El Club Antiglobalista: Cuando Soros se confesó culpable ante el mundo

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El Club Antiglobalista: Cuando Soros se confesó culpable ante el mundo
Fecha de publicación: 
15 Octubre 2020
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George Soros

El millonario se acomoda en su sillón, las cámaras lo enfocan, nada revela en su rostro un gesto de maldad, ni de encono. Con placidez, responde a las preguntas del periodista: “-¿usted participó en el saqueo de las fortunas de los judíos en Hungría durante la ocupación nazi?”, “-sí, y no me arrepiento, otros también hubieran hecho lo mismo, es como en el mercado, si tú no sacas ganancias, alguien más se aprovecha por ti”.

 George Soros reconoce ante la prensa además que está consciente de haber practicado actos inmorales y se ríe cuando el periodista le refiere el estado de ruindad en que quedaron economías de países enteros, a causa especulaciones financieras que realizara el magnate.

Pareciéramos estar ante un ser de otra raza, pero no, Soros es real, vive entre nosotros y representa a una casta que funciona tras bambalinas.

Esta entrevista puede accederse en la red social Youtube, es un recorrido por toda la vida del millonario, desde los oscuros orígenes de su fortuna, expropiando a sus propios hermanos de religión los judíos en favor de los nazis, hasta las más recientes operaciones divisionistas y de ingeniería social.

Quien haya leído El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, conoce la frase divide et impera, practicada por los grandes poderes a lo largo de la historia, para aprovecharse de la debilidad humana. En eso, y no otra cosa, consiste Soros a través de su supuesta filantropía en la Open Society Foundations (OSF), con razón llamada el mayor tanque pensante del neoliberalismo financiero.

Pero, como dice el analista Alfredo Jalife, Soros no es solo él porque de hecho no se manda, ya que buena parte de los fondos que usa son donaciones de fortunas mucho mayores que la suya y a cuyos intereses de clase él responde.

Para mayor comprensión de cómo opera la agenda globalista a través de la OSF, debemos analizar el papel de los dueños de la banca mundial, los poco mencionados pero ultra poderosos Rothschild, una familia judía cuyo poder se remonta ancestralmente y que está vinculada con las casas reales, los gobiernos, los acontecimientos definitivos.

 Según acota Jalife, la primera gran victoria de los Rothschild se dio en la batalla de Waterloo, que marcó el inicio de la Pax Británica y del ascenso del capital financiero por encima del industrial en Occidente. Esta familia obtuvo el control de la City londinense pagando los ejércitos en la contienda y mediante la especulación. Dueños de la prensa, demoraron la publicación de los resultados de la batalla, dando a entender que Inglaterra había perdido, que era un dato falso pero hacía que cayera el valor de las acciones, las cuales compraron a precios irrisorios para luego, ya conocido el triunfo británico, venderlas a niveles astronómicos.

Desde entonces, el capital especulativo ha estado presente en la mayoría de las guerras que se realizan en torno a la posesión de los recursos, ya que es consustancial al sistema de rapiña, que no produce, pero que mueve los hilos del panorama bancario, determinando el precio de la vida en la Tierra.

George Soros, con su fundación, fragua la voluntad de los Rothschild mediante los mismos procederes de hace siglos: dividir, confrontar y sacarle jugo a la contienda.
 

El capital de rapiña y el nuevo orden mundial

 Para especular existen dos mecanismos esenciales, que deberán conducir hacia el lavado de dinero y la evasión de impuestos: el primero es el paraíso fiscal, el segundo, las fundaciones filantrópicas.

Todo es parte del mismo juego, que multiplica por un millón las ganancias de estos magnates, solo a base de transacciones y apuestas, como mismo funciona un casino. En realidad el mundo para ellos es una mesa donde se apuesta constantemente mientras las acciones suben y bajan, no en cuanto a su utilidad real, sino por un interés artificioso de mercado. Sacar al sistema de ese juego, sería derribarlo.

A la vez, la constante especulación se hace sobre la base de una expansividad continuada del capitalismo o sea que hay que crecer, hallar nuevos pozos de petróleo, talar arboledas, extraer recursos, para que la bolsa tenga con qué sustentar las expectativas de quienes apuestan.

Sucede que, mientras el financismo aumenta en razón exponencial hacia el infinito (se basa en acciones o sea algo que no existe), los recursos reales sí tienen fecha de caducidad y con ellos toda la mentira de la bolsa.

Los globalistas que controlan las finanzas lo tienen todo bien pensado y, mientras resguardan el grueso de su capital en paraísos fiscales donde no pagan impuestos, invierten parte de ese mismo dinero en organizaciones supuestamente filantrópicas, cuyo fin real es un nuevo orden, una civilización a la manera de los millonarios, que garantice que, una vez terminada la expansión sobre los recursos del planeta, sigan mandando los mismos de siempre, mientras el resto sobra.

Para lograr esto último arrodillan a las naciones, mediante el mismo sistema financiero, comprando en la bolsa las acciones concernientes a la deuda de cada país. Soros por ejemplo ya es el dueño de toda Argentina y es quien renegocia y maneja lo referente al débito del gobierno. Ese mismo mecanismo de dominio ya lo aplican a otros países del área, ¿la razón?, América es el continente más homogéneo del mundo, donde valerse de un cambio civilizatorio es relativamente fácil, ya que las influencias se dan por ósmosis de una frontera a otra.

Por otro lado, la élite necesita controlar el boom de natalidad histórico que caracteriza a la región, y lo hace mediante el manejo de políticas públicas de los propios gobiernos. El nuevo orden mundial no es una conspiración de alienígenas, ni de reptilianos, no es un filme de Hollywood, sino la realidad que ya está siendo predicha por la misma élite en el Foro Mundial de Davos: el viejo sistema se muere y los mismos de siempre inventan otro nuevo para mantenerse en el poder.

A esto, conocido como cuarta revolución industrial, le corresponde un capitalismo de parte interesadas y una sociedad abierta, filosofías económica y política respectivamente que sancionan al régimen y lo validan como vía para solucionar los problemas de actual capitalismo.

¿Acaso seremos tan ingenuos de creer que la misma casta que ha generado este mundo desigual vendrá a hacernos justicia? Una mirada a las metas del Fondo de Población de Naciones Unidas nos arroja cuán fuertes son los dogmas de la agenda globalista y cómo calan en los organismos internacionales: uno de los problemas ahí reseñados es el crecimiento de la población. ¿Por qué?, pues el capitalismo de partes interesadas no dará empleo a todos, ya que se basa en el uso de tecnologías convergentes que hacen inútil al humano. Por ello, Klaus Schwab, el ideólogo de Davos por excelencia, impulsa un “cambio civilizatorio”, donde dejemos detrás nuestra condición actual, para convertirnos en algo que puede incluso negarnos.

Interesante que uno de los proyectos de tal propuesta sea la apertura de la mente, como un computador, de manera que desaparezcan la intimidad y el secreto, a la vez que se torna predecible toda acción y pensamiento. El transhumanismo es la fase superior de las políticas antinatalistas que hoy el gran capital presiona por expandir, o sea negarnos como humanos para podernos exterminar.

El nuevo orden no será posible con casi 10 mil millones, por ende, hay esfuerzos enormes por una reducción rápida de la cifra, cuyo mayor peligro sería el de una revolución en un mundo sin comida, empleo, clase media, esperanza de vida. Así de cruda es la verdad.

El eje del mal

Mucho se escribe sobre el Estado Profundo, pero poco se sabe. De hecho, quienes acuden a las reuniones del Club Bilderberg ni siquiera son los verdaderos amos del mundo, sino meros representantes, el encuentro real acontece entre bambalinas. ¿Quiénes integran ese grupo del terror? Personalidades de Occidente que se mueven en torno a organismos como: el Council of Foreign Relations, el Comité de los 300, la Mesa Redonda y el Club de Roma. La mayoría de los jefes de Estado más importantes pertenecieron a estos organismos privados, cuyas reuniones se hacen en base a cómo se gobierna el sistema y hacia dónde se deberá ir.

Este es el Estado Profundo, el que financia campañas, pone y quita presidentes, derriba monarquías, fabrica revoluciones. La base del trabajo de estos organismos es generar lo que ellos llaman el “caos controlado”, filosofía económica que es el motor del neoliberalismo y que ha puesto en práctica sobre todo Soros, a través de su Fundación Quantum.

Eso mismo aconteció en los Estados Unidos durante la guerra civil, cuando los Rothschild financiaron a través de sus sucursales en Londres y París al norte y al sur a la vez. Es la vieja táctica del río revuelto y la ganancia de pescadores. De tal manera el conflicto bélico es el motor del sistema, lo que lo hace sobrevivir, actuando de control demográfico, regulador de precios y mercados, oportunidad para el márketing y el lobby político.

 Las dos conflagraciones universales condujeron, de hecho, al sistema de Bretton Woods, que consolidó el poder unificado de la banca y por ende el verdadero gobierno mundial.

Nada acontece sin que escape al ojo avizor de esta élite, cuyos intereses se heredan de una generación a otra y que tiene la firme creencia de que ellos son superiores a la media de la humanidad.

Bástenos señalar que, junto a los Rothschild que financian toda la actividad de traspaso civilizatorio en materia de derechos humanos, están los Rockefeller, quienes desde hace décadas se adueñaron de la mal llamada izquierda norteamericana e impulsan en los Estados Unidos el capitalismo de bases interesadas incluso bajo el slogan de una “transición al socialismo”.

Quien lea la novela 1984 de Orwell recordará que en esa sociedad distópica por naturaleza no se hablaba de mercado, sino precisamente del IngSoc, o socialismo inglés, la ideología del Partido. Lejos de los sueños de igualdad y justicia de Marx, Engels, Lenin, los implementadores de la anti utopía usan la etiqueta socialista, para imponer un duro dominio del Estado, la pesadilla totalitaria más horrenda jamás vista, a la cual pareciera que nos llevan ahora en la práctica.
 

No estamos Soros

Soros termina su entrevista dándole la mano al anfitrión, todo estuvo pactado, se sabía de antemano que el magnate era un ladrón y un especulador, un ser sin humanismo. La sonrisa en el rostro y el traje impoluto nos hablan de un sistema casi perfecto, tanto que pareciera una maquinaria devoradora. El multimillonario financista ha dicho todo lo que hace o buena parte, se confesó, pero no pidió disculpas. Así es el capital.
 

La entrevista sigue expuesta en You Tube y, aun así, muchos, demasiados, continúan creyendo en Soros, a la sombra de la Open Society.

 

 

Comentarios

Soros el solo es un estafador de mafia
javierhdez2.capri171@gmail.com

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