De “asere” a “bajichupa” en el Diccionario de la lengua española

La vigesimocuarta edición de la obra académica incorpora voces del habla cotidiana cubana y que forman parte de la identidad lingüística de la Isla: “asere”, “bajichupa”, “cocotaxi” y “agromercado”.
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Cubana con bajichupa junto a un cocotaxi al borde del Malecón habanero

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Hay palabras que cuentan una historia sin necesidad de explicar demasiado. “Asere” es una de ellas. Basta pronunciarla para que muchos identifiquen una manera de saludarse, una familiaridad y hasta una forma de reconocerse como cubanos. Ahora, esa voz, junto con otras expresiones nacidas o arraigadas en el habla de la Isla, encuentra espacio en la nueva edición del Diccionario de la lengua española (DLE).

Presentada el 30 de octubre de 2026 por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), la vigesimocuarta edición incorpora cuatro voces identificadas con Cuba: “asere”, “bajichupa”, “cocotaxi” y “agromercado”. Más que palabras que pudieran resultar pintorescas,  se trata también de un reconocimiento de la capacidad del español cubano para producir expresiones propias y enriquecer el patrimonio común del idioma.

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Edición número 24 del Diccionario de la Lengua Española.

Edición número 24 del Diccionario de la Lengua Española. Foto: Europa Press / Getty Images

Palabras con sello cubano

Cada una de las palabras incluidas en la nueva entrega del citado Diccionario pudiera significar una pequeña ventana a la vida cotidiana de la Isla. “Asere” designa a una persona con quien se mantiene una amistad muy cercana, pero también funciona como apelativo para dirigirse a alguien en tono de confianza. Se trata de una expresión nacida de la oralidad y multiplicada en los más variados contextos, desde un espacio académico hasta una cola para el pan.

En cuanto a la grafía de ese vocablo, aunque durante años se han utilizado tanto “asere” como “acere”, los especialistas recomiendan la primera, por ser la más frecuente.

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Pancarta con la expresión Asere ¿qué bolá?

Imagen ilustrativa: tomada de cubaplusmagazine.com

Más sorprendente para algunos puede resultar la palabra “bajichupa”. El diccionario la describe como una prenda femenina, generalmente ajustada, que deja los hombros al descubierto, cubre el pecho y puede llegar hasta la cintura. 

Aunque el diccionario solo precisa lo dicho, no es secreto para ningún cubano que el vocablo también incluye una significación paralela, con cierto sesgo machista por lo fácil que plantea el asunto, en solo dos pasos y como si se tratara de un simple dulce a degustar.

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Torso de mujer con bajichupa

Foto: Pinterest

También entra “cocotaxi”, ese vehículo de tres ruedas, con motor y carrocería semicircular que recuerda la forma de un coco.

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Cocotaxi circulando por el malecón habanero

Foto: Gabriel Bermejo

La cuarta voz es “agromercado”, denominación habitual para los establecimientos donde se concentran puestos de venta de productos agrícolas. Puede parecer una palabra corriente para quien vive en Cuba, pero su registro permite identificar con mayor precisión una realidad comercial que no siempre encuentra equivalencia exacta en otras variedades del español.

¿Por qué esas y no otras palabras?

El procedimiento seguido por la Academia Cubana de la Lengua para la selección no fue mediante una encuesta sobre las palabras que utilizan actualmente los cubanos, ni a partir de la observación directa de las transformaciones más recientes del habla.

Se siguió un procedimiento de documentación lexicográfica que puede favorecer palabras con una trayectoria escrita suficientemente acreditada, aunque no sean necesariamente las más novedosas o representativas de la realidad cotidiana actual.

Parece ser que es por eso que la palabra cocotaxi, por ejemplo, pudiera percibirse hoy algo desactualizada por tratarse de un vehículo que usualmente funciona con gasolina, esa que precisamente está prácticamente ausente del panorama nacional.

En su lugar, han reemergido con fuerza los bicitaxi –vocablo que no es privativo de Cuba- y a la par, los "riquimbili", sobre los que sí parece que tenemos derecho de autor, al menos en el vocablo, que tampoco es nuevo.

Fue el 29 de junio de 2025 cuando la Academia Cubana de la Lengua anunció públicamente que había concluido una investigación destinada a seleccionar cien cubanismos para proponerlos a la nueva edición del DLE.

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Portada de publicación de la Academia Cubana de la Lengua

Imagen: captura de pantalla /YouTube

El profesor Alexander Puente, de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, explicó entonces que 
el punto de partida fue el Diccionario de americanismos de la ASALE, específicamente las palabras identificadas como de uso exclusivo en Cuba.

Después se verificó y documentó cada término. Los que no pudieron acreditarse mediante documentación suficiente fueron descartados y se buscaron otros candidatos.

Por su parte, la profesora del Departamento de Estudios Lingüísticos y Literarios de la Universidad de La Habana, Lydia Castro, participante en el proyecto, dio a conocer que se exigieron al menos tres ejemplos de uso de cada palabra en textos escritos de diferentes épocas.

Para ello, priorizaron fuentes editoriales, fundamentalmente prensa y literatura. En cambio, se excluyeron los blogs y los registros exclusivamente orales, así como determinadas citas con errores o contenido polémico.

Hay una diferencia importante entre demostrar que una palabra pertenece al español de Cuba y demostrar que representa el habla actual de los cubanos. La primera puede acreditarse mediante documentos de distintas décadas; la segunda exige investigaciones de actualidad, encuestas, observación del habla y análisis de frecuencia, entre otros requisitos. 

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Cubanos conversando en el Parque Central

Foto: tomada de onlinetours.es

Por tanto, no parece sencillo que los vocablos incluidos como novedad en un diccionario coincidan temporalmente con los que hoy se abren paso en el habla cotidiana.

Y Cuba ha experimentado en los últimos años cambios económicos, tecnológicos y sociales que han generado nuevas realidades y, con ellas, nuevas maneras de nombrarlas. 

Un diccionario que también cambia 

Las novedades cubanas forman parte de una renovación mucho más amplia. La 24.ª edición contiene 99 990 artículos y cerca de 209 000 acepciones, y es la primera concebida originalmente en formato digital: por primera vez, la edición impresa se confeccionó a partir de la versión electrónica y no al contrario.

Pero la transformación no es solamente tecnológica. Una de las modificaciones más importantes consiste en ordenar los significados de cada palabra atendiendo a su frecuencia de uso y a las relaciones que mantienen entre sí. También se desarrollaron las formas femeninas en los encabezamientos, en lugar de limitarse a indicar la terminación correspondiente.

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Diccionario de la lengua española, de la RAE

Foto: tomada de facebook

En el plano geográfico, el cambio de las marcas de uso permite identificar con mayor exactitud dónde se emplea cada expresión. La obra registra 20 672 acepciones con alguna marca correspondiente a países americanos, una cifra que da cuenta de cuán amplia es la diversidad léxica incorporada.

Entre las más de 6.000 entradas nuevas en general, aparecen “inteligencia artificial generativa”, “ciberseguridad”, “pódcast”, “influencer”, “ecoansiedad”, “turistificación”, “gordofobia”. antiedad o basuraleza. También se incluyen acrónimos como ceo (del inglés CEO); adjetivos como edadista, trans o performativo y entre los verbos nuevos se anotaron  atrezar, esferificar o racializar. Igual se incorporaron palabras relacionadas con la gastronomía, la medicina, las ciencias y las transformaciones sociales.

La nueva edición llega, además, en un año de especial significado para la historia de la lexicografía española porque se cumplen tres siglos de la publicación, en 1726, del primer volumen del Diccionario de autoridades, antecedente histórico de la obra académica actual. 

Que “asere” figure en el Diccionario de la lengua española no significa que haya comenzado a existir ahora, ni que la Academia le conceda permiso para utilizarla. La palabra llevaba décadas circulando entre los cubanos, construyendo relaciones de cercanía y atravesando generaciones. Lo que cambia es su reconocimiento dentro de una obra que aspira a recoger el español hablado en todos sus territorios.

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Cubanos conversando y gesticulando

Foto: tomada de onlinetours.es

Y ahí reside buena parte del interés de estas incorporaciones. Porque un idioma no se construye únicamente con las palabras que aparecen en los libros, sino también con las que nacen en las calles, en los mercados, en las conversaciones familiares y en las maneras particulares que encuentra cada pueblo para nombrar su mundo.

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