Amadeo Roldán: Por un arte autóctonamente americano

Amadeo Roldán: Por un arte autóctonamente americano
Fecha de publicación: 
1 Marzo 2021
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"Como músico americano mis ideales son, ante todo, conseguir hacer un arte esencialmente americano en un todo independiente del europeo, un arte nuestro, continental, digno de ser aceptado universalmente", afirmó Amadeo Roldán en un artículo que tituló Posición artística del compositor americano.

El director de orquesta, compositor y pianista cubano, quien falleció el 2 de marzo de 1939, llamó a los músicos americanos, dueños de bases tan variadas y rítmicas como la que tienen sus países, a hacer un arte autóctonamente americano.

Amadeo Roldán- hijo de madre cubana y padre español- desde pequeño aprendió a tocar el piano con la progenitora y luego recibió clases de violín, composición y armonía en Europa donde residió por largo tiempo hasta viajar a Cuba. Con sólo 16 años Roldán legó al pentagrama cubano Suite en Sol Mayor, una de sus primeras composiciones.

Amadeo Roldán, junto a Alejandro García Caturla, tuvo el mérito de haber sido iniciador del arte sinfónico en Cuba y primer músico del país caribeño que incorporó los instrumentos afrocubanos a la orquesta sinfónica.

El afamado compositor y pianista, nacido en París el 12 de julio de 1900, desde muy joven se consagró al estudio del arte musical. A los 17 años fue acreedor al preciado premio Sarasate en la categoría de violín, que le abriría las puertas para obtener una plaza en la ejecución de dicho instrumento en la Orquesta Filarmónica de Madrid y realizar conciertos en ciudades españolas.

A los 19 años llegó a la Isla donde afrontó una difícil situación económica, por lo que debió trabajar en cabarets, cafés, restaurantes, cines, y dar clases de violín, viola, guitarra y otras asignaturas para obtener el sustento diario.

Por aquella época compuso obras llamadas de juventud, que abarcaban los géneros sinfónico, de  cámara, voz y piano y un poco más adelante La obertura sobre estrenos cubanos, donde afloran por primera vez elementos del folclore musical cubano; Tres pequeños poemas, Pregón, Fiesta negra y Oriental, el último inspirado en los temas del cocoyé oriental, que son coplas de comparsas santiagueras procedentes de los cabildos de negros y mulatos del siglo XIX.   

El investigador Ramón Guerra Díaz asegura que su cumbre creativa la alcanzó Amadeo Roldán con la suite Motivos del Son, basado en poemas de Nicolás Guillén, obra de difícil interpretación por la elaboración de los cantos negros.

El trabajo cultural de Amadeo Roldán incluyó su labor como director de la Orquesta Filarmónica de La Habana, a cuyo colectivo perteneció desde su fundación, y en 1927 fue animador, junto al novelista Alejo Carpentier, de los conciertos de la llamada Música Nueva, donde se dieron a conocer, por vez primera vez en Cuba, obras de Alexander Scriabin, Claude Debussy, Manuel de Falla, Maurice Ravel, Francis Poulenc e Igor Stravinski.

Por esa vía, aliado al escritor cubano, acercó a las masas populares  a las magnas obras de la música universal de la época.

Carpentier recuerda que la última vez que vio a Roldán, le pidió que le escribiera textos para masas corales. “Su próxima obra sería una cantata para orquesta, solista y conjunto coral, sobre los oficios del hombre. Uno de los cantos era el herrero dirigiéndose al hierro y al yunque, el apicultor a las colmenas, y el tercero, el pescador a la nasa. Su enfermedad le impidió llevar a cabo esta obra”, expresó el autor de la novela El siglo de las luces.

Enfermo de cáncer desde 1932, Roldán prosiguió trabajando aquejado de esa dolencia sin dejar de enseñar, dirigir o crear, hasta su muerte en La Habana, a principios de marzo de 1939,  a los 39 años de edad.

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