¿Qué dice la ciencia de “La canción feliz” que parece haber conquistado a los bebés… y a sus padres

Foto: IStock
Que una canción, supuestamente concebida para tranquilizar a bebés, haya alcanzado unos 850 millones de reproducciones en servicios de audio en Internet, y por encima de 14 millones de visualizaciones particularmente en YouTube, es asunto que merece atención.
¿Existe en realidad una canción “mágica” para silenciar a pequeñitos llorones, o están tan desesperados los padres que apelan a cualquier recurso que les recomienden?
Hay de lo uno y de lo otro, si consideramos como “magia” el resultado de un diseño científico.

Imagen: captura de pantalla /YouTube
La protagonista del alboroto es “La canción feliz” -The Happy Song-, de la compositora británica Imogen Heap; y que diez años después de su lanzamiento, acumula esa impresionante cantidad de reproducciones.
Historia de un éxito comercial
En 2016, una marca británica de alimentación infantil, Cow & Gate, hizo el encargo para ganar visibilidad en su comunidad digital de padres.
La campaña contó con la colaboración de dos psicólogos de Goldsmiths, Universidad de Londres , y de la agencia publicitaria BETC London. La propia universidad presentó el proyecto como la primera canción creada a partir de investigaciones científicas para hacer felices a los bebés.
La expresión publicitaria fue incluso más contundente: «la primera canción científicamente probada para hacer felices a los bebés». No era una descripción inocente. Convertía un experimento psicológico y musical en una promesa muy atractiva para cualquier mamá o papá agotado por el llanto de su hijo.

Imagen: tomada de Instagram
La agencia publicitaria explicó que buscaba precisamente crear un contenido que llegara a muchas familias y fuera ampliamente compartido.
Es decir, la viralidad de la canción no fue casualidad. Aunque aclararon que luego de su aparición, no se hizo una campaña de promoción permanente, el tema, dicen, se difundió sobre todo mediante recomendaciones entre las familias de los niños.

Foto: tomada de lanacion.com.ar
Al hablar de una canción científicamente diseñada para tranquilizar a los bebés habría que distinguir entre dos alternativas que no son equivalentes: provocar alegría y detener el llanto. Y, sobre todo, es imprescindible separar los resultados de una investigación del éxito comercial de una melodía.
La psicología en el estudio de grabación
Los investigadores probaron distintas melodías, velocidades y recursos sonoros con bebés, y observaron sus expresiones faciales, movimientos, vocalizaciones y, entre otras variables, la frecuencia cardíaca. En una fase inicial, 26 bebés de seis a 12 meses escucharon ocho versiones breves; esos ensayos ayudaron a seleccionar y perfeccionar la melodía definitiva.
El resultado incorporó un ritmo enérgico, una voz femenina expresiva, sonidos de animales, estornudos, risas y sílabas explosivas como «ba» y «pa». La intención era captar la atención infantil y estimular respuestas alegres, no demostrar que una grabación pudiera calmar cualquier llanto. El propio sitio oficial de Imogen Heap explica los criterios empleados.
Las reproducciones miden popularidad, no eficacia clínica. Tampoco permiten saber cuántos bebés dejaron de llorar gracias a la canción, cuánto duró el efecto o si habrían reaccionado igual ante la voz de sus padres u otro estímulo.
La canción de Imogen Heap representa un experimento atractivo de colaboración entre ciencia y creación musical. Pero demostrar que una melodía calma de manera fiable a los bebés exigiría estudios comparativos más amplios, con criterios definidos de antemano, mediciones objetivas y resultados reproducibles en distintos niños y circunstancias.
Mientras tanto, los padres la siguen probando y pueden observar la reacción de cada pequeño, sin que esa variante sustituya el imprescindible contacto afectivo. Ah, y si el llanto es demasiado persistente o inusual, habría que encontrar su causa en lugar de confiar exclusivamente en la música.
La verdadera singularidad de “La canción feliz” está en haber convertido un experimento de psicología y música, concebido inicialmente para una campaña comercial, en un fenómeno internacional que ha sobrevivido durante una década con reproducciones y presencia en plataformas musicales de distintos continentes.

Foto ilustrativa: tomada de istockphoto.com
Porque la ciencia puede ayudar a componer una canción con mayores probabilidades de despertar alegría. Lo que todavía no puede prometer es que exista una melodía universal capaz de apagar el llanto de cualquier bebé.
Escuchar aquí The Happy Song – Imogen Heap (vídeo oficial)
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