Lo femenino en las narradoras cubanas de los 90. Mirar más allá

Lo femenino en las narradoras cubanas de los 90. Mirar más allá
Fecha de publicación: 
24 Octubre 2011
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Si bien ha habido reticencias ante los estudios de género, este tema ha tenido mucho auge en el plano académico en los últimos años en Cuba. Explorando siempre más allá de lo visible, la joven periodista Helen Hernández Hormilla acaba de presentar su libro “Mujeres en crisis”, un acercamiento a lo femenino en las narradoras cubanas de los 90.

 

Este es el resultado de su tesis de grado y cuya investigación obtuvo el premio Melanipa del Centro Félix Varela.

 

Al decir de Zaida Capote, prologuista del libro y ensayista dedicada a los estudios de género, este es un trabajo concienzudo que resalta las contribuciones de las narradoras de los 90 con un sentido sociológico e integrador pues Helen aborda el tema desde los inicios hasta la contemporaneidad.

 

El hecho de haber formulado el problema en los años 90 del siglo XX es genial porque, si nos detenemos en la literatura cubana, encontramos que es precisamente en las épocas de crisis cuando las féminas han producido más, señaló Capote.

 

Durante una conversación con la autora debutante, Cubasí conoció sobre sus principales motivaciones para hacer este libro y supimos un poco más sobre el feminismo y la literatura cubana.

 

Sé que tus experiencias personales te influyeron mucho en la concepción de este libro, además de eso y de ser mujer, ¿por qué te decidiste a escribir  “Mujeres en crisis”?


Además de ser el tema de mi tesis, este es el resultado de una indagación que duró años. Yo encontré ese libro de Luisa Campuzano (Las muchachas de La Habana no tienen temor de Dios) que me despertó el interés en la literatura femenina desde que inicié la carrera.

 

Creo que la crisis de los 90 fue un momento fundamental de la historia reciente cubana para entender el país que somos hoy. Me interesaba estudiar un período que también definía a mi generación.

La narrativa de esas autoras me hizo darme cuenta de que muchas de las cosas que yo veía y pensaba estaban en sus obras aunque no siempre de manera explícita, más bien en lo que no decían, en lo que figuraban, en su trasgresión. Creo que todo eso fue el resultado de un contexto social.

 

Me motivaba el tema porque siempre el arte y la literatura han sido ángulos desde los que las mujeres han podido expresar sus inquietudes, sus necesidades, su denuncia, conciente o inconcientemente. Ellas estaban representando su historia. Nada mejor para narrar lo que hemos vivido las mujeres en los últimos 20 años que lo que está en los libros de las autoras cubanas de los 90.

Me deslumbré con la teoría del Feminismo porque soy una mujer que piensa que todos debemos tener iguales posibilidades y derechos.

 

Creo que se debía insistir en esa presencia, que no siempre estaba lo suficientemente visible en los medios o en la crítica literaria. Quería mirar ahí, en las representaciones de mujeres hechas por mujeres, porque eso revela cómo se percibe lo femenino desde la subjetividad.

 

Después de haberme leído lo que habían hecho varias investigadoras (Luisa Campuzano, Zaida Capote, Nara Araujo, Mirta Yáñez, Susana Montero, entre otras) quise referir esa tradición sobre cómo se integran las mujeres en la literatura cubana, cuál es el paradigma de feminidad.

 

Alguien decía que los estudios de género no pueden ser lanzados como ladrillos, sino que el objetivo es hacer entender, compartir ideas. ¿Cómo valoras el trabajo de las autoras que te precedieron?


A pesar de que en Cuba la crítica literaria feminista no ha tenido todo el auge que en otros lugares del mundo- por los propios estereotipos que el feminismo como ideología fue creando, por el retardo con que se asumió los aportes del saber de las teorías de genero, etc- existe aquí una tradición de escritoras ensayistas que han reivindicado no solo el accionar cultural de las mujeres sino la proyección política que el feminismo implica como ideología. Esta tradición existe desde Gertrudis Gómez de Avellaneda en el siglo XIX hasta hoy. Desde entonces las féminas buscaron también un cambio en la mirada de lo femenino, con su misma presencia estaban luchando por un espacio.

 

En la primera mitad del siglo XX existe una muy sólida promoción de escritoras muy vinculadas al activismo feminista. Con la Revolución eso quedó un poco reprimido porque quizás se pensó que era suficiente con las trasformaciones que la nueva sociedad traía; sin embargo otras intelectuales como Camila Henríquez Ureña o Vicentina Antuña trasmitieron esa herencia.

 

Un mujer como Luisa Campuzano, en 1984, advertía en su “Ponencia sobre una carencia” sobre los motivos de esa insuficiencia, los cuales tenían que ver con la instauración de un canon épico en al literatura cubana. Ya en los 80 aparecen otras autoras en la literatura infantil y de ciencia ficción. La escritora Mirta Yáñez fue una de las que, desde su accionar cotidiano, pugnó por un espacio y por hacer visible la obra de otras narradoras.

 

En 1994 comenzó a realizarse con regularidad el coloquio del Programa de Estudios de la Mujer de Casa de las Américas.

 

En resumen, el aporte de las autoras me parece fundamental a pesar de la resistencia de la propia academia a trabajar la literatura desde el género, incluso de las propias literatas que no les gusta verse inmersas en estos matices como un ghetto. Aun así ellas han logrado advertir y hacer visible la presencia femenina en nuestra escritura, la cual se ha destacado por su calidad, arrojo y experimentación.

 

Escogiste este contexto de los 90 por ser cercano a ti y por la implicación que tuvo en la vida de los cubanos y cubanas. ¿Crees que se puede hablar, en cuanto a estética, de influencias o cambios en la narrativa cubana provocados por la época?


Lo que sucede es que en los 90 hay una eclosión, hay un gran número de autoras haciendo literatura de ficción. Con la poesía había pasado algo similar en la década del 80. Por eso quise poner los ojos en esta etapa.

 

Como decía Luisa en su ponencia, a pesar de las autoras dedicadas a esto no había, numéricamente hablando, una cantidad significativa de mujeres vinculadas a la literatura. Eso tiene múltiples causas de las que ya hemos hablado. A finales de los 80 con la promoción de Mirta Yáñez aparecen Aida Bahr, María Elena Llana, Ana Luz García Calzada y otras que vienen de años atrás y algunas que vivían fuera de Cuba.

 

En los 90 hay muchos más libros de mujeres que nunca antes. Se dio a conocer una generación que compartían Laidi Fernández de Juan, Ena Lucía Portela, Karla Suárez y otras, que junto a sus colegas masculinos se conocieron como “los novísimos”.

 

Un rasgo esencial de esta década es la confluencia generacional, aquí publican mujeres de varias épocas y cada una tiene su particular representación del contexto de la crisis, de cómo esta incidió en las féminas.

 

Otro aspecto relevante en esos textos fue la aparición de temas poco frecuentes como el incesto, la masturbación, la exploración del erotismo femenino, las diferentes sexualidades o inclinaciones no canónicas (mujeres masoquistas, drogadictas, que salen al espacio publico a tener una vida sexual desordenada), más allá de los prejuicios sociales.

 

Esto es un cambio interesante, a nivel estilístico hay desde lo más tradicional- con estructuras muy aristotélicas- hasta otras muy postmodernas, con mucha intertextualidad.

 

Te referías a que no hay espacios suficientes para los estudios de género. ¿Cómo se trabaja este tema desde las editoriales, publicaciones periódicas, o foros teóricos?


Eso es polémico porque este fenómeno que ya tiene 20 años ha mostrado una gran cantidad de autoras con premios nacionales e internacionales,  títulos agotados en las librerías, presencia femenina en jurados… en fin, nadie puede dudar de la calidad de las escritoras cubanas en su diversidad. Pero sí creo que de una manera mucho más solapada y menos evidente aún persiste la duda y la subvaloración de la obra producida por mujeres.

 

Creo que es algo que tiene que ver con el canon, qué es lo que se considera como bueno e interesante. Lo que le sucede a las mujeres en sus espacios privados es tan relevante como los temas épicos e ideológicos.

 

Hasta que ese canon no sea más inclusivo no serán suficientes los espacios. Incluso la academia a veces no está convencida de que el género sea una teoría genuina. Hay que rescatar muchas autoras que han aportado a la identidad nacional.

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