¿De dónde serán los changüiseros?

¿De dónde serán los changüiseros?
Fecha de publicación: 
22 Junio 2012
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La céntrica calle Los Maceos de la ciudad de Guantánamo sucumbía ante la multitud. Un pequeño escenario provocaba con su sonoridad a una mar de gente deseosa de mover los pies al tiempo que dictaban los toques de la marímbula, el tres, las maracas, el guayo y el bongó.

 

«Es nuestro changüí», dice Keller Durand, un orondo guantanamero, descendiente de emigrantes jamaiquinos. Keller es seguidor de la tradición sonera de la Isla, pero si le preguntan qué ritmo le hace vibrar, no demora en contestar que el changüí.

 

Ha crecido oyéndolo, sintiéndolo, bailándolo, pues ese género se cultiva en la región desde el siglo XIX. Keller no se explica cómo el estilo musical todavía no ha prendido en otras partes del país, a pesar de la promoción que siempre ha hecho del mismo la emblemática orquesta Revé, cuyo líder fundador, Elio Revé Matos, tiene el mérito de internacionalizarlo.

 

Para definir esa expresión musical, Andrés Fistó Cobas, más conocido en los escenarios artísticos como «Tabera», explica que en el changüí los treseros no trabajan con acordes, sino que doblan la melodía de los cantantes. El bongó, mucho más grande en cuanto a forma que el del son, se toca muy distinto al son. Y como aliciente imprescindible se inserta la marímbula, una especie de bajo, nativa de la tierra del Río Guaso.

 

Tabera es todo un conocedor del género. Ha guiado por mucho tiempo a Changüí Guantánamo, una de las agrupaciones cimeras de ese ritmo en la Isla, y por eso se atreve a asegurar que «el changüí puede gustar en cualquier parte del mundo».

 

Uno de los elementos que distingue el estilo es su forma de bailarlo. Marcelino Ruiz, uno de los autores guantanameros, explica en uno de sus números que «el changüí se baila como se toca».

 

En la Casa del Changüí Chito Latamblé de Guantánamo usted puede encontrar un sinnúmero de parejas que cada fin de semana se dan cita para bailar. Lo que más sorprende en ello es que una cifra importante de los que allí asisten son jóvenes. También lo son muchos de los que integran las orquestas cultoras de este ritmo.

 

Durante mi visita al Festival Nacional del Changüí, celebrado a inicios de junio, pude palpar que esa tradición no va colgada como de obligatorio cumplimiento por parte de sus hacedores, sino más bien que les aflora como un acto natural, necesario.

 

Y hoy vemos que el género encuentra también una mirada desde el jazz, la música coral, la trova y la música popular bailable.

 

Pero es en los cultores más genuinos donde el changüí resplandece. Por eso ha sido grato conocer a la octogenaria Evelia Noblet, bailadora del género; al propio Andrés Fistó; y a esa intensa agrupación que es Estrellas Campesinas de Yateras, con más de seis décadas en los escenarios. Ellos son los changüiseros y son de Guantánamo.

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