Feria del Libro: Mitos griegos y cubanos

Feria del Libro: Mitos griegos y cubanos
Fecha de publicación: 
16 Febrero 2012
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No había terminado de presentar su obra Partagás y era ya imposible comprarla. Se había agotado. El nombre de Yoandri Fleites, joven aún, se ha ido asociando, edición tras edición, premio tras premio, a los mitos griegos, a partir de los cuales elabora textos para teatros muy contemporáneos. Su reciente Partagás no solo le debe a su trilogía de las heroínas clásicas en lo formal, sino también la expectativa que ha ido despertando en el público.

 

¿Por qué después de haberte ocupado de los mitos clásicos te interesas entonces por un tema que aparentemente no tiene relación directa con ellos?


Tengo una necesidad perenne en mi escritura de mitificarlo todo. Entonces en la Antígona, Un bello sino, El jardín de héroes, y la Ifigenia, que es el último texto, trabajé los mitos más puros, digamos. Fue mi primer paso hacia un pueblo en el que insisto todavía e insistiré, que forma parte de mi investigación como escritor, que está ligado a otros hechos por García Márquez con su Macondo; o Faulkner con Yoknapatawpha; o Juan Rulfo con Comala.

 

Pero tengo otras obras como Partagás que no tocan el mito puramente, desde el punto de vista clásico, pero son mitológicas de alguna manera. Me preocupa como artista la gente de pueblo, la adolescencia, porque yo sigo creyendo que las problemáticas de Antígona, o las problemáticas de Electra, o las problemáticas de Medea también pueden ser desde otro tono, problemática actuales.

 

Partagás tiene más que ver con la comedia. Pero esto se ve pero en la figura de Pichuleta Cuellar, en la figura de Lalo, en esos conflictos de adolescencia, en esas preocupaciones constantes sobre hacia dónde vamos, qué voy a hacer con... que a veces parecen sueños pobres o pequeños, pero que de fondo tienen una una trascendencia poderosa, por risible que pueda parecer desde un punto de vista externo.

Escribo Partagás incluso después de Un bello sino.

 

O sea, Antígona es la primera obra, la segunda es sobre Medea: Un bello sino; y luego habo Partagás. Solo más tarde es que aparece Jardín de héroes. Esto se debe un ejercicio de voluntad de estilo. Quería salir de la convención en que había entrado con mis trabajos sobre las heroínas clásicas, y crear en un nivel totalmente contrario con Partagás, para volver sobre Jardín de héroes con una mirada más fresca. Hacer Partagás me sirvió de mucho, sobre todo técnicamente.

 

¿Por qué en tu trilogía clásica te interesas por las heroínas y no por los héroes? Estoy pensando, por ejemplo, que Eurípides se dedicó a ser sus tragedias sobre heroínas, pero también desde una posición muy machista, con un concepto de mujer que no sé si pueda manejarse desde la contemporaneidad. Siempre fueron obras escritas desde la hegemonía patriarcal.


Parte primero de un problema de pasión, la pasión que uno puede sentir por Medea, la pasión que uno puede sentir por Fedra, por Clitemnestra, que puede sentirse por Antígona, por Electra. Esa es una. Yo me acerco a ellas, quizás, por la fragilidad que uno puede encontrar a veces en esas almas.

 

Almas fuertes, por demás.


También son mujeres fuertes, uno piensa en Medea, en Clitemnestra... sí.

 

Tal vez con Antígona uno pueda percibir mejor esa debilidad.


De alguna forma, la selección parte de un interés particular sobre ellas, desde el punto de vista de la investigación. Pero los hombres a mí me interesan. Me gustaría trabajar un día con Edipo o un Prometeo, o por ejemplo, un Agamenón. Y eso es parte de un proyecto que me tocará hacerlo como una segunda parte. Pero las mujeres me quedan más cerca como dramaturgo. Tengo una relación más particular a la hora de poner textos en boca de una mujer, a la hora de teatralizar una mujer y eso es algo que no puedo explicar, que está en mí. Poéticamente me seduce más poner a actuar a una mujer, poner a decir a una mujer, dialogar con ella en un ámbito psicológico, físico, teatral.

 

¿Dónde encuentras la fragilidad precisamente en heroínas como Medea o Clitemnestra, mujeres que aquellos trágicos griegos, Esquilo y Eurípides, consideraron fuertes y peligrosas?


Para ellos eran mujerangas de verdad, mujerangas de esas terribles. La Medea que mata a sus hijos, la Fedra que se enamora del hijastro, para ellos eran mujeres fuertes y complejas. Pero yo traté de encontrar una muchacha, digamos, como Antígona que viola la ley, la condenan a muerte y se mata a causa del error trágico de la obra. La fragilidad está en eso, ella realmente no tiene un enfrentamiento más visceral como lo tiene, por ejemplo, en la Antígona de Jean Anouilh, donde sí se enfrenta de verdad. En este caso trato de trabajar un poco mejor la adolescencia y achacarle a eso conceptos que tienen que ver con los nietos de la Revolución. Se trata de una joven que quiere dialogar con lo heroico, romper barreras.

 

Con la Medea lo que hago es todo lo contrario. Está la mujeranga de Eurípides y cuando llegas a la mía te das cuenta de que hay un cambio demasiado fuerte. Para mí es algo que parece inverosímil, aunque se da, que una mujer mate a sus hijos. Eso no me queda cerca. Sin embargo, me ocurre diferente con una muchacha que es engañada por un tipo y logra abortar. Me parece un tema más cercano, que elementalmente estaría asociado al tema del aborto, pero no es la interpretación que nos interesa, sino la que tiene que ver con el mito que le dio origen. Ahí donde hay fortaleza, le doy una fragilidad; y busco una zona poética más sencilla, más contemporánea.

 

Con la Electra pasa todo lo contrario, casi tuve que mantenerme en los mismos planos. Pero Electra también es una mujer que se está lamentando constantemente. Y aquí en mi obra le achaco un culto al héroe, y no les hablo de la otra Electra que solo tiene una visión de sangre, que demasiado plana y chata, según mi punto de vista. Creo que de alguna manera hay como como un entramado de juego. Este es un personaje que tendría que pensármelo un poco más, aclarármelo un poco más...

 

¿De cuál Electra estamos hablando cuando dices plana y chata?


De la Electra de Esquilo. Chata y plana en el sentido de que es demasiado llorona. Ahí hay una fragilidad también, cargada con todo el sentido de la sangre, que Sófocles potencia. Pero en Jardín de Héroes le doy otras fortalezas, alterno un poco entre la fragilidad que pueda haber entre las heroínas y toda la fortaleza que puedan tener.

 

La Medea, que es una mujeranga, una asesina con sus razones, quisimos defenderla de otro modo: aquí es un adolescente, que está enamorada por un problema de malcriadez. Es el tipo de contraste que quiero crear, y esta es la obra que mejor puede explicar el tipo de contraste con el que estoy jugando en la tetralogía.

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