Elena Burke: La Dama del Feeling

Elena Burke: La Dama del Feeling
Fecha de publicación: 
7 Marzo 2013
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Al decir de Orlando Quiroga, periodista y guionista de la televisión cubana, la Señora sentimiento -como también solían llamarla- fue la voz filinera que acompañó a toda una generación en las noches habaneras.
 

Durante unos 60 años no hubo club, cabaret, teatro o programa televisivo en la Isla, donde no se escuchara su voz.
 

Desde su adolescencia sobresalió en distintos concursos de aficionados, al imitar a la argentina Libertad Lamarque, en una época donde los tangos estaban de moda.
 

Ya con unos 15 años llegó como profesional a la emisora Mil Diez, donde debutó en el espacio Ensoñación, dirigido por los músicos cubanos Adolfo Guzmán y Enrique González Mántici.
 

Un excelente momento de giro, en 1947, representó en su carrera Las Mulatas de Fuego, agrupación que integró junto a Vilma Valle y Celia Cruz, con las que viajó por primera vez a México. En esa etapa también incursiona en el cine con Tongolele.
 

Después de esta experiencia vinieron muchas otras: bailó con Litico Rodríguez en Venezuela, viajó a Jamaica, trabajó con el cuarteto de Facundo Rivero y Orlando de la Rosa, para luego presentarse en La Taberna Cubana y en el teatro Palace de Nueva York.
 

Y como si fuera poco, en 1952 se unió al cuarteto de Aida Diestro, donde interpretó temas inmemorables como Amigas junto a Moraima Secada, Omara y Haydée Portuondo.
 

Esta fue la etapa de oro de los cuartetos, formación musical que tuvo una fuerte presencia en revistas musicales de los cabarets Sans Soucí, Montmartre y Tropicana. En estos lugares, la Señora Sentimiento departió con grandes de la música internacional como Nat King Cole, Edith Piaf, Sara Vaughan, Johnny Mathis, Tony Bennet y Johnny Ray.
 

Una etapa gloriosa de Elena dentro del movimiento feeling lo constituyó el habanero Callejón de Hamel, donde junto a Omara, Moraima, Tania Castellanos, César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Ñico Rojas y toda una cohorte de reconocidos compositores y cantantes cubanos de aquellos tiempos dieron realce a la música de la isla.
 

"Siempre me gustó el trabajo de armonías vocales, procedo de esa escuela. Integré distintos tipos de agrupaciones vocales, un oficio en el que me formé durante cerca de una década", expresó en una ocasión Elena.
 

En 1958 la Dama del Feeling decide impulsar su carrera como solista, acompañada por reconocidos guitarristas y pianistas, entre ellos Froilán Amezaga, Frank Domínguez, Enriqueta Almanza y Meme Solís.
 

Su talento era tal, que un texto publicado hace algunos años recoge anécdotas y comentarios de amigos cercanos que dan fe de ello:
 

"Recuerdo que las descargas de Elena eran admirables, donde exponía una asombrosa naturalidad y coherencia al cantar. Ella no buscó un estilo, ella era un estilo al natural. Su temperamento se ponía en función de la canción que interpretaba. Tal parece que muchas de sus interpretaciones eran compuestas por ella misma. Cuando cantaba se introducía con total concentración en la melodía y el texto, de una manera tan profesional que parecía que había nacido cantando".
 

En 1962, Elena deja escuchar sus interpretaciones en el programa radial A solas contigo, primero junto a Luis García y después con Meme Solís. Dos años después representa a Cuba en el Festival de Cannes, sin contar que su rostro apareció en muchos filmes, entre ellos Llanto de luna y Nosotros la música, de Rogelio París.
 

En la década de 1960-1970 ofreció un enorme apoyo a tres de los más prometedores compositores cubanos de entonces: Juan Formell, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, además de estar siempre muy unida a los compositores Marta Valdés y Frank Domínguez.
 

Memorables son sus interpretaciones y grabaciones de clásicos de la cancionística romántica como Llanto de luna, Nostalgia, Dos gardenias, Delirio, Si me comprendieras, Tú mi rosa azul, De mis recuerdos, Mis 22 años, Te doy una canción, Lo material, Mil congojas, Aburrida, En la imaginación y Estoy aquí de pie.
 

"Desde siempre escojo la música o la letra que me hace vibrar, no le temo a nada que venga encerrado en una letra, en una excelente melodía. No me importa si no son estrenos, si ya han sido popularizados, olvidados. Me interesa sencillamente cantar lo que me gusta y nada más", aseguró Elena en el documental que le realizara Jorge Luis Sánchez en 1997, donde ella cuenta muchos secretos de su vida.
 

Sobre la gran dama, Frank Domínguez dijo: "Elena es la intérprete ideal de cualquier compositor, pues sin bien se aprende la canción, interiorizando las motivaciones del autor, hace visible la palabra, la metáfora más sutil, con una gestualidad característica, contenida y, al mismo tiempo, con una fuerza expresiva tremenda. Tiene un oído armónico increíble, y si cambia la melodía, en definitiva, la realiza con su sentimiento. Pero, si el acompañante varía en algo una nota, con su mirada de saeta, por encima del hombro, es capaz de preguntar en medio del espectáculo: ¿Qué pasó? No lee música, pero sabe exigir el acorde perfecto. Y ha levantado canciones sin tanto vigor, a partir de su versión".
 

Otro de los autores más cercanos a Elena fue Marta Valdés, quien definió a su amiga como "una de las realidades más contundentes de nuestra cancionística de todos los tiempos. Con su voz poderosa, con su descomunal sensibilidad fue sierva y señora de la canción de un siglo entero. Esta mujer, fiel y voluntariosa, sencilla, de pocas palabras, que solamente quiere cantar y cuando se nos para delante a entonar una de ellas, siempre lo hace convencida de que en aquello que está diciendo hay, por lo menos, una parte de la verdad. Todo el saber que le han dado los años vividos, se concentra en el momento de la canción. Gracias a ello ha conservado el don de la inocencia. Gracias Elena por enseñarnos el valor de cantar".
 

Tras su muerte, su hija reveló algunos secretos: "Mi madre cantaba como si de cantar dependiera su existencia, con un gozo tan profundo y contenido que entonces parecía estar sola en el mundo. Pero nunca dejó de tener en cuenta que cantaba para los demás. El público era lo primero, aunque estuviera muriéndose. Ella era un caso muy extraño, una pisciana hija de Changó, muy centrada. No permitía que nadie entrara a su cuarto. Ni siquiera yo. Le gustaban las cosas correctísimas, era muy organizada. Quería ensayar todos los días. Compraba los regalos para la familia y para las amistades un año antes de dárselos. Mi regalo de los quince lo guardaba desde que yo tenía un año. De todos sus viajes, desde que comenzó, tenía como un diario, por cada mes. Me he encontrado anotaciones como éstas: "Le presté a Moraima (Secada) siete arreglos (musicales). Fulano me debe 3.10"; incluso cosas simpáticas: "No me dieron el pollo esta semana". En una libreta bellísima del año 1943 hay autógrafos de Celia Cruz, Julio Gutiérrez, Orlando de la Rosa. Hasta me encontré una lista de sus maridos".
 

Esta es Elena, la reina del feeling, la inolvidable cantante cubana.

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