Ismael Borrero: Oro de autoconfianza e inteligencia (Fotos)

Ismael Borrero: Oro de autoconfianza e inteligencia (Fotos)
Fecha de publicación: 
16 Agosto 2016
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Desde mi óptica, el cubano es un hincha controversial. Exige resultados dorados, no se conforma con una presea o ver a sus atletas incluirse en una final olímpica. Muchas veces desconoce los avatares de nuestros deportistas para encarar con acierto su preparación, para intentar llegar en la mejor forma posible a una competencia de la magnitud de unos Juegos Olímpicos.

En Río, la viva expresión de un deportista rutilante, sin fisuras, superior en toda la ruta a sus rivales fue el santiaguero Ismael Borrero (59 kg).

Muy pocos de los que lo vieron imponerse en sus cuatro pleitos pudieron pensar que el indómito de 1.60 metros, nacido el 6 de enero de 1992, estuvo poco más de un mes antes de romperse el hielo padeciendo molestias en la región intercostal. Gracias a las bondades de Facebook pudimos sostener otra de muchas conversaciones:

Abrazo en la distancia Borre. Éxtasis total, incluso mejor que en el Mundial de las Vegas. ¿Cuál fue la clave en Río?

“Confianza en mis capacidades. Me preparé bien, incluso no competí mucho, pero junto a mis entrenadores diseñamos una buena estrategia. Lo dije en más de una ocasión, ninguna competencia se parece, pero el haber ganado el título Mundial el año pasado en Las Vegas, tener la posibilidad de vencer a varios hombres de la élite, elevó mis expectativas”.

¿Cómo lograste presentarte en tan buena forma física tras la lesión en la zona intercostal?

Estuve poco más de un mes sin hacer colchón, sparrings o trabajo técnico individual. Dejé de competir en los torneos de Polonia y el Gran Premio de Madrid, pero fui muy cuidadoso con mi recuperación. No forcé ningún paso, asumí el proceso con calma. Paralelamente no dejé de correr, de fortalecer los planos inferiores, de hacer soga en la medida de lo posible. Además, fui muy disciplinado con todas las indicaciones de los médicos, y ya ves, ningún rival prácticamente me atacó a esa zona”.

Tuviste un organigrama muy complicado, con varios luchadores de ex repúblicas soviéticas. ¿Temor en algún momento?

“Temor nunca. Sí un poco de cautela en el primer pleito ante el kirguizo Arsen Eraliev. Luego, al ver en la forma en que me encontraba, salí a forzar y mantuve la intensidad frente a los demás rivales. Así fui resolviendo cada combate paso a paso, sin violentar ningún escalón ni descuidar la defensa. La pelea más difícil fue frente al uzbeko, me había ganado por superioridad técnica discutiendo bronce en Taskent 2014, y me cuidé mucho de no cometer ningún error frente a él. No podía echar por la borda tanto sacrificio. Todo me llevaba al colchón, tenía la mente en blanco, y cuando gané, la primera persona en quien pensé fue en mi madre Mayra. Ahora que soy campeón olímpico puedo decir que todo salió bien”.

Cuatro actos resueltos de forma inobjetable: 6-3 sobre Eraliev, superioridad técnica (8-0) sobre el chino Wang Lumin, 4-1 revancha  a costa del uzbeco Elmurat Tasmuradov, y rutilanes 8-0 nuevamente superioridad por el oro ante el Japonés Shinobu Ota. ¿Fue la presa a dos brazos-un brazo la esencia para marcar?

“Esos secretos no se revelan el mío, pero de seguro en el futuro mis contrarios estudiarán mis peleas. Sí, considero que soy mejor en el combate arriba. Mantengo siempre la intensidad a la ofensiva, y en el control de los brazos de mis oponentes con esa presa está la divisa. Es esencial para sacar ventaja, meter el pie, y conseguir los pases atrás. Sin embargo acá casi todos los pleitos los resolví desde la posición de cuatro puntos, cerrando bien el agarre y con el desbalance o el volteo como técnicas efectivas. Claro, para llevar a los contrarios a esa posición, necesitaba mostrarme más activo, dominando el combate, y la presa fue esencial para conseguirlo”.

¿Eso significa que técnicamente has evolucionado desde el sinsabor de los Panamericanos de Toronto y aquel séptimo lugar?

“Mucho, esencialmente en el componente psicológico. Mi técnica también se ha ampliado, me siento seguro sobre cada acción, parejo tanto en el combate arriba como en cuatro puntos, mejor a la defensa, aunque acá no tuve que ejecutarla, pues siempre salí con ventaja. Aprendí la lección de Toronto. Pudiera decir que ese tropiezo me cambió la mentalidad y lo cambié por dos oros más importantes. El título panamericano llegará, es más fácil que un Mundial y estos Juegos Olímpicos. Ahora llevo mi carácter, ese ser pausado y calculador de cada detalle, al colchón, para tener una visión más amplia de a qué me voy a enfrentar y sacar provecho a la menor debilidad adversaria”.

¿Piensas que tus coequiperos pueden obtener buenos resultados?

“Mijaín es el mejor del mundo, va a demostrarlo y tengan confianza en que va a ganar. No importa si es el turco o cualquier otro contrario. El resto del equipo, creo que va a tener mucha inspiración con estos resultados. Miguel Martínez (66 kg-greco) terminó muy bien su preparación, está fuerte y ha ganado en confianza, y en la libre, Yowlys Bonne (57 kg), Reinieri Salas (86) y Liván López (74) conocen lo que es ganar al máximo nivel. Poseen todos los recursos para alcanzar una medalla. ¡Y ojo con Alejandro Valdés (65), ha crecido mucho!”

Podrán tildarme de oráculo empedernido, pero siempre vi a Borrero, alias “el jabao” con unas condiciones enormes. Tiene el enfoque que muchos otros deportistas, no solo de lucha anhelan poseer. Desde ese quinto lugar de Taskent presagié su futuro promisorio. Hemos intercambiado en incontables ocasiones: en el colchón del Cerro Pelado, en provincias como parte de la primera categoría, en las calles de La Habana, hablando sobre masonería o deporte con el profesor Carlos Alain Ávila, un amigo en común, o sencillamente intercambiando criterios sobre cualquier arista de la vida.

Es además un ser sumamente agradecido, no ha dejado de mencionar a sus primeros entrenadores allá en Santiago de Cuba. A Julio, con quien se inició en el levantamiento de pesa cuando cursaba estudios primarios (sexto grado) en la escuela Manuel Ascunce Domenech, a Humberto Suárez, quien lo inició en el mundo de las llaves y desbalances cuando vio en el deporte una vía para salir antes del colegio; a Néstro Almanza, crucial en su paso por la ESPA Nacional en el CEAR Giraldo Córdoba Cardín durante la categoría juvenil; al moro, que incansablemente trabaja con las divisiones pequeñas de la preselección en el Cerro Pelado. A Carlos Ulacia y Raúl Trujillo, este último con quien ha materializado su palmarés glorioso en los dos últimos años.

Borrero además es un ser activo fuera de los colchones, pues colabora con varias investigaciones relacionadas con los jóvenes, relacionadas con enfoques de género,  está muy ligado al psicólogo e investigador Julio César Pagés, e igualmente colabora con la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades. Sin dudas un deportista multifacético, no hace falta decir más para asegurar que estamos en presencia de una persona centrada, un luchador que sabe exactamente lo que quiere.

Ahora se inscribió en la historia como el gladiador que aportó la octava corona a la lucha antillana bajo los cinco aros. Antes, le precedieron Alejandro Puerto y Héctor Milián (Barcelona 1992), Filiberto Azcuy (Atlanta 1996 y Sydney 2000), Yandro Quintana (Atenas 2004) y Mijaín López (Beijing 2008 y Londres 2012).

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medalla lucha greco

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