sostenibilidad, nacido en tiempos de racionamiento para clases sociales bajas y hoy servido en restaurantes de renombre con salsas sofisticadas e ingredientes de alta calidad. Afortunadamente todavía podemos hacerlo en casa con el mínimo de sus componentes para poner en la mesa de postre o merienda.

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