Mr. Rubio y el anticubanismo retórico
El Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, habla con la prensa tras una reunión de Ministros de Relaciones Exteriores del G7 antes de su partida en el aeropuerto de Bourget en Le Bourget, cerca de París, el 27 de marzo de 2026.
Este fin de mes de marzo del 2026, ha sido de especial interés la retórica anticubana de parte del Jefe Trump y su servidor para temas internacionales, Mr. Rubio. En medio de eventos que en rigor tenían poco o nada que ver con Cuba, ambos personajes vociferaron como siempre, una sarta de amenazas, algunas veladas, con suficiente ambigüedad como para ser interpretadas, según el visor ideológico conque se mire, y que pueden resumirse en varias conclusiones.
Una primera más evidente es que ambos, el mandatario y en segundo plano apenas repitiendo lo mismo, Mr. Rubio, habían prometido a sus fervientes seguidores anticubanos que después de “resolver expeditamente el asunto Irán”, vendrían contra Cuba.
La promesa hasta contaba con un plazo, partiendo del día que iniciaron los ataques contra Irán, el 28 de febrero, “guerrita” que en un Te Party en Mar e Lago, calcularon que duraría con mucho, 15 días. Es decir, a la altura del 16 de marzo ya debía esperarse un cambio “al estilo Venezuela” en La Habana, cualquier cosa que ello signifique.
Los hechos evidentemente han sido otros, no solo que Irán está aún repeliendo el ataque, sino que incluso, el debate cambió de horizonte y ahora se discute si ya se puede hablar de una derrota, de alcance estratégico, de la colación del Estado Epstein, como algunos le denominan a la suma de Trump más el sionismo, ya se sabe por qué.
En pocas y obvias palabras, el plazo no se cumplió tanto por la capacidad de resistencia de Cuba, como el heroico comportamiento de los iraníes, cuyos lideres oportunamente aclararon que su lucha no solo era por su país, sino por todos los pueblos amenazados por el imperio; y bueno todo permite razonar que es exactamente así.
Otra consideración que salta a la vista, asociada a la anterior y a la aplastante realidad, es que una vez navegando constantemente entre la fanfarronería y la no realidad virtual, pues al Jefe Trump no le ha quedado más remedio que proferir supuestos victoriosos sobre sus acciones, celebrar derrotas aplastantes a quien se le opone, calendarizándolas y posponiendo los plazos, siempre bajo la presión de que cada minuto que se prolonga el conflicto, es caída porcentual del apoyo nacional e internacional, al conflicto y a su figura.
Y no se trata de algo coyuntural; cualquiera sabe que en una guerra puede haber perdedores o ganadores, que no estaban en las previsiones; pero el rol de Trump, para eso lo eligieron entre otras cosas, es para hacer ver al mundo, que, aunque ya prácticamente no queden muchas razones objetivas para mantener la otrora hegemonía geopolítica estadounidense, hay que aparentar lo contrario.
En cuanto a Mr. Rubio, solo recordar lo ya sabido. Lograr que Trump anuncie que “Cuba es la próxima”, en medio de una narrativa sobre la inminente debacle del “régimen de Irán”, es sin dudas un extraordinario logro de apariencias. No es cualquier cosa, solo póngase en el lugar del secretario de Estado, quien ha sido mandatado para que aproveche el momento y acabe con la Revolución cubana. Y el asunto es que el momento se complejiza, se antoja cada vez más adverso para esas aspiraciones.
Trump evita ser claro en sus amenazas, o en anunciar cuales son sus planes contra Cuba. Es cierto que de alguna manera es como su estilo propio, diseñado para incidir a su favor en una negociación, lo cual es paradojal porque entonces, qué sentido tiene presumir de que cuando quiera puede invadir a su vecino isleño, si lo mueve un espíritu negociador, que como se sabe es otra de las opciones que la Casa Blanca ha manejada hacia Cuba.
En este vaivén, Washington solo ha mantenido un aspecto inamovible, esgrimido como especie de pretexto para intervenir, es decir, que Cuba es un estado fallido, a punto de colapsar dice el inquilino de la Casa Blanca, sin entrar en tantos “detalles aburridos”, debe pensar. Mr. Rubio le acompaña culpando a las autoridades cubanas de los efectos de las propias medidas crueles que ellos aplican. A ello responde el canciller cubano: “No se necesita una agresión asimétrica, abusiva y despiadada como esta, contra un gobierno que se considera incompetente”. Pura lógica.
Volviendo a los eventos mencionados en particular, tanto Trump como Mr. Rubio, aludieron tangencialmente a los planes para traer “la prosperidad a Cuba” y demás hierbas. Veamos.
El viernes 27 de marzo, en Miami, se celebró una de las ediciones Future Investment Initiative (FII) Priority Summit 2026, evento donde un grupo de multimillonarios o mejor dicho de representantes de estos, se reúnen para debatir las mejores opciones de inversión. La primera edición de esta reunión fue en Arabia Saudita, cuando allí se podían hacer eventos por supuesto, y tuvo de provisorio que respondía al esquema, al parecer ahora superado, de generar inversiones en EEUU y resto del primer mundo, a costa de la riqueza petrolera convertida en petrodólares.
En ese contexto, el Jefe Trump aseguró por enésima vez el futuro inmediato de los cubanos, al parecer porque gusta de acomodar sus dichos según el auditorio, donde se afirma que había ilustres oligarcas de origen cubano, y no tan ricos, también de apellidos cubanos, todos embarcados en la industria de la contrarrevolución con métodos mafiosos.
Hay que decir que la frase “Cuba sigue”, da para cualquier tipo de especulación, como se comentó más arriba. Puede verse como una virtual declaración de tufillo bélico, hasta otra artimaña, para arrastrar a las autoridades cubanas a algún tipo de concesión gratuita y siempre, mantener la presión psicológica sobre los cubanos. En el caso de Trump, cualquier variante es posible, es la más elemental de las consideraciones.
El mismo día 27, con huso horario diferente, el secretario de la diplomacia estadounidense, actuaba en una reunión extraordinaria de ministros de Exteriores del G7, en la Abadía de VauxdeCernay, cerca de París; aquí Mr. Rubio intentó convencer a los “aliados”, sobre la legitimidad de la guerra contra Irán, insistiendo en arrastrar hacia ese conflicto a algunos de los asistentes al encuentro.
Mr. Rubio aprovechó para meter entre col y col, su agenda personal anticubana. No ha trascendido lo suficiente las respuestas que allí le dieron al enviado de la mafia cubano americana. Sin embargo, se supo que no fue aceptada sus explicaciones para justificar la tremenda crueldad, con que se están comportando contra los cubanos; por el contrario, los presentes mantuvieron su tradicional postura de rechazo al bloqueo.
Así que, a propósito de relatos, retoricas y dichos mentirosos, pues Mr. Rubio no tuvo mejor ocurrencia que explicar después a los medios que le interpelaron, que el problema con Cuba es que quiere petróleo gratis, razón por la que había que bloquearla energéticamente. Si alguien pensaba que la imbecilidad no tiene límites, pues tiene toda la razón, Mr. Rubio lo acaba de demostrar, quizás sin interesarle o sin percatarse de ello. No satisfecho con lo dicho, admitió que el propósito de EEUU, con este proceder, era lograr un cambio de régimen en Cuba.
No está claro las repercusiones de estos desatinos en la opinión publica estadounidense, que es muy seguro que los rechaza, sino también en el propio Trump, obstinado por asegurar, sobre todo a su base MAGA, que no buscan cambio de gobiernos ni aquí ni el planeta Plutonio, en caso decidan invadirlos por aquello de que tiene petróleo o algo así.
Para ayudar a Mr. Rubio, solo podría explicarse que al parecer reaccionaba ya bastante obstinado por tantos fracasos por minuto, hasta cierto punto acorralado por las circunstancias. Recuérdese, no convenció a los “aliados” de unirse al asesinato gratuito de iraníes, ni siquiera de que ayuden a proteger a los sionistas, y para colmo al parecer le cambian el tema, cuando empezó con su parafernalia anticubana.
Esto no es cualquier cosa; Mr. Rubio puede estimar que sin suficiente aislamiento contra Cuba, cualquier intensificación de la agresión, incluso ya como está planteada, conduce por el contrario a un mayor aislamiento multiplicado de EEUU, justo lo que tiene que evitar cualquier cancillería.
Y el asunto no es que a los gobernantes estadounidenses les interese o no eso, prepotencia mediante, no es tan así, porque por ejemplo, en virtud del nivel de rechazo que ahora enfrentan, es que se han quedado eventualmente solos en su guerra contra Irán, país al que habían logrado estigmatizar, sancionar, aislar, valga la redundancia. Y como se ha dicho, esto de quedarse prácticamente solos, ocurre por primera vez al menos desde la guerra en Vietnam, y ya se sabe como les fue.
Y Cuba, está muy lejos de esa situación. Comparada por algunos con una Gaza sin bombas, podría afirmarse que pocas veces en la historia del diferendo entre Cuba y EEUU, algunas de sus tantas felonías contra la nación caribeña, como esta del bloqueo energético, había concitado tanto rechazo internacional, desde los pueblos, hasta la mayoría aplastante de los gobiernos mundiales.
En todo caso Mr. Rubio, responsable de la política internacional trumpista, es inequívocamente el principal responsable de la debacle en el que han metido a los EEUU, en el orden internacional. Si, Trump desde luego es el jefe, pero Mr. Rubio tiene suficiente poder burocrático para haber incidido en otra forma de actuar. Esta embarcado, en pocas palabras.
No debería subestimarse el valor político y concreto del entorno diplomático e internacional. Ciertamente las autoridades en Washington pueden creer que estar sentados en una “montaña” de metralla asesina es suficiente para imponerse. Pero no funciona así.
Y este matiz no es fruto de un enfoque contrario a Trump y compañía. No, hasta el periodista Tucker Carlson, uno de los ideólogos del trumpismo/MAGA admite que sin negociación, sin diplomacia, solo queda el poderío armamentístico, recordando que con Trump parecía funcionar hasta que bueno, los iraníes le pararon el carro, como se dice.
Estrechamente asociado a lo anterior, el gobierno Trump ahora carga con otra extraordinaria derrota, es decir, haber perdido la iniciativa comunicacional. Tanto se divorció de lo que acontece, que si alguna vez tuvieron credibilidad, o capacidad de influir política e ideológicamente en el mundo, todo eso se va evaporando al ritmo de la guerra en el Golfo.
A lo anterior se suma el rechazo extraordinario de crecientes segmentos de la población estadounidense, movilizada en sumas que se calculan en más de 8 millones de manifestantes en las manifestaciones “No rey”, es decir, No Trump, del pasado 28 de marzo, al otro día de los eventos aquí aludidos. Y esto es otra importantísima consideración que se evidencia al culminar este atribulado mes de marzo del 2026.
Respecto a Cuba, nada se puede desestimar y como mínimo continuar la preparación para enfrentar lo peor, es decir un ataque armado de algún tipo. Ciertamente el panorama se presenta como más difícil para esa opción bélica que por ejemplo, tras el artero ataque a Venezuela. De todas formas, todavía no está suficientemente claro como Trump saldrá del atolladero en Irán ni tampoco cuando; y el reloj sigue su curso inexorable, aún lejano, unos 7 meses, el convite electoral de medio tiempo, el segundo martes de noviembre próximo cuando, aseguran los que saben, el poder trumpista quedará seriamente dañado.
En definitiva, especular sobre los planes enemigos contra Cuba solo les sirve a ellos; algunos con paladar seco exigen transparencia, que las autoridades cubanas aclaren, subestimando la importancia de la denuncia oportuna y precisa, y también del silencio prudente.
La historia del heroísmo cubano lo dice todo, y nunca necesitó de espectáculos mediáticos o debates en redes sociales digitales; en definitiva, los que pelearon con el Che en Bolivia no salían en los programas de televisión de la época, los que cayeron defendiendo los derechos soberanos de África, en Angola o Etiopía, es probable que ni siquiera hablaran alguna vez ante un micrófono y más recientemente, los 32 compañeros que murieron en Caracas, el 3 de enero pasado, lo hacían todo bajo la máxima martiana de que “en silencio ha tenido que ser”.
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