Antonio Machín, sin ausencias
especiales

El famoso cantante cubano Antonio Machín fue un ídolo en España; entre sus éxitos están El Manisero y Angelitos negros.
La madre Leoncia, de negra piel reluciente, gustaba cantar las melodías de moda mientras fregaba los calderos de la vieja hornilla de carbón o lavaba la ropa blanca de cama, un pantalón ya desteñido y, con sumo cuidado, una blusa de seda que le regalaran años atrás por su cumpleaños y que sólo estrenó en un baile cuando miró el amor en los ojos de aquel español recién llegado a Sagua la Grande.
De aquel enamoramiento nació Antonio Machín en 1903. De niño, comenzó a tararear aquellas canciones aprendidas en la voz de la mamá y las hizo por siempre suyas.
En el barrio a la salida de la escuela, los amigos lo animaban a cantar y él los complacía a todos. Jovenzuelo, no dudó un día en escaparse a Santiago de Cuba, cuna de la trova y el son; regresó de esa ciudad bajo una lluvia de regaños cuando el padre fue a buscarlo.
Cantaría en los coros de la iglesia. Hizo estudios de música y estuvo en la Banda Municipal de Sagua la Grande, en la que tocó el clarinete.
Tiempo después, decidió viajar a La Habana, donde estaba seguro que sus sueños se realizarían más temprano que tarde. Trabajó en la construcción y en sus noches libres vivió aquella bohemia de bares, cantinas, clubes, en el puerto de la gran capital.
En 1924 forma un dúo: él, voz prima y el trovador Miguel Zaballa, voz segunda. Otro momento en su trayectoria profesional: el Trío Luna, dirigido por Manuel Luna e integrado además por Enrique Peláez. Cultivan desde el sentimental bolero hasta la pícara guaracha, la sabrosura del son.
La gran oportunidad le llega cuando se incorpora a la orquesta de Don Azpiazu. Su participación como cantante en este grupo es clave porque amplió sus horizontes musicales al presentarse en reconocidos escenarios e incluso grabar.
En 1930 le espera el mayor de los éxitos en Nueva York con la orquesta Havana Casino de Don Azpiazu cuando actúa en el Palace Theatre de Broadway, donde canta El manisero, del compositor cubano Moisés Simons; arrebata este son pregón, que Machín graba en lo que se estima el primer disco millonario de la discografía cubana.
Maní, maní…
Si te quieres por el pico divertir
Cómprame un cucuruchito de maní.
Ay, ay
Ay, que calientico y rico está
ya no se puede pedir más
Ay, caserita, no me dejes ir
porque después te vas a arrepentir,
y va a ser muy tarde ya.
Manisero se va.
Caserita, no te acuestes a dormir
sin comprarme un cucurucho de maní.
Cuando la calle sola está,
casera de mi corazón,
el manisero entona su pregón
y si la niña escucha su cantar,
llama desde su balcón:
dame de tu maní,
que esta noche no voy a poder dormir
sin comprarme un cucurucho de maní.
Ay, ay,
manisero se va, se va...
La pieza se escucha en la voz del nuevo ídolo principalmente en Francia e Inglaterra. El intérprete crea el Cuarteto Machín, que hizo antológicas grabaciones para la RCA Víctor de compositores tan afamados como Sindo Garay, Ignacio Piñeiro, Graciano Gómez y Rosendo Ruiz, entre otros.
Machín no detiene su andadura musical y funda su orquesta Habana con la que se presenta en las principales ciudades de Europa. Vestido elegantemente y siempre con sus maracas, en 1939, lo encontramos en el espectáculo musical Canto a los trópicos, de Moisés Simons. El manisero en su interpretación, fresca, cubanísima, gana el aplauso de todos.
Por esa fecha, Alejo Carpentier en una crónica publicada en la revista Carteles, expresa su admiración por el cantante:
“En Machín, voz grata, de ricas sonoridades, los géneros cubanos hallan un intérprete concienzudo y conocedor de sus menores matices. Autor de una notable creación del Manisero de Simons, Machín sabe interpretar con igual fortuna una rumba trepidante o una canción llena de nostalgias. Su repertorio es vasto y diverso. Pleno de curiosidad y amor por las cosas de su tierra, ha sacado del olvido muchas décimas antiguas, muchas canciones cuyo recuerdo comenzaba a borrarse, comunicándoles nueva vida. Lleno de gravedad y unción, interpreta las melodías del trópico con una elocuencia irresistible. Buena prueba de su talento está en el hecho de que ha logrado convencer sin dificultad a dos públicos tan disímiles como el inglés y el francés”.
De París viaja a Londres, y en el Teatro Adelphya recibe las más calurosas ovaciones cuando interpreta: Lamento esclavo, de Eliseo Grenet y Lamento africano, de Ernesto Lecuona.
Durante 1938 se estableció en París y luego decide residir en España. Es la etapa del fascismo y Machín ha de comenzar de nuevo; durante siete años está con la orquesta Los Miuras de Sobré y, en calidad de solista, viaja por la extensa geografía española. La consagración en el país le llega en 1947 con el estreno de Angelitos negros, de Andrés Eloy Blanco y Manuel Álvarez (Maciste). De esta grabación se vendieron miles de discos. Otra de las canciones más aplaudidas de su repertorio: Dos gardenias, de su compatriota Isolina Carrillo.
Centralizó gustadas producciones musicales como Ébano y Marfil, Cancionero Cubano, Caras conocidas, Maracas, Palillos y Tambores, Altas variedades, Espectáculo Internacional, Cuba y España y Melodías de Color.
Aunque fijó su residencia en España y allí formaría una familia nunca olvidó a Cuba y, especialmente, en 1958 visitó la Isla y se deleitó con los paisajes de su terruño Sagua la Grande. Varios homenajes lo llenaron de alegría.
La fama del cubano nunca decayó, su prodigiosa voz prima se escucha en la colección de volúmenes Antonio Machín como siempre. Para la disquera Discofhon grabó trescientos discos hasta 1967.
Compuso: Dímelo, El pobre corazón, Quiero que hablemos, Mi ángel protector, Moreno, Peregrina flor, Sentimental, A Santa Clara me voy, Una sola seña. Junto con Santiago Rogés, escribió el bolero montuno Sagua la Grande.
En la pantalla grande participó en los filmes españoles: La casa de la sonrisa, Del rosa al amarillo, La niña de luto, Fin de semana y Canciones después de una guerra.
Siempre actualizado tuvo su agrupación: Antonio Machín y la Orquesta Chachachá, que llevó la música del maestro Enrique Jorrín a diversos lugares de España y aún más allá de sus fronteras.
Por muchos años el cubano continuó ganando ovaciones. El 4 de agosto de 1977 falleció en Madrid. Fue sepultado en la necrópolis de San Fernando de Sevilla, tal como él había pedido. Allí, un monumento recuerda al cantante Antonio Abad Lugo Machín.
Pachito Alonso y sus Kini Kini grabaron en 2013, un disco con Producciones Colibrí, titulado Homenaje a Antonio Machín y Pacho Alonso, en reconocimiento a la amistad de ambos intérpretes.
El sagüero dejó una estela de admiración en España, donde fue muy admirado por el público y distintos artistas. Para el catalán Joan Manuel Serrat: “La figura de Machín está ligada a la cultura sentimental de la radio”.
Su influencia también se hizo sentir en personalidades como el director de cine manchego Pedro Almodóvar, quien comentó que “él fue el que me metió el bolero en la sangre”.
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